Inicio > Biblioteca > Boletín marista > Número 77 (17.06.2003)

Gracias, perdón, compromiso




Bicentenario del Instituto
2 de enero 2017

 




 



 

http://www.champagnat.org/000.php?p=432

Conectarse

Hermanos maristas

RSS YouTube FaceBook Twitter

 

Foto de hoy

Italia: Encuentro anual de los cuatro consejos generales de las ramas maristas en Nemi

Hermanos maristas - Archivo de fotos

Archivo de fotos

 

Últimas novedades

Archivo de novedades

 

Calendario marista

29 marzo

Santos: Jonás, Victoriano y Beatriz de Silva
1825: muere el Hermano Juan Pedro, primer Hermano fallecido en el Instituto
1954: primera misión marista en Zambia

Calendario marista - marzo

Boletín marista - Número 77

 

El hermano Onorino Rota ante el mundo de los jóvenes
17.06.2003

Bajar WORD

HAY UNA EDAD EN LA QUE SE ENSEÑA LO QUE SE SABE,Y OTRA EN LA QUE SE ENSEÑA LO QUE SE ES

H. Lluís Serra


Onorino Rota, 56 años, nació en Capizzone, Bergamo, Italia. Realizó su carrera universitaria en Ciencias de la Educación. Ha trabajado especialmente en la formación y en la pastoral de jóvenes. Fue miembro del equipo encargado de preparar la canonización de san Marcelino y recientemente capitular general. Actualmente, es Provincial de la Provincia de Italia.

¿No es usted un poco mayor para ir ocupándose de los jóvenes?
“Los santos y los héroes no necesitan hablar, su vida es un mensaje, su testimonio una llamada” – así escribía un autor francés – y, desde ese punto de vista cada uno de nosotros, con su estilo de vida, con su serenidad, con su manera de afrontar los problemas y el trabajo, incide en la vida de los que le rodean de manera positiva o negativa. Creo que una persona puede ayudar verdaderamente a otra únicamente cuando ha hecho una síntesis armoniosa en su propia vida y su ayuda al prójimo es un acto altruista de amor. Para alcanzar tal objetivo son necesarios muchos años y ¡no se puede asegurar que los 56 que yo tengo sean suficientes! Pero, más que los años se necesita “sabiduría”, la bíblica, la que se aprende viviendo con compromiso y profundidad. Verdaderamente hay una edad en la que se enseña lo que se sabe, y otra en la que se enseña lo que se es. Me gustaría ocuparme de los jóvenes sin subirme a la cátedra, ¡quisiera ser sencillamente un testigo! Pero debo confesarte que tengo terror de los que creen ser educadores de los jóvenes siendo “juveniles”, creyendo formarles porque hablan su lenguaje, cantan sus canciones, tienen sus gustos ...

Ante los jóvenes no hay término medio: se les critica ferozmente o se les alaba de forma desmesurada. ¿Cuál es su posición ante la cara y la cruz de los jóvenes?
En 1095 Pedro el Eremita, apóstol de la primera cruzada, daba esta descripción de los jóvenes: “El mundo atraviesa un periodo tormentoso. La juventud actual no piensa en nada más que en ella misma. Ya no tiene respeto a sus padres y a los ancianos. Los jóvenes no toleran ningún tipo de freno y hablan como si lo supieran todo. Lo que a nosotros nos parece sabio, ellos lo consideran estúpido. Las chicas, por otra parte, son insulsas, vacías, alocadas, inmodestas y no tienen dignidad en sus diálogos, vestidos o vida”. ¡Es una descripción de hace 1.000 años! Otra descripción, pero de hace 2.000 años, nos cuenta que en un juicio público mientras el juez escribía algo en la tierra comenzaron a irse todos, empezando por los más viejos (Jn 8, 6). Tenemos la manía de juzgar, hacer encuestas y análisis sobre los jóvenes, pero lo verdaderamente interesante sería confrontar jóvenes con adultos, porque frecuentemente los jóvenes son como los adultos, pero con la diferencia de que no saben fingir, no consiguen actuar con la hipocresía de los adultos, o no han aprendido todavía a hacerlo. Pero, en general, uno no se encuentra con los jóvenes, sino con un joven o una joven y Marcelino me ha enseñado a amarlos antes de clasificarlos en buenos o malos.

