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Boletín marista - Número 324

 

Religiosos y laicos sellan una “nueva alianza”
10/01/2008

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En Lourdes (Francia), el fin de semana 20-21 de octubre de 2007, convocados por la Conferencia Episcopal Francesa, se reunieron más de 1.500 laicos, religiosos y religiosas pertenecientes a más de 200 carismas de la Iglesia, para reflexionar sobre el nuevo fenómeno eclesial de las “familias carismáticas”: religiosos y laicos que se reúnen en torno al carisma de un fundador para compartir su espiritualidad y misión. Nos ha parecido muy interesante compartir con vosotros un artículo del periódico católico francés La Croix relativo a este encuentro eclesial. Es bueno otear el horizonte de la Iglesia, más allá de nuestra casa marista.


La Croix de 23/10/2007 - François Vayne

Más de 200 institutos de vida consagrada han decidido trabajar en estrecha colaboración con laicos que desean nutrirse de su carisma.
Los versículos del Magníficat resuenan al acabar la misa dominical en la iglesia de Santa Bernadette, cantados a coro por 1.500 representantes de numerosas “familias espirituales” reunidas en Lourdes de 19 al 21 de octubre. Velos grises o azules, hábitos blancos o beiges se mezclan con la vestimenta colorida de laicos de todas las edades, dando a esta asamblea un aspecto original y alegre.
En esta Jornada mundial de las misiones, el cardenal Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos y presidente de la Conferencia episcopal francesa, habla de un “gran momento para la Iglesia” al referirse a esta primera reunión de laicos, religiosas y religiosos que comparten las mismas espiritualidades.
Desde las Hijas de Jesús de Kermaria a los Hospitalarios de San José, pasando por las Hermanas de la Caridad de Santa María de Angers, más de 200 institutos religiosos han optado por el futuro al participar en este encuentro organizado por los superiores mayores de Francia.

Una misma llamada, una misma misión

”Desde hace más de veinte años, se han ido tejiendo nuevas relaciones entre laicos y religiosos, deseosos de vivir juntos una misma llamada y una misma misión”, explica Jeff Tremblay, casado, miembro de la familia asuncionista. Junto con su esposa Marie-Ange, los dos se sienten felices de vivir un “acontecimiento histórico” durante estas jornadas de reflexión compartida que revelan un verdadero “arco iris de familias espirituales”. Cada vez son más los laicos de diversos estatutos (oblatos, amigos, asociados…) que caminan con los institutos religiosos o las comunidades monásticas tras los pasos de los fundadores cuyo carisma ha enriquecido la historia de la Iglesia.
De este modo, por ejemplo, los laicos asuncionistas experimentan “un espíritu de alianza” con la familia religiosa de la Asunción. “Rezamos por la beatificación de P. Emmanuel d’Alzon, nuestro fundador, y tratamos de realizar sus intuiciones en todos los aspectos cotidianos, para que venga de manera concreta el reino de Dios”, testimonia Paul Filippi, de Marseille. Hospitalario de Nuestra Señora de la Salud, fiel a la peregrinación nacional a Lourdes, él explica el deseo que existe de referencias teológicas y pastorales por parte de los laicos a quienes se han ofrecido ciclos de formación, y la perspectiva de hallar nuevas formas de comunidades locales.
Un forum laicos-religiosos acogerá próximamente a los pioneros asuncionistas de este “nuevo rostro de la Iglesia”, en Valpré, cerca de Lyon, los días 23 y 24 de noviembre. “Se trata sobre todo de encontrar un lugar de pertenencia, sin ánimo de iniciar a toda prisa un proceso de reconocimiento”, subraya el P. Jean-François Petit, asuncionista. “Primero la vida “, resume con realismo.

El peligro de instrumentalizar a los laicos

Algunos de estos laicos se comprometen como “voluntarios” junto a las comunidades religiosas, otros reciben una carta de misión de una congregación, como Luc Fresneau, a cargo de la acogida de los sin techo en una barcaza en Conflans-Sainte- Honorine (Yvelines). “¿Podrán estas cartas de misión ser entregadas un día por los propios laicos?”, es una pregunta que ha surgido en uno de los talleres del encuentro de Lourdes, llegando a las fronteras de la experiencia y poniendo en cuestión los estilos de funcionamiento heredados del pasado. “El asunto del poder es, en efecto, el punto más importante de la conversión a la que hemos sido llamados todos”, afirma Nicolas Joanne, miembro del movimiento ignaciano CVX (Comunidades de vida cristiana) y director del Espacio Bernadette de las Hermanas de la Caridad de Nevers.
En el curso de una mesa redonda animada por el P. Michel Kubler, redactor en jefe religioso de La Croix, Nicolas Joanne ha advertido del peligro de instrumentalizar a los laicos “para sostener las obras conservando el poder”. La voluntad colectiva de evitar este escollo, gracias a una verdadera coparticipación, ha quedado ampliamente afirmada en Lourdes, por ejemplo por boca de la Hermana Marie-Hélène Martin; la Superiora general de las Ursulinas ha recordado que “la santidad consiste en engendrar comunión”… Todos coinciden en hablar de oasis, de vidriera, al referirse a esta “sorpresa feliz” que constituyen las nuevas corrientes que vienen a regenerar los institutos religiosos, “en beneficio de toda la Iglesia”. Para Michel Kubler, esta asamblea de octubre habrá suscitado en numerosas congregaciones “algo de la risa de Sara al descubrir una fecundidad inesperada en su días de vejez”.

¿Y las nuevas comunidades?

“Las nuevas comunidades, a menudo fundadas por laicos que escucharon la llamada universal a la santidad lanzada por el Concilio Vaticano II, no han sido siempre acogidas con los brazos abiertos. ¿Qué va a ser de estas nuevas familias espirituales?”, se preguntaba Marie-Jo Thiel, teóloga de Estrasburgo, en una conferencia en la que fue muy aplaudida. Ella se refería a la crítica causada por una posible presencia menor de laicos en las parroquias, en las que algunos se reconocen “espiritualmente vacíos”, habiendo tantos servicios que atender.
“No existe la Iglesia por un lado, y las familias espirituales por otro”, ha insistido el cardenal Ricard con su autoridad de pastor. Y daba fin a estas jornadas de profundización declarando, no sin gravedad: “El peligro que nos acecha es la desaparición de la Iglesia. ¿Quién va a ser signo del amor de Jesucristo allí donde viven los hombres? Nosotros somos responsables del testimonio del Evangelio”.

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