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Boletín marista - Número 34

 

El hermano Giovanni Bigotto es entrevistado por el hermano Lluís Serra
14.11.2002

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CAMINOS DE SANTIDAD

El hermano Giovanni Bigotto nació en Italia. Después de 40 años en África, de los cuales 33 en Madagascar y 7 en Kenia, ha vuelto a su patria. Ha reemplazado al hermano Gabriele Andreucci, que terminó su mandato de postulador con la canonización del Fundador. Giovanni trabaja en la Administración general y se ocupa de las causas de santidad introducidas por el Instituto.

Con Juan Pablo II, las beatificaciones y canonizaciones son relativamente frecuentes, pero ¿hasta qué punto la gente se preocupa de la santidad?
Es verdad que Juan Pablo II ha canonizado y beatificado más que todos los papas que le han precedido. Quiere decirnos con ello que la santidad es posible y cercana a nosotros. Además los procesos se han simplificado, y los medios de comunicación actual acercan y hacen las relaciones más fáciles.
Pero la gente ¿se preocupa de la santidad? Frente a una masa de gente indiferente, hay millones de peregrinos que van a los santuarios de la Virgen María y a las tumbas de los santos.

Con frecuencia se dice que, con dinero, todo se consigue, incluso los santos. Según tu experiencia ¿es verdadera esta afirmación?
Es una buena pregunta, pues a menudo se oye decir: «¡Se necesita dinero para hacer un santo!». Sin duda que hace falta dinero, pues hay que hacer trabajar a especialistas, relatores, teólogos, obispos, cardenales, y, en el caso de milagros, a una serie de médicos, de 9 a 12 especialistas según la enfermedad de que se trata o cuando se quiere un trabajo definitivo. Pero una canonización cuesta menos que cuando se trata de gastos en ladrillos y acondicionamientos, no siempre bien motivados. Añado que todas las canonizaciones o beatificaciones ricas (Padre Pío, Escribá de Balaguer, Fundadores…) deben entregar al menos el 25% de los gastos para el sostenimiento de causas pobres, caso frecuente de los santos de África. Los maristas hemos tenido una canonización en 185 años de existencia.

Tus predecesores, los hermanos Alessandro y Gabriele, que consiguieron llevar a Marcelino a la beatificación y a la canonización respectivamente, son italianos igual que tú. ¿Es conveniente que el postulador sea un italiano?
¡No! Las lenguas de trabajo aceptadas por la Congregación de los Santos son, además del italiano, el francés, el español, el inglés y el alemán. Cuando yo hice el curso de preparación para ser postulador, la mayoría de los que asistíamos al curso no eran italianos. Con todo, los italianos tienen la ventaja de la cultura local, de la lengua, de una cierta tradición en este género de trabajos.

¿Cuál es el proceso más adelantado de los maristas?
El del hermano Bernardo, martirizado en 1934. Hubiera tenido que ser beatificado este año, pero la Congregación de los Santos ha decidido no proceder a beatificaciones individuales de mártires españoles y constituir grupos. Esto explica el retraso.

La última causa abierta (el 5 de junio de 2002) es la del hermano Basilio. ¿Por qué razones?
Basilio Rueda, hermano marista mejicano, fue nuestro Superior general desde 1967 a 1985. Murió en 1996. Hemos abierto su causa porque todos los que le conocieron reconocen que fue extraordinario en lo humano y en lo espiritual, y muchos le rezan todos los días. Una razón eclesial es que fue uno de los grandes promotores de la vida religiosa según el Vaticano II. Creó un estilo. Fue también un hombre que produjo un gran impacto en toda la América Latina. Para centenares de millones de cristianos podría constituir un modelo. Sobre todo sabemos que fue realmente de nuestro tiempo por su cultura, su apertura de espíritu, su amor a nuestro mundo; su causa es la de un santo de nuestros días: nos dice que el amor a Dios puede llegar a ser una pasión actual. Murió hace sólo siete años.

El caso del hermano Henri Vergès parece claramente un martirio.
Los religiosos, religiosas, sacerdotes y obispos asesinados en Argelia fueron 19. El hermano Henri Vergès y la hermana Paul Helène abren la lista. Fueron asesinados el 8 de mayo de 1994. Los asesinos se vanagloriaban de haber matado a dos cristianos. Entre los diversos casos sucedidos en Argelia, el asesinato del hermano Henri Vergès y de la hermana Paul Helène es el que presenta mejor las características de un martirio.