¿Qué complejidad presenta el fenómeno juvenil en ámbito internacional?
No solamente el fenómeno es complejo, sino que está en continua evolución. Algunos centros realizan investigaciones que duran años. Cuando han terminado de analizar los datos, los jóvenes han cambiado ya. Las mismas diferencias entre naciones son muy fuertes, aunque las comunicaciones, el turismo juvenil… hayan creado una uniformidad mayor. Un estudio reciente del CENSIS sobre los jóvenes italianos los ha fotografiado como una generación “sin padres ni maestros”, con una ruptura con el pasado y sin “mapas” para afrontar el futuro; caminan en la vida, pero sin conocer la dirección. Son los jóvenes de las emociones y sentimientos, con pertenencia de agregación (comprendida la religiosa) que no tiene incidencia en su vida. Sin embargo piden a los adultos “un suplemento de alma” para poder continuar viviendo. Me parece que nos piden lo que les deberíamos dar.

En culturas antiguas, los mayores introducían a los jóvenes mediante ritos en el mundo adulto. ¿Cómo cree que usted puede introducir a los jóvenes en el sentido de la vida?
Don Mazzi, un sacerdote que trabaja con tóxicodependientes se hace la siguiente pregunta: “¿Por qué jóvenes que tienen salud, belleza, creatividad, inteligencia, se hacen dependientes de porquerías para sentirse vivos y normales? Si los adultos no somos capaces de llenar el corazón de nuestros jóvenes con las cosas más dulces, suaves y fascinantes de la vida, ¿qué clase de adultos somos? ¿por qué nos damos el título de adultos?” Creo que este es el problema. Como te decía antes, cada uno enseña principalmente con lo que es. Y eso se hace con una comunicación global y no únicamente verbal. La capacidad de escucha, el apretón de manos, la sonrisa, el mensaje en el móvil... son modalidades que dicen ¡Eres importante para mí! Tenemos que encontrar tiempos y espacios para comunicar, para “perder tempo” con los jóvenes, para aprender a sintonizar su longitud de onda, si no lo hacemos así no comunicaremos nada. Hace unos días he escuchado hablar a un joven laico experto en “pastoral de la calle”. ¡Formidable! ¿Qué cursos había estudiado? El mismo que Marcelino cuando encontró al joven Montagne. Si el corazón arde por un ideal, la locura es el criterio de la sabiduría. Los jóvenes tienen necesidad de gente que crea en los valores y no tenga miedo de pagar en primera persona para ponerlos en práctica. La pastoral del bla, bla, bla se terminó hace bastante tiempo.

El mensaje capitular propone que hermanos y seglares avancemos juntos en la cercanía a los niños y a los jóvenes, ¿cómo podemos llevar a cabo esta tarea?
Cuando les hablo a los padres muchas veces les cuento un episodio trágico acaecido en una estación de tren de Roma. Una chica de 20 años se suicidó en los baños públicos dejando a sus padres una nota en la que había escrito con su propia sangre: “Me habéis dado cosas útiles y superfluas, pero no me habéis dado lo esencial”. Estoy convencido de que la situación de los jóvenes en muchos países es trágica, les falta lo esencial, que es una razón para vivir. Sería trágico que frente a tal emergencia no uniéramos las fuerzas para dar esperanza, transmitir razones para vivir, testimoniar la belleza de la vida y que merece la pena vivirla ... ¿Cómo cumplir esta misión? Es difícil dar una respuesta en pocas líneas, pero lo primero que se me ocurre es que la pregunta contiene un “cómo” que está de más. Es una misión que nos compete sea cuál sea el coste, no podemos perder tiempo discutiendo sobre el “cómo”. Me acuerdo espontáneamente del diaporama del Hermitage. Al mismo tiempo que se proyectan las caras de una multitud de niños y muchachos de todos los países, se oye y se lee el grito de Marcelino: “No puedo ver a un niño sin sentir el deseo de decirle que Dios lo ama”. Y, ¿piensas que ese mensaje está reservado únicamente a los hermanos maristas?, ¿Hace falta tener una reunión para definir quién y cómo debe desarrollar esa misión?

¿Cómo hablar de Dios a los jóvenes de hoy?
Los jóvenes, especialmente los actuales, aprenden por empatía y rechazan las teorías abstractas. En la Biblia Dios es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob... Para hablar a los jóvenes de Dios me parece que la indicación de Juan es fundamental: “Os anunciamos lo que hemos visto y tocado con nuestras manos”. Aquí tenemos una referencia a lo que nos pide el 20° Capítulo general: poner a Cristo en el centro de nuestras vidas. También me parece muy adecuada la indicación que nos ha dado el congreso europeo sobre las vocaciones al afirmar que únicamente se hace pastoral a través del contagio. Sí, Dios se comunica únicamente cuando, desde un corazón lleno, el contenido se desborda al exterior. Si la transmisión de la fe es nada más memoria del pasado o un museo de tradiciones que admirar (al que uno se olvida, quizás, de quitarle el polvo) no hay comunicación. Un joven tiene derecho a respirar un fe fresca, viva, concreta... una fe encarnada. Hoy los jóvenes tienen una infinidad de areópagos para aprender y una infinidad de divinidades desconocidas que descubrir. ¿Cómo podemos comunicarles la verdadera Palabra de vida? Jesús utilizó un método sencillo: ¡Venid y veréis!

