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Boletín marista - Número 79

 

Hermano Donald Bisson, director espiritual
16.06.2003

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LAS HERIDAS SE PUEDEN TRANSFIGURAR EN EL ÚTERO DE NUESTRO RENACER PSÍQUICO Y DE NUESTRA TRANSFORMACIÓN.

H. Lluís Serra


El hermano Donald Bisson, 53 años, nació en Brunswick, Maine (EE.UU.). Entró en los Hermanos Maristas a los 18 años. Estudió las carreras de Psicología, Espiritualidad y Liturgia, y ha obtenido el doctorado en Dirección Espiritual. El hermano Donald ha trabajado en el campo de la formación durante 10 años, en dos épocas diferentes, pasando 12 años como profesor de religión de secundaria y orientador escolar, y ha sido capitular en el último Capítulo general. Actualmente reside en Esopus, estado de Nueva York, en donde enseña y proporciona dirección espiritual.

Si yo compartiera mis sueños con usted, como especialista en Psicología de Jung, ¿me los podría interpretar y decir qué se puede aprender de los sueños?
En realidad, sólo el propio soñador puede confirmar el significado de un sueño. El director espiritual escruta el significado del sueño por medio de preguntas abiertas que puedan descubrir el significado de los símbolos y movimientos reflejados por el sueño. El sueño siempre revela el fondo del inconsciente de la persona. Apunta a la dimensión desconocida y todavía no integrada de la psique. El sueño descubre los obstáculos potenciales, revela la realidad más profunda de nuestro ser, de la que nuestro conocimiento no es consciente. Los sueños pueden ayudarnos en la dirección espiritual a realizar el discernimiento, pueden sernos útiles en la oración, y nos recuerdan que Dios todavía nos habla en el silencio de la noche.

Parece que las personas están buscando, cada vez más, un guía para su vida espiritual… ¿Qué diferencia hay entre un director espiritual y un gurú?
En la tradición cristiana, el director espiritual es una persona normal que camina con otra para el crecimiento explícito del dirigido en su relación con Dios. El verdadero director espiritual es el Espíritu Santo. El director espiritual utiliza, junto a una adecuada preparación, el don recibido para realizar este ministerio, con el fin de aumentar su competencia y su técnica en esta misión; es un compañero de viaje en el camino espiritual. El gurú es un maestro. Es una persona que ha adquirido un cierto conocimiento y sabiduría que ofrece al discípulo o a la persona que está en búsqueda, en un modelo de relación maestro-discípulo. Esta relación es muy distinta de la utilizada por la tradición cristiana, tanto en el proceso como en el objetivo.

¿Cómo explicaría, de manera sucinta, lo que es el crecimiento humano y el desarrollo?
Jung describiría el crecimiento personal como el proceso de individuación. Esto no significa individualismo, sino llegar a ser plena y auténticamente uno mismo. A través de las distintas etapas del desarrollo humano, vamos integrando la capacidad de relacionarnos con los otros, fijando nuestros propios límites y nuestra propia autoestima, actuando de una manera creativa, desarrollando la aceptación de sí, una visión holística de la sexualidad y con la apertura necesaria para dialogar con el fondo del inconsciente. Estamos continuamente metidos en este viaje y cada etapa nos ofrece una oportunidad para desprendernos de esa identidad parcial o falsa, que ha sido creada por las fuerzas colectivas y que nos impedía escuchar la llamada a la totalidad. Asumimos nuestras sombras, nuestro yo no vivido, integrándolas conscientemente en las elecciones de nuestra vida, y aceptando humildemente nuestros límites y nuestra necesidad de Dios y de los otros.

El P. Anselmo Grün, monje benedictino alemán, mantiene que hay una convergencia posible entre espiritualidad, desarrollo humano y análisis psicológico. ¿Está de acuerdo con ello?
Totalmente de acuerdo. Hoy existe un mayor conocimiento de la conexión existente entre psicología y espiritualidad. La psicología, al facilitarnos unas técnicas y una ciencia, nos ayuda a sanar esas zonas interiores que nos impiden confiar y crear una relación más abierta y menos a la defensiva con Dios y con los otros. Ya decía S. Ireneo en los primeros siglos de la Iglesia: El hombre que vive es la gloria de Dios. Existe hoy, en el mundo científico, una oposición menor hacia la religión y hacia la búsqueda de Dios. Parece como si la psicología y la física apuntaran a una misma base espiritual, común para el alma y para la propia creación. La ciencia no puede reemplazar la fe o la tradición, pero puede ayudarnos a crear un nuevo lenguaje que exprese las experiencias humanas, que indique el Misterio que existe en el corazón de toda vida. Es en las capas más profundas de la psique en donde residen las preguntas sobre el significado de la vida y la búsqueda de la inmortalidad, la necesidad de una imagen de Dios, y también otras muchas áreas, interrelacionadas con los temas religiosos tradicionales.

