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El estilo educativo de Marcelino Champagnat

 


Lluís Serra -

Pantalla Escolar, Estudios y Documentos, nº 15


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1. EL TALANTE MARISTA

EI carácter propio de la educación marista se inspira en la espiritualidad y en la pedagogía de Marcelino Champagnat, fundador del Instituto de Ios Hermanos Maristas. Para desentrañar sus características básicas, hay que tener presente que se debe analizar más la acción que la palabra.

Marcelino Champagnat y Charles de Foucauld presentan dos metodologías dispares en su proyecto fundacional. Champagnat, impelido por eI Espíritu y la necesidad, refine y prepara unos jóvenes para realizar un proyecto de educación cristiana dentro de una vida religiosa laical. Cuando la vida ha estallado en sus manos y nuevos miembros piden ingresar en su instituto, observa que debe proporcionarles unas Constituciones. La acción se anticipa a la palabra. Foucauld, en cambio, muere habiendo redactado un texto constitucional impecable, pero sin ningún seguidor que, en vida, le dé cumplimiento.

Grandes personajes han aparecido en la historia de la humanidad que han sido constantemente recordados pese a no poseer ningún escrito suyo. Dejando aparte a Cristo, cuyos rasgos de escritura pudieron conservarse poco tiempo, debido a que los escribió sobre arena, solamente destaca Sócrates. Las cartas, algunos sermones y poca cosa más configuran el fondo documental de Marcelino. Información escasa cuando, en realidad, gran parte de su contenido se orientaba a finalidades concretas.
La biografía que escribiera el hermano Juan Bautista se realizó según los cánones de la época con el género literario propio de las vidas de santos, lo cual obliga a un mayor análisis crítico para llegar a la figura humana y real de Marcelino Champagnat.

2.- APROXIMACIÓN A MARCELINO: HISTORIA Y ESTILO

Quisiera destacar siete puntos que nos permitirán conocer mejor el proyecto fundacional de Marcelino y enmarcar más adecuadamente su estilo pedagógico.

2.1 Nace con la Revolución de 1789

La Revolución francesa tiene lugar en 1789, el mismo año en que nace Marcelino Champagnat. El contexto histórico en que se desenvuelve no puede ser ignorado para situar su biografía. Los ideales de libertad, igualdad y fraternidad se propagan a los cuatro vientos. Su padre ejerce responsabilidades publicas al pertenecer al partido jacobino. El biógrafo silencia este capitulo. Su pertenencia a un agresivo partido de izquierdas acaso podría enturbiar una biografía al uso.

Consecuencias

· Marcelino funda un instituto laical de categoría única (compuesta solamente de Hermanos). La fraternidad marista se basa en la igualdad de sus miembros. Existía, por aquel entonces, incluso alguna congregación que admitía dos clases de hermanos. En los maristas, esta igualdad ha sido un punto claro desde sus inicios.

· Posee una gran libertad ante el mundo político. Al haber sido educado en el diálogo con las tendencias contemporáneas, concretadas en su figura paterna, no se ve en la necesidad de generar mecanismos de defensa. En otros clérigos de su tiempo, el miedo a lo desconocido les instala en posturas políticas conservadoras sin talante de libertad e independencia ante todos.

· Cree conveniente mantener una buena convivencia con el poder civil y religioso. Para iniciar una obra, requiere siempre el permiso del alcalde y del párroco.

· Su proyecto fundacional no ha sido nunca partidista: “Religiosamente dedicados a su especialidad, se mantuvieron antes y después de 1830 fuera de todo partido político. Los Hermanitos de María constituyeron un nuevo y excelente instrumento para la propagación de una educación primitiva completa: moral, religiosa, ni más ni menos” (Jean-Jacques Baude, diputado del Loira, miembro del Consejo de Estado, 5 de noviembre de 1838.)

2.2. Formación religiosa familiar

Dos personas influyen decisivamente en su formación religiosa familiar: su madre y su tía monja. María Teresa, su madre, nueve años mayor que su padre, posee una sólida personalidad y un sentido espiritual que transmite a Marcelino: “En la base de su personalidad su escritura presenta un nivel elevado de energía vital, heredado de la madre, la cual aparece intensamente presente con su autoridad sobre el sujeto tanto de niño como de adolescente” (Análisis psicográfico IGM Urbino). Luisa, religiosa de San José y hermana de su padre, al ser acogida en casa durante la Revolución, configura aún más la sensibilidad religiosa de Marcelino.