¿Cuáles son los demás procesos en marcha?
Son todos grupos de mártires. El grupo del hermano Laurentino y 44 compañeros y el grupo de Crisanto y 65 cohermanos y dos laicos tienen ya su documentación depositada en la Congregación de los Santos. Esperamos que el grupo de Laurentino sea beatificado en el 2004 o 2005 juntamente con el hermano Bernardo. El grupo del hermano Eusebio y 58 más se encuentra en manos del hermano Mariano Santamaría, el vicepostulador de España. El hermano Lycarion, un hermano suizo asesinado en Barcelona el 27 de julio de 1909, durante la «Semana Trágica», tiene toda la documentación en regla y será añadida a la del grupo del hermano Eusebio.

Has estado recientemente en España. ¿Con qué fin?
Sí estuve. Estoy muy contento de la visita que hicimos a Barruelo donde se conservan los restos mortales del hermano Bernardo ; existe allí una devoción popular a este hermano, se depositan muchas flores sobre su tumba, la gente viene a arrodillarse junto al sepulcro y permanece ante él en oración. La misma impresión recibí en Torrelaguna donde, en 1936, fueron asesinados tres hermanos; sus restos reposan en la iglesia parroquial. El párroco y los fieles esperan con impaciencia su beatificación. Fuimos también a Les Avellanes que es como un santuario marista, porque muchos hermanos fueron asesinados dentro de la propiedad o en pueblos de los alrededores. En la hermosa capilla del monasterio están reunidos los restos de una treintena de hermanos y la gente viene a visitarlos y rezar ante ellos. La beatificación popular precede siempre a la oficial de Roma.

¿Por qué no se ha comenzado la causa de los hermanos asesinados en Bugobe, Congo?
Se trata de los hermanos Servando Mayor, Miguel Ángel Isla, Fernando La Fuente y Julio Rodríguez, todos españoles. Esta causa interesa mucho a España. Esperamos que las Provincias Maristas de España pidan la apertura de la causa.

Muchas causas dependen de los milagros. ¿Por qué? Y ¿qué es un milagro?
Para la beatificación de un mártir no se exige un milagro, en cambio sí se exige para la de un confesor. Para todas las canonizaciones, sean mártires o no, el Vaticano exige un milagro.
Entonces, ¿para qué los milagros? El milagro es una realidad que está presente en toda la Escritura, y en la vida misma de Jesús. Los milagros son signos de la presencia de Dios, expresan su amor. La posibilidad de un milagro es para un enfermo grave como una ventana de esperanza de la que no se le puede privar. Pero los milagros se producen, puesto que hay beatificaciones y canonizaciones. Y cada caso es examinado, en diferentes momentos, por lo menos por 9 médicos especialistas en la materia. Ningún caso pasa sin pruebas médicas sólidas. Una advertencia: sólo Dios hace milagros; los Siervos de Dios interceden ante Dios para obtenérnoslos.

¿Tú crees en los milagros? ¿Aconsejarías hacer una novena por un caso clínicamente perdido?
Ciertamente que yo creo en los milagros. Pero creo muy poco en las novenas: por regla general se hacen muy mal, sin ninguna implicación seria por parte de quienes la hacen. Hay que saber pedir a Dios y esto requiere un aprendizaje. Si yo no pido más que cuando estoy en peligro ¿qué amistad profunda tengo con Dios? Él es un Padre y no una máquina de producir milagros. Creo mucho en las novenas serias, pero éstas son raras.

¿Qué servicio prestan los santos a la sociedad y a la Iglesia?
Ante todo, los santos son una «humanidad humanizada», están llenos de respeto para los demás, viven las bienaventuranzas que son grandes factores de humanización: son mansos, sedientos de justicia, artífices de la paz, pobres de espíritu, no son egoístas ni prepotentes. Son maestros en humanidad. Con frecuencia son gente que hace mucho por los demás, por los más necesitados; basta pensar en el padre Champagnat. Pero son, sobre todo, una presencia más intensa de Dios, introducen a Dios en nuestro medio y demuestran que vale la pena amarlo, que el diálogo con él es posible, apasionante y que Él es la fuente misma de su fuerte personalidad. Esta pasión por Dios es la que responde al sentido absoluto de la vida. Un santo es un hombre revelador de sentido. Constituyen el honor de la Iglesia; son sus mejores hijos. Los santos hacen presente a Cristo hoy a través de los valores que existen en los evangelios.

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