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Boletín marista - Número 316

 

La misión marista ya no se pude reducir a los hermanos, sino que la han de realizar hermanos y laicos juntos
15/11/2007

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Durante la celebración de la Asamblea internacional de misión marista, en Mendes, del 3 al 12 de septiembre de 2007, se podía ver al hermano Claudino Falchetto entre los participantes conversando con espontaneidad con uno y con otros. Su papel como Provincial de la Provincia donde está asentada la casa de Mendes se significó al dirigir el saludo de bienvenida a los asambleístas y unas cariñosas palabras de gratitud al concluir los trabajos. En uno de los momentos de descanso pude conversar con él unos minutos.

AMEstaún. Hermano Claudino, ¿qué supuesto para la Provincia la celebración de esta Asamblea en una casa de su demarcación?
Falchetto
. En primer lugar una gran alegría de poder manifestar mi presencia y la presencia de la provincia para unirnos con todo el Instituto en Mendes. De alguna manera el centro de la Congregación se ha desplazado por unos días a Mendes. La Asamblea no ha empezado el día dos de septiembre, la Asamblea ha empezado hace dos años, cuando se lanzó la idea y todas las Provincias del mundo y todos los Distritos se pusieron en marcha para preparar, a nivel local y a nivel provincial, lo que ahora celebramos a nivel internacional en Mendes.

Esa es una preparación de tipo espiritual, de reflexión, de compartir experiencias; pero, aquí os ha tocado recibir a los asambleístas, que junto con el personal de apoyo es un centenar largo. ¿Qué ha supuesto para la Provincia, desde el punto de vista de la preparación material, el que este encuentro internacional se celebre en Mendes?
Los que aquí están pueden percibir a través de los signos, a través de los materiales, a través de la ornamentación, a través de todo lo que se puede ver, lo que ha significado tener todo a punto. Detrás de todo esto está la organización de un grupo, que fue aprobado por el Consejo general, con miembros de mi Provincia, que se han puesto de acuerdo para preparar toda la infraestructura; es decir, preparar la casa, preparar los ambientes, traer materiales un poco de todas partes, y, sobre todo, articularse con los empleados y los funcionarios de la casa para que todo se pudiera realizar con plena satisfacción.

Hay un grupo de personas que están aquí en la casa atendiendo habitualmente, pero ha venido también un equipo de hermanos y de laicos para apoyar los trabajos de la Asamblea. ¿Cuántos son?
Sí, claro. La casa tiene sus funcionarios estables, pero ha venido un grupo para ayudar temporalmente. En la Provincia conformamos un equipo de unas quince personas de primera línea, hermanos y laicos para apoyar la realización.

Estamos casi terminando la Asamblea. Todo se ha desarrollado según los planes previstos y con gran satisfacción. ¿Cómo has visto este grupo internacional?
Todos están muy satisfechos, tanto hermanos como laicos. No he escuchado ninguna queja, ningún lamento. Dios nos ha bendecido con el tiempo muy bueno, con el ambiente, con la temperatura, con la rica naturaleza, con tanta vegetación, tanta vida, pájaros... Todo esto forma parte también del encuentro. Por mi parte lo veo como una bendición, como una gracia de Dios para mi persona y para estas personas que están trabajando. He escuchado a distintos laicos y hermanos de la Provincia, que están trabajando, y ellos consideran también como un privilegio poder estar aquí participar y escuchar y hacer la experiencia de este encuentro internacional marista.

En los trabajos realizados ya se están entreviendo líneas de futuro, que todavía no están muy concretas, pero que seguramente ya han suscitado en ti algunas esperanzas. ¿Cuáles son las intuiciones de futuro que surgen de esta asamblea.
Yo tengo por lo menos dos certezas y luego muchas intuiciones, muchas líneas, muchos sueños. La primera certeza es que la centralidad de la misión no pude ser sino Jesucristo. Eso se vio muy claro en la elaboración del mandala, en los trabajos de grupos, en el clima: Jesucristo es el centro. Pero un Jesucristo encarnado, Jesucristo que tiene rostro, que tiene cara que está ahí, en los destinatarios de nuestra misión, sobre todo en los más necesitados. Y la otra certeza es que la misión marista, de los maristas de Champagnat en el mundo, ya no se pude reducir a los hermanos, sino que la han de realizar hermanos y laicos juntos. Y los laicos, por supuesto, son mucho más numerosos que los hermanos y visibilizan la misión junto a los hermanos.
Las intuiciones están por ahí. Este trabajo conjunto, esta misión compartida, tiene muchas manifestaciones; por ejemplo, en el área de la formación hay ganas, hay deseos de que se creen estructuras de formación conjunta de hermanos y laicos y también que la espiritualidad sea compartida, que se creen comunidades mixtas, que los hermanos y los laicos unan sus fuerzas para que la misión sea más comprometida con los pobres. Por ahí van las cosas.

Brasil acaba de celebrar, hace algunos años ya, un centenario marista, el centenario de la llegada de los hermanos a este país. En los próximos años, ¿se augura otro centenario de vida marista tan fecunda como el que se ha vivido anteriormente en el Brasil?
En realidad hace ya diez años que celebramos el centenario de la llegada de los hermanos a Brasil. Los hermanos que nos precedieron construyeron un patrimonio material, cultural y espiritual envidiable en el Brasil. Hoy el Instituto marista, el nombre “marista”, la marca “marista” están presentes en todas las Provincias maristas, en todos los Estados del Brasil y los hermanos y la misión marista son reconocidos por la Iglesia y por la sociedad como una gran fuerza de animación de la vida religiosa y de la educación en el país. De ser así, ojala que el próximo centenario, que ya estamos viviendo, sea tan fecundo como el primero. Esto va a exigir de todos los hermanos y de todos los laicos mucha entrega, mucha muchos sueños, mucha dedicación y mucho trabajo.

Muchas gracias. Que María Aparecida lo haga realidad en estas tierras.

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