Consecuencias

· Se fragua en su espíritu, a tenor de estas ricas influencias, una espiritualidad profunda y tradicional.

· Una familia numerosa, con un gran sentido de identificación, despierta en él una de las características más hermosas que nos ha legado coma herencia: su espíritu de familia. La pertenencia como signo de identidad.

· La calidad de su figura materna propicia que la contemplación de María, la madre de Jesús, se realice bajo el prisma de la Buena Madre con un sentido de cercanía, amor y cariño.

2.3. Experiencia escolar personal

La situación escolar de su tiempo es penosa. No es de extrañar que su contacto con la escuela y con la enseñanza de la catequesis le proporcione dos experiencias muy desagradables. El maestro propina un bofetón a un compañero de Marcelino por querer anticiparse en la lectura: “No volveré a la escuela de un maestro semejante; al maltratar sin razón a ese niño me demuestra lo que me espera a mi; por menos de nada podrá tratarme igual; no quiero, pues, recibir de él lecciones, ni menos aún castigos” (Vida, 1, 6). No vuelve a la escuela. En la catequesis, un muchacho recibe una reprimenda mediante un apodo y una comparación poco afortunada. La mofa de sus compañeros, apoyada en este hecho, vuelve al muchacho hosco, huraño y duro. Por otra parte, es previsible que Marcelino tenga dificultades por la cuestión idiomática, ya que habla una variante del occitano: el franco-provenzal. Su acceso a los estudios encuentra otra traba: acude a ellos cuando su proceso evolutivo marca ya una prioridad del razonamiento sobre el aprendizaje mecánico.

Consecuencias

· Un proyecto de educadores capaces: “Nacido en el cantón de Saint-Genest-Malifaux, departamento del Loira, no conseguí saber leer y escribir más que con gran dificultad par falta de educadores capaces. Desde entonces he comprendido la urgente necesidad de crear una sociedad que pueda dar a los niños de los pueblos la buena educación que los hermanos de las Escuelas Cristianas dan a los de las ciudades, pero con coste inferior” (Carta a Su Majestad Luis Felipe, rey de los franceses. Hermitage, 28 de enero de 1834).

· Un estilo de respeto y amor al alumno que excluye la utilización de métodos brutales y de castigos físicos.

· Una pedagogía de sencillez y de presencia que anima acompañando, que sugiere con la cercanía y que educa con la distancia interior.

· Una preferencia por los menos favorecidos, porque están más necesitados de amor.

2.4. Inculturación y universalismo

Marcelino, por su experiencia familiar, tiene una gran sintonía con el trabajo agrícola y ganadero. La tierra suele proporcionar un mayor sentido de realismo. Su capacidad para los negocios se despliega en estos ámbitos. La dedicación temprana al trabajo le permite descubrir con mayor hondura el valor que encierra. No obstante, esta sujeción a la parcela no le impide disfrutar de un auténtico sentido misionero.

Consecuencias

· Marcelino es un sacerdote albañil. La construcción del Hermitage le acarrea serias criticas por dedicarse al trabajo manual y dirigir las obras. No ceja en su empeño. Su situación económica y la pedagogía del modelo, que encama en si los valores que propone, le impulsan a ello.

· El trabajo es una característica fundamental de su proyecto. Constituye un valor que ha de vivirse en su instituto religioso y un valor que hay que comunicar a través de la educación a los niños y a los jóvenes. Incluso, el trabajo manual. Las escuelas, en los orígenes, suelen tener un pequeño huerto.

· Este proyecto de sencillez no se cierra en los estrechos limites de lo inmediato. Se abre al universalismo. Sorprende su atrevimiento, aún más conociendo su humildad y discreción: “Todas las diócesis del mundo entran en nuestro proyecto.” La historia le va dando la razón. La presencia actual de los maristas en setenta y cuatro países lo confirma.

2.5. El detonante: Juan Bautista Montagne, diecisiete años

El día 28 de octubre de 1816 atiende un joven moribundo, de diecisiete años, en la aldea de Palais. La ignorancia, religiosa, extensible a otros muchos aspectos, le sirve de espoleta para lanzar adelante su proyecto. No puede detenerse. Las expectativas y las necesidades de los niños y de los jóvenes encienden su ardor de tal manera que no puede quedarse cruzado de brazos. Hay que hacer algo. Ya.