¿Cómo es posible que Dios esté presente en las heridas que todos llevamos?
Dios está en el corazón del sufrimiento humano. La fe nos recuerda que la encarnación de Cristo se completó en el sufrimiento humano. La herida de la psique nos empuja no sólo a la búsqueda de sanación sino también a la búsqueda de Dios mismo. Parece, paradójicamente, como si Dios se manifestara de una manera más profunda en nuestra propia realidad herida. Jung decía que el lenguaje del alma está basado en la paradoja. Hemos sido creados para permitirle a Dios que nazca en nosotros. Jung también decía que las heridas se pueden transfigurar en útero de nuestro renacer psíquico y de nuestra transformación. El preocuparse de las heridas se puede convertir en camino hacia Dios y hacia la compasión por nuestros hermanos y hermanas. La herida se convierte en algo sagrado y nosotros nos transformamos en sanadores de heridos. Sin embargo, también podríamos transmitir a los otros la herida recibida y así continuar engañando e hiriendo a otros. Ésta es una cuestión profundamente ética y espiritual.

¿Cuáles son las dificultades más frecuentes que encuentran las personas cuando buscan profundizar su fe cristiana, y cómo se pueden superar estas dificultades?
Hoy nuestra fe cristiana se enfrenta a diversos retos en el camino hacia la madurez. Voy a nombrar algunos de ellos: Primero, muchas personas sienten una dicotomía entre su fe y sus experiencias como adultos. Entienden la fe como una capitulación intelectual a una serie de principios dogmáticos que no les permite experimentar la presencia amorosa de Dios. Segundo, algunos sienten que la Iglesia institucional les trata infantilmente y que la vida litúrgica y parroquial ni les enriquece ni les ayuda a profundizar su relación con Dios. Tercero, la misma Iglesia como tal, a causa de los escándalos, las divisiones y una polarización creciente entre grupos conservadores y liberales, está perdiendo progresivamente su función para las personas de hoy. Aún así, hay movimientos espirituales dinámicos, que están atrayendo el interés por el crecimiento espiritual, como, por ejemplo: el redescubrimiento de los ejercicios espirituales de san Ignacio, los centros de espiritualidad y de renovación, los grupos de oración dirigidos por laicos, y un número considerable de laicos y de religiosos que están impartiendo y recibiendo dirección espiritual de modo regular.

¿Cómo se pueden preparar, hermanos y laicos, para ofrecer a los jóvenes el acompañamiento psicológico y espiritual de una manera competente?
Yo creo que la mejor preparación para el acompañamiento espiritual consiste en implicarse uno mismo en la dirección espiritual durante un período significativo de tiempo. Yo dirijo, con una religiosa ursulina, un programa de dirección espiritual para laicos y religiosos, con el fin de proporcionar dirección espiritual a personas marginadas y que no tienen acceso a este servicio. Hemos llevado la dirección espiritual a las prisiones de hombres y de mujeres, a los pobres y a los enfermos, a los sin techo y a los moribundos. Además de comprometerse en la dirección espiritual, hay cuatro componentes principales en todo proceso de formación: primero, hay un estudio de la tradición cristiana sobre la oración y la práctica de la meditación en las diversas tradiciones de la Iglesia, como son, por ejemplo, las tradiciones ignaciana, carmelitana, mariana, etc. Segundo, está el estudio de la psicología para reconocer las diferencias existentes entre salud mental y problemas espirituales; también es importante conocer de qué manera nos ayuda la psicología a entender las resistencias y obstáculos en el alma. Tercero, hay un componente de formación y de adquisición de técnicas de escucha, de práctica de la dirección espiritual y del acompañamiento, realizado con directores experimentados. Cuarto, hay una supervisión personal y grupal, que asegure que los problemas personales del director no interfieren o distorsionan la buena relación existente entre dirigente y dirigido. Cuando se trabaja específicamente con jóvenes adultos, también es importante conocer los valores y problemas de la juventud, tanto positivos como negativos. Los directores espirituales están continuamente en formación permanente para ser fieles a la llamada de Dios.

¿Qué criterios hay que tener presentes cuando se está ayudando en el proceso de discernimiento de un joven que quiere ser hermano marista?
En la tarea de escuchar a un joven en su discernimiento vocacional, se dan necesariamente dos funciones diferentes. El director espiritual y el promotor vocacional desempeñan funciones diferentes en este proceso y, hoy en día, se trata de dos personas distintas. El director espiritual escucha el deseo de Dios que expresa la persona e intenta descubrir cómo ese deseo se puede encauzar hacia una vocación religiosa. Ayuda a que la persona se sienta libre de ataduras en el proceso de discernimiento y se abra al resultado. En el centro de este diálogo, habrá que situar las cuestiones de la oración y de la búsqueda de la voluntad de Dios. Por su parte, el promotor vocacional, también escucha esta llamada, pero es el representante de la comunidad. Debe también ayudar a discernir si esta persona tiene una llamada específica para la fraternidad marista, si es compatible con el carisma propio, debe conocer la disponibilidad del individuo para la misión y para vivir en comunidad, y su capacidad para vivir el celibato consagrado. Este proceso de diálogo puede llevar varios meses e incluso años, puesto que muchos retrasan la toma de decisiones vocacionales hasta muy tarde. Tanto uno como otro desempeñan una función instrumental en este proceso del discernimiento.

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