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Boletín marista - Número 62

 

El H. Dionisio Condado, 91 años, decano de la Provincia marista de China
11.04.2003

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LA ALEGRÍA ES EL SECRETO DE VIVIR TANTOS AÑOS

H. Lluís Serra

Dionisio Condado, 91 años, nacido en Santurde (Burgos, España), pertenece a la Provincia marista de China, de la que actualmente es decano. Ha trabajado en Tianjin y en Hong Kong (China), Kobe (Japón), Singapur y Malasia. Actualmente, desde 1970, es miembro de la comunidad marista de Hong Kong y colabora en el San Francisco Javier College. Celebramos la entrevista en la sala de su comunidad. Está muy atento a mis preguntas y las responde con precisión y claridad.

¿Sabe usted que con la barba que tiene se parece realmente a un chino?
Una vez, cerca de Pekín, en 1937, en el escolasticado, fui secuestrado durante cuarenta y ocho días por unos bandidos. Al no poder afeitarme, me quedé con mi barbilla y así desde entonces. Tomaron dos capellanes y seis hermanos. Querían armas a cambio de nosotros, pero no teníamos ni dinero ni armas. Al ver que no había posibilidad de obtener nada, nos enviaron a casa. Llegamos a conversar mucho con ellos y nos hicimos amigos.

¿Temió en algún momento por su vida?
No, a pesar de que nos amenazaron varias veces, incluso con la muerte.

¿Cómo se le ocurrió venir a China?
Éramos 10 en casa, cuatro chicas y seis chicos, uno de los cuales era hermano marista. Yo también quería ir. Tras insistir, conseguí hacer sueño mi realidad a los 11 años. Cuando nos formularon la pregunta en el seminario de quien quería ir a misiones, yo me apunté y a los 12 años fui a Grugliasco, Italia, para hacer el período de formación.

¿Cuándo llegó?
Me embarqué en Génova. Fui con otros hermanos. Llegué a Shangai tras 28 días de viaje, el 22 de noviembre cuando cumplía 19 años.

Esto sí que es aventura...
Esto era para siempre. Si puedes volver, bien, pero puede que te quedes para siempre hasta la muerte.

Sus padres cómo reaccionaron?
No se opusieron. Eran buenos cristianos. Me dijeron: “Si este es tu deseo, vete”.

Su primer trabajo en China...
Dar clase. Las clases entonces se impartían en inglés, ya que se trataba de San Luis, un colegio internacional en Tianjin.

Después de tantos años en China, ¿que admira más de su gente y de su cultura?
La gente es muy amable, muy cortés, muy trabajadora, muy religiosa. Me encantan las artes chinas, como la pintura, la escultura, los templos...

¿Por qué fue a Japón?
En 1951 comenzaron una escuela en Kobe y yo formé parte del grupo que inició. Un sacerdote quería comenzar este colegio, pero como conocía a los hermanos, nos invitaron a dirigirla. Al principio, había pocos alumnos pero al poco tiempo se llenó. Estuve seis años.

Y ¿cuando vino a Hong Kong?
Después de pasar en Roma un año de espiritualidad, vine a Hong Kong donde impartí clase. Después fui maestro de novicios en Singapur, durante cuatro o cinco años. Después a Kuching, Sarawak, Malasia.

¿Qué mejores recuerdos guarda usted como educador marista?
Una de mis mayores satisfacciones es ver a mis antiguos alumnos, cómo se desenvuelven en la vida y cómo la formación recibida les permite abrirse un camino personal y profesional.

Usted ha vivido en países donde el catolicismo es minoría, ¿qué significa vivir en minoría?
Después de la II Guerra Mundial había muchas conversiones porque la gente buscaba la espiritualidad. Ahora que hay mucho dinero, la gente se aleja más fácilmente de la religión.

¿Cómo puede educar en cristiano cuando una pequeña parte es católica?
La Iglesia católica tiene prestigio y sus escuelas son muy cotizadas y valoradas por las familias. Enseñamos la Biblia en los primeros años y también enseñamos ética.

Usted ha dialogado con budistas, confucionistas, taoístas, musulmanes y gente sin religión...
Siempre me he interesado por las otras religiones, pero normalmente se observa y se respeta. Una vez pregunté a un chico si había pensado en hacerse religioso. Actualmente está en un seminario de salesianos.