Consecuencias

· Funda el instituto cuando tiene veintisiete años: “Ordenado de sacerdote en 1816, fui enviado como vicario a una parroquia rural: lo que vi me hizo sentir aún más vivamente el proyecto que meditaba desde hacia tiempo. Comencé, pues, a formar algunos maestros. Les di el nombre de Hermanitos de María convencido de que el nombre atraería gran número. La realidad de unos pocos años ha justificado mis sospechas y ha superado mis esperanzas” (Carta a Su Majestad Luis Felipe, rey de los franceses. Hermitage, 28 de enero de 1834 ).

· Experimenta la necesidad de educar la fe a través de la cultura: “Si tan sólo se tratase de enseñar la ciencia profana a los niños, no harían falta los hermanos; bastarían los maestros para esa labor. Si sólo pretendiéramos darles instrucción religiosa, nos limitaríamos a ser simples catequistas, reuniéndolos una hora diaria para hacerles recitar la doctrina. Pero nuestra meta es muy superior: queremos educarlos, es decir, darles a conocer sus deberes, enseñarles a cumplirlos, infundirles espíritu, sentimientos y hábitos religiosos, y hacerles adquirir las virtudes de un caballero cristiano. No lo podemos conseguir sin ser pedagogos, sin vivir con los niños, sin que ellos están mucho tiempo con nosotros” (Vida, XXIII, 374).

· Sensible al mundo que lo rodea: “Esta experiencia (del amor de Jesús y de María), unida a su apertura a los acontecimientos y personas, se convierte en fuente de .su espiritualidad y celo apostólico, y lo hace sensible a las necesidades de su tiempo, sobre todo a la ignorancia religiosa y a las situaciones de pobreza de la niñez y juventud. La fe y el deseo de cumplir la voluntad de Dios le revelan su misión: Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. Decía con frecuencia: “No puedo ver a un niño sin que me asalte el deseo de enseñarle el catecismo y decirle cuánto lo ama Jesucristo” (Constituciones, 2).

2.6. Un proyecto de vanguardia

Las necesidades que hay que resolver son tan imperiosas que adopta un proyecto de riesgo y de frontera. Cuando el hermano Luis, rozando el escrúpulo, le plantea sustraerse a la acción por miedo a pecar, Marcelino le pregunta si no correría el riesgo de quemarse un poco con tal de salvar a un niño que se encuentra dentro de un edificio en llamas. Persiste en el riesgo cuando envía a veces grupos de dos hermanos: “El señor ministro objeta que los Hermanitos de María, al ir de dos en dos, no ofrecen tantas garantías en relación con las buenas costumbres como los hermanos de las Escuelas Cristianas, que nunca van menos de tres. Reconozco, monseñor, que éste es un punto de disciplina sobré el que hemos de prestar gran atención. Par eso, entre los múltiples establecimientos que se nos proponen, elegimos siempre aquellos que ofrecen más garantías a este respecto. Pero ante la imposibilidad en que se encuentran tantos Ayuntamientos rurales para subvenir a las necesidades de más de dos hermanos, ¿se debiera vacilar entre dejarlos sin medios de educación o bien procurársela por medio de dos hermanos, a pesar de que ofrezcan menos garantías que tres? sería ventajoso para la religión y para la sociedad detenerse ante tal consideración?” (Carta a monseñor de Pins, 3 de febrero de 1838).

Consecuencias

· Es preciso afrontar los riesgos. La prudencia no está reñida con el planteamiento de situaciones fronterizas. Marcelino muestra sensibilidad y valentía. La consistencia personal deberá ser mayor, pero las llamadas del mundo y de la Iglesia se dejan sentir.

· La misión del hermano: “Amar a Dios y afanarse en darlo a conocer y hacerlo amar, ésa ha de ser la vida de un hermano” (Vida, XX, 312). El mismo dice también con frecuencia: “No puedo ver a un niño sin sentir ganas de enseñarle la doctrina, sin anhelar darle a conocer cuánto le ha amado Jesucristo y cuánto debe él, a su vez, amar al divino Salvador” (Vida, XX, 314).

