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Boletín marista - Número 98

 

Laura Beatriz Arenas, chilena, voluntaria en Comarapa, Bolivia
23.10.2003

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VIVIR EN COMUNIDAD ES DIFÍCIL PERO CON LA COMUNIDAD QUE TENGO LO PASO MEJOR QUE EN CUALQUIER PARTE

H. Lluís Serra

Laura Beatriz Arenas Bovet participa como voluntaria en la ciudad boliviana de Comarapa, capital de la provincia Manuel Mª Caballero del Departamento de Santa Cruz, con cerca de 4000 habitantes. Se ha integrado en la comunidad marista formada por los hermanos Karlos Aguirre, Bonifacio González y Andrés Eulate, y por Carlos Ares, voluntario procedente de España. Actúa como profesora en el colegio “Gabriel René Moreno” Fe y Alegría, dirigido por los hermanos maristas, que roza los 1000 alumnos y ofrece además de la enseñanza general estudios de agropecuaria.

Me han dicho que está jubilada.
Sí, me jubilé en enero de este año. Trabajaba como profesora de básica en el Instituto que los Hermanos Maristas tienen en la ciudad de San Fernando, Chile.

¿Cómo ha venido a parar aquí?
El hermano Pedro Marcos, que actualmente es el Provincial de Santa María de los Andes, habló en el mes de noviembre a un grupo de profesores sobre el voluntariado. Le escuché atentamente. Después fuimos a la capilla y allí me formulé la pregunta: “¿Qué voy a hacer el próximo año una vez me haya jubilado?”. Hablé al hermano Pedro diciéndole: “Cuando me jubile, quiero irme a Bolivia, a Perú o donde sea. Estoy dispuesta a ir a donde me mande”.

Una respuesta digna de un hermano fervoroso, pero usted tiene su propia familia. ¿Cómo reaccionó?
Las dos preguntas básicas fueron: “¿Dónde” y “Cuándo”. ¿Dónde? A Bolivia. ¿Cuándo?. Le pedí un mes para despedirme de mi familia. Me separé hace 25 años y tengo tres hijos, dos de los cuales están casados. Se trata de una hija de 31 años y dos hijos mellizos de 30. Tengo dos nietecitas de 11 y 8 y un nieto de año y medio. Me dieron su apoyo.

Y ha venido a Comarapa, en Bolivia.
Efectivamente. Viajé con el hermano Pedro. Llegué a Cochabamba y el lunes siguiente a Comarapa. No sabía a qué venía. El hermano Karlos con mucha habilidad me fue largando las cosas poco a poco. Soy profesora de religión de los cursos 7.º y 8.º así como tutora del un 7.º. Además, vivo con unas adolescentes y ayudo al internado. Rezo con los hermanos y participo de su vida comunitaria.

Un buen ejemplo de misión compartida.
Mire, en Chile se hablaba de misión compartida, pero para mí era pura teoría. Los papeles quedaron atrás y aquí es la vida. La comunidad es excelente. Hay tres hermanos, un cooperante español que está aquí por un año y yo misma, que soy chilena. Nunca imaginé que podía ser así. Compartimos la oración de la mañana, vamos a misa, almorzamos juntos… Soy como un hermano más.

Usted habita en una casa al otro lado de la calle con unas chicas.
Vivo con cuatro chicas. Sara tuvo un bebé a los 15 años, por lo que yo hago un poco de mamá y de abuela a la vez. Lidia que trabajaba en un karaoke. María Eugenia, 19 años, que es catequista, tiene un único hermano, ya que sus padres murieron. Me da mucho apoyo. Para mí fue muy duro al principio. Lo único que sé es darles cariño y eso es lo que me llena.

¿Se ha arrepentido de haber venido aquí?
Cuando nos peleamos…, pero mi compromiso es por un año y pase lo que pase estaré aquí. Realmente, sin ser indispensable, me siento útil.

(Sin ninguna pregunta por medio me empieza a contar aspectos de su vida personal)
¡He recibido tantas cosas de Dios…! Desde que me separé, ya que mi marido me abandonó, esa es la verdad, he tenido siempre la convicción de que Dios es la única persona que no me iba a fallar nunca. Aquel acontecimiento me hirió profundamente pero no por eso he dejado de querer a las personas. Miré a mis hijos y no podía mirar a otro lado. Mis padres me ayudaron mucho. Mi madre era muy piadosa. Somos ocho hermanos. Antes había sido novicia de la Inmaculada Concepción. Mis deseos chocaban con mis vínculos familiares. Tenía un pie aquí y otro en mi familia. Mi padre me respetó la libertad pero se paseaba delante del convento llorando por mí. Soy de espíritu bien rebelde y no podía atarme tanto a las normas.