¿Que es lo que más le ha ayudado a perseverar como hermano marista?
El noviciado fue muy buena experiencia, tuvimos un maestro de novicios extraordinario. Leí mucho sobre vocación. Esta impresión siempre me ha quedado. Siempre he estado muy contento con ser marista y he formado parte de comunidades muy alegres y con muy bien espíritu.

Si un joven le dijera que quiere ser como usted hermano marista, ¿qué le respondería?
Que estaría muy contento, que tendría una vida muy alegre, que serviría para la juventud y que ganaría cielo y tierra.

¿Por qué cree que hoy a los jóvenes les suele costar aceptar ser religiosos?
Convertirse es un problema ya que hay mucha diversión, lo cual les impide pensar en su vida interior.

¿Cómo ha visto evolucionar el Instituto marista desde su juventud hasta ahora?
Ha veces he oído: “!Ya se acabó todo! ¡No viviremos muchos años...!” Es mejor que te calles. Hay cambios en la Iglesia que algunos no han podido asimilar.

¿Usted ve con esperanza el futuro marista?
Estoy seguro, hay subidas y bajadas pero siempre hay algo de nuevo. Depende de nosotros.

¿Cuántos superiores generales ha conocido directamente?
Los hermanos Seán, Benito, Charles, Basilio, Charles-Raphael, Diógenes, Estratónico...

Ocho sobre 12, no está nada mal. ¿Qué puede aportar un hermano mayor al Instituto marista?
Dar buen ejemplo

Pero veo que usted toca el órgano en le parroquia, trabaja en el colegio un poquitín ayudando a fomentar la lectura entre los alumnos... Todavía se mantiene activo.
Desde que me dio un ataque en el corazón, tengo que cuidarme un poco.

¿Cómo vivió usted la canonización de san Marcelino?
Aquí lo vivimos muy bien. Hicimos una misa solemne en la catedral. En el colegio fue un momento muy especial junto con la otra escuela marista de la ciudad. Después de tantos años de hacer la novena para pedir la canonización, todos estuvimos muy contentos. Incluso, los profesores no católicos pidieron al director de colegio tener más cosas católicas ya que somos una escuela católica.

¿Qué relación tiene usted con el profesorado seglar?
Cuando encuentro a un profesor hablamos como amigos.

¿Qué representa para su vida la figura de María, la Buena Madre?
Como maristas, es verdaderamente nuestra Buena Madre, es parte de nuestra espiritualidad. En las fiestas, nos surge como algo natural hablar de la Virgen. La sentimos profundamente. Con los alumnos que quieren, durante el recreo, rezamos el rosario. Unos pocos vienen cada día y en las fiestas más. Solemos acompañarlos un par de hermanos pero son los mismos chicos que dirigen la plegaria y nuestra presencia les ayuda un poco.

Van a construir un edificio anexo de seis pisos... pero ¿quien lo financia?
El gobierno paga la edificación y a los profesores. Los chicos complementan con alguna cantidad.

Si usted naciera de nuevo, ¿volvería a ser hermano marista?
¿Por qué no? Es inútil de pensar. Soy lo que soy, nada más... Estoy contento de lo que soy y lo que hecho.

En su comunidad actual hay dos chinos, dos malayo, un alemán y usted, español. ¿Cómo se integran cuatro culturas entre seis personas
Muy fácil. Somos maristas y ésta es nuestra nacionalidad. Estamos muy contentos de nuestras comunidades y reina un espíritu excelente.

¿Siente nostalgia de volver a España?
Ya lo dejé todo complemente... Ni pensar. La última vez fue en 1983. Tengo allí una hermana, en Madrid, con 96 años. Nos comunicamos alguna vez.

¿Qué representa para usted ser el decano de la Provincia marista de China?
Un estorbo. ¿Qué importa que sea el decano? Esto no es significativo. La gente tiene buena voluntad pero que me dejen en paz.

Entonces ¿le ha molestado que le haya entrevistado a usted como decano?
No, en absoluto.

Pero ahora se va a enterar todo el mundo cuando aparezca en el Boletín marista...
Eso es lo peor. De mí que digan lo menos posible.

¿Tiene buena salud actualmente?
No es muy buena, ya que tengo que tener cuidado con el corazón, pero puede pasar. Mentalmente estoy bien, aunque a veces se va la memoria.

¿Cual es el secreto de vivir tantos años con una gran calidad de vida?
La alegría.

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