· Las Constituciones actuales recogen este sentido del riesgo y de la frontera: “Vamos al encuentro de los jóvenes allí donde están. Somos audaces para penetrar en ambientes quizá inexplorados, donde la espera de Cristo se manifiesta en la pobreza material y espiritual. En los contactos con los jóvenes, les damos muestras de una atención impregnada de humildad, sencillez y desinterés” (Constituciones, 83).

2.7. Valentía histórica

Reconocer legalmente el instituto no ha sido tarea fácil. Las trabas burocráticas, tanto eclesiásticas coma civiles, son numerosas. De ahí que tenga que realizar algunos viajes a París con resultados nulos. En una ocasión, cuando todo está ya arreglado y sólo falta la firma, un repentino cambio ministerial supone volver a empezar. Tampoco quiere el reconocimiento hipotecando el instituto. Se lo dan si reduce su presencia a municipios de menos de 1.200 habitantes. El se niega. En el tema del servicio militar también demuestra sagacidad. Inscribe a sus hermano en un instituto similar que tiene el refrendo legal, pero que prácticamente carece de vocaciones.

Consecuencias

· Marcelino realiza siempre una lectura de la historia desde la fe. Su sentido de la Providencia no le sustrae la más mínima dedicación, pero confía en que el resultado final está en manos de Dios.

· Cuando se dan dificultades y muchas congregaciones religiosas realizan profesiones privadamente, Marcelino no se esconde. Sigue su camino y sigue autorizando profesiones religiosas en sus hermanos.

· A menudo, el mundo de la educación se encuentra bajo imperativos legales. Se preocupa. La autorización del instituto es la mejor muestra. Llegará cuando se necesite. Esta es su convicción. Una vez más la legalización sigue a la vida.

· Marcelino no sacrifica la libertad educativa por acogerse a los beneficios legales. Perder la posibilidad de acudir a municipios mayores de 1.200 habitantes incide en la reducción de campos de apostolado y puede cuestionar una fuente importante de ingresos que permita la presencia educativa en ambientes deficitarios. Prefiere esperar tiempos mejores a hipotecar la libertad.

3. EL ESTILO EDUCATIVO DE MARCELINO A TRAVÉS DE UNA CARTA

El estilo educativo de Marcelino hunde sus raíces en su espiritualidad. El amor a Jesús y a María son la fuente de la inspiración de su pedagogía. Se sustrae, por ejemplo, a las influencias de su tiempo en el tema de los castigos corporales, muy frecuentes por aquel entonces. Teorías pedagógicas, ninguna en especial. Su aportación se cifra en la visión religiosa de la vida y de las personas, en un profundo sentido común y capacidad práctica para afrontar las diversas situaciones que se plantean. La carta que Marcelino escribía el día 21 de enero de 1830 al Hermano Bartolomé puede ser un documento muy valioso para apreciar su talante y su personalidad.

Muy querido hermano Bartolomé y su querido colaborador:
Me he alegrado mucho al saber noticias suyas. Me alegra mucho que se encuentre bien de salud. También sé que tiene muchos niños; en consecuencia, tendrá muchos imitadores de sus virtudes, porque viéndole a usted, se forman los niños, y siguiendo sus ejemplos, no dejan de regular su conducta. ¡Qué importante es su tarea! ¡Qué sublime! Está de continuo entre aquellos con quienes Jesucristo tenía sus delicia, ya que prohibía expresamente a sus discípulos que impidieran a los niños acercársele. Y usted, querido amigo, no sólo no quiere impedírselo, sino que hace todo lo posible para conducirlos a Él. ¡Oh, qué bien recibido será por este divino Maestro! ¡Este Maestro generoso que no deja de recompensar ni un vaso de agua fresca!
Diga a sus niños que Jesús y María los quieren mucho a todos: a los que son buenos, porque se parecen a Jesucristo, que es infinitamente bueno; a los que aún no lo son (...), porque llegarán a serlo. Que la santísima Virgen los quiere además porque ella es la madre de todos los niños que están en nuestras escuelas. Dígales asimismo que yo también los quiero mucho; que nunca subo al altar santo sin pensar en usted y en sus queridos alumnos; que quisiera tener la dicha de enseñar, de dedicar en forma más directa mis desvelos a formar a esos tiernos niños.
Todos los establecimientos van más o menos bien.
Ruegue por mí y por todas las casas.
Tengo el honor de ser su afectísimo padre en Jesús y María.

CHAMPAGNAT
Sup, de F M.

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