¿Cómo concretaría usted la presencia de educadores maristas incluso en ambientes inexplorados?
Marcelino nos recomendaba estar entre los muchachos y ser una presencia significativa en medio de ellos. Las Constituciones (nº 21) nos piden que seamos para los jóvenes signos vivientes de la ternura del Padre. La escuela es ciertamente un lugar privilegiado, pero no exclusivo, donde puede concretarse tal objetivo. Pero, no quisiera fijarme en el lugar, la función o el trabajo que cada uno puede desarrollar. Creo que, más bien, es cuestión de corazón, ansia apostólica, pasión educativa … Cuando subimos al estrado en clase desarrollamos un rol, tenemos una función, seguimos un programa y se nos facilita el trabajo, en cierto modo (lo que no significa que se nos simplifique). Pero observando la riqueza y variedad de dotes de los que viven la misión educativa marista, me convenzo de que una mayor variedad de presencias (me refiero particularmente a Italia) tendría la ventaja de valorar los talentos que el Señor ha dado a cada persona y nos ayudaría a encontrar respuestas innovadoras y a colocarnos de manera distinta en el mismo ambiente escolar (profesores o animadores, tipo de escuela, problemas que nacerán del alargamiento del periodo de la escuela obligatoria…). Algunos recordamos el eslogan que los jóvenes usaban en las protestas de 1968: “La imaginación al poder”. Me parece que no es un eslogan que deba descartarse, aunque sea duro ponerlo en práctica.

¿Cuáles son a su parecer los retos maristas en el campo de la escuela?
El 20° Capítulo general ha aprobado el documento “Misión Educativa Marista” prácticamente por unanimidad. Las indicaciones que nos da son claras y múltiples. En Italia la Comisión Educativa ha impreso un pequeño fascículo, para entregarlo a padres y alumnos, en el que se afirma que nuestra escuela desea: educar para la vida, anunciar el Evangelio con el estilo de María, ofrecer presencia y escucha, elegir un estilo educativo basado en la sencillez, el espíritu de familia y el amor al trabajo, abrir horizontes a los jóvenes orientándolos en el campo de la solidaridad. Pienso que estos son los trazos más significativos para los que deseamos “una escuela que no sea únicamente escuela” y, en consecuencia, “una escuela que no sea neutra” sino que ofrezca un claro proyecto educativo.

¿Cómo puede concretarse la apuesta decidida por los niños y jóvenes más pobres y excluidos?
Con los pobres hay quien se ha hecho rico. Es un filón de moda. Todavía no me he encontrado con ningún Instituto religioso que haya incluido entre sus prioridades trabajar para los ricos. Todos eligen, más aún, hacen elecciones preferenciales, por los pobres. Hablamos mucho de los pobres, algunas veces hablamos con los pobres, pero nos es difícil hablar como pobres o ser la voz del pobre. Me parece que se puede decir que, incluso alguna vez, jugamos a hacer de pobres. En Italia el tipo de apostolado que desarrollamos es casi exclusivamente escolar y las leyes que regulan este tipo de actividad nos han llevado a la creación de escuelas de pago a las que no pueden acceder los pobres. Estoy convencido de que en estas escuelas hemos desarrollado un trabajo óptimo gracias al extraordinario compromiso de los hermanos. Pero no puedo dejar de sentirme interpelado por la provocación que ya el hermano Basilio Rueda nos dirigía: “Puede suceder que una Provincia desarrolle actividades que no estén de acuerdo con el carisma del Instituto, pero es absolutamente inadmisible que la mayor parte de sus obras no cumplan este criterio”. También el hermano Benito Arbués nos recordaba que nuestras obras tienen que responder a cuatro requisitos: 1) educación, 2) cristiana, 3) de jóvenes, 4) sobretodo los más abandonados. Si falta uno de estos trazos, nos falta algo esencial.

¿Qué esperan los jóvenes de nosotros?
Habría que preguntárselo a ellos. Estoy convencido que nos piden ese “suplemento de alma” que únicamente puede ofrecer quien vive la propia fe profundamente. Tienen necesidad de motivaciones fuertes para creer en la vida y comprometerse a construirla para los demás, además de para ellos mismos. Todo lo demás lo encuentran en otras partes y con mayor calidad de lo que le podemos ofrecer nosotros. Pero lo esencial únicamente nosotros se lo podemos dar. En este sentido, en mi opinión, es donde nos jugamos el futuro.

2807 visitas