Pero ahora usted se integra bien en la comunidad…
Sí, formamos una comunidad muy enriquecedora de oración y de acción. El superior es una persona increíble. Como hombre ve las cosas de una manera y yo como mujer de otra, pero llegamos a un consenso. Vivir en comunidad es difícil pero con la comunidad que tengo lo paso mejor que en cualquier parte. El día de la madre tuvieron un hermoso detalle y me regalaron varios CDs de Kairoi. Me siento muy querida por ellos. Ellos son como mis hijos. Tenemos un buen proyecto comunitario, que el hermano Antonio Peralta nos dijo que era muy ambicioso.

Dígame algo del proyecto comunitario…
Nos sentimos llamados a que nuestra comunidad viva centrada en Cristo, desde la vivencia de los valores de la acogida, de la solidaridad y de la austeridad, el compartir nuestras experiencias de vida, especialmente con los más cercanos, y aquellos que están bajo nuestra responsabilidad, nuestro cariño y presencia. Nunca postergamos la oración... Lo considero un punto clave y ésta es nuestra fortaleza. Hay mucha comprensión... si no me levanto porque fui a acostarme a las 4 de la madrugada. Nos aceptamos tal cual somos. Pese a ser cinco personas de tres países diferentes, nos llevamos muy bien.

Pero usted es una mujer en una comunidad masculina...
Soy un miembro más, ni se fijan si soy mujer.

¿Por qué vino aquí?
Me movió porque tengo una gratitud muy grande con el Instituto Marista en la educación de mis hijos cuando tuve dificultades. Los hermanos maristas pasaron a ser mi familia espiritual y de apoyo material. Estoy orgullosa de mis hijos. Uno es ingeniero en computación, otro médico cirujano y mi hija, profesora de párvulos.

¿Qué cualidades se necesitan para colaborar como voluntaria?
Ser generosa. Lo demás te lo da Dios. Me he sentido realmente una persona querida por Dios

¿Le va a resultar difícil dejar esto?
Dios dirá, no me voy a proyectar mucho el futuro. No obstante, por ahora el año 2003 lo pasaré aquí. En el 2004 acompañaré a un hijo mío que hará un postgrado en España y en el 2005 quiero ir con grupos de preadolescentes a Alemania para participar en la reunión de los jóvenes con el Papa.

¿Qué representa Marcelino Champagnat en su vida?
Fui a la canonización del P. Champagnat, gracias a que me pagaron el pasaje a medias. Se inscribieron diez personas pero el que salió por sorteo me cedió su pasaje porque él podía costearse el viaje. Dios escribe recto con líneas torcidas pero no sé por qué me quiere tanto. Guardo el mejor recuerdo en el momento en que el Papa lo proclama santo. Admiro a Marcelino como hombre y como santo. Se trata de un hombre con mucha visión, que de la nada saca tanto, con tanto cariño, con tantas cualidades. Soy fan del padre Champagnat y por él he llegado a María. Mi devoción era infantil y ahora ha ido madurando y me llenó especialmente con la advocación a la Buena Madre. Viviendo a María como madre encajé perfectamente. Como ella agradezco a Dios el mejor regalo de la maternidad. Cuando fui madre por primera vez no podía imaginar que mi hija era parte de mí. Como santo, admiro la proyección universal que tuvo. Ha llegado a todo el mundo, siendo persona de un lugarcito del campo (yo también lo soy) ha logrado todo esto. Si no fuera así, su proyecto hubiera desaparecido en dos minutos. Tuvo fuerza y empuje.

¿Qué cualidades admira del pueblo boliviano?
Son artistas, tienen una sensibilidad exquisita en cuanto al arte, gozan de una naturaleza preciosa. Son gente sencilla y acogedora. Me gusta la gente y lo que hace.
No tengo idea de la parte política. A mí me interesan las personas. Sé que han perdido muchas oportunidades.

Dos horas después irá con los alumnos mayores a “Capillas”, en una zona alejada para ayudar a fabricar ladrillos con los cuales las comunidades de estas zonas casi abandonadas podrán subsistir en mejores condiciones. A estas alturas, hace mucho frío y durante la semana de trabajo va a dormir sobre un colchón en el suelo. La austeridad y las incomodidades no pueden con su arrojo y entusiasmo. Su figura se dibuja en el retrovisor del coche cuando emprendo camino de regreso a Comarapa.

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