20 de mayo de 2022 FRANCIA

20 de mayo, aniversario del nacimiento de San Marcelino Champagnat

El 20 de mayo de 1789 − año que comienza la Revolución Francesa− nace Marcelino José Bento Champagnat. El lugar es una modesta casa construida con piedras, en la aldea de Rosey, que actualmente pertenece a la comuna de Marlhes, a 900 metros sobre el nivel del mar, ubicada en el cantón rural de Saint-Genest Malifaux. El centro urbano más grande está a 23 km, en Saint-Etienne, frontera sur este del Departamento de Loira. En aquella época, vivían en Marlhes aproximadamente 2.700 habitantes. Esta era una región poco fértil y fría, y cuando nació Champagnat, había una alta tasa de mortalidad infantil (30% de las muertes anuales) y también la mortalidad juvenil era muy elevada.

Alrededor del 60% de la población estaba formada por agricultores. Es en este contexto típico rural donde encontramos a la familia de Jean-Baptiste Champagnat, el padre de Marcelino, un pequeño comerciante y labrador, que llegó a ocupar cargos públicos durante la Revolución. La madre, Marie-Thérèse Chirat, era ama de casa y se dedicaba a cuidar los nueve hijos que tenía la pareja. Después de Marcelino, nació también el décimo.

Años después, el Padre Marcelino Champagnat recordaría su infancia en la solicitud de reconocimiento del Instituto, enviada al rey Louis-Philippe. La carta dice así:

“Nacido en el cantón de St. Genêt Malifaux, departamento de la Loire, sólo con infinitas dificultades pude llegar a leer por falta de maestros capacitados: desde aquel momento sentí la urgente necesidad de una institución que pudiera, con menos gastos, hacer en las zonas rurales lo que los Hermanos de las Escuelas Cristianas hacen en las ciudades”.
(Cartas, n. 34)

Pelegrinación virtual a Rosey: http://q-r.to/bak66P

Felicidades, Padre Champagnat

H. Manoel Soares – Timor Leste

Hoy, una vez más, nosotros, tus hijos, Champagnat, nos unimos desde los cuatro rincones de la tierra. Nuestros corazones son como una copa que rebosa el vino más puro de nuestro amor. Alabamos y damos gracias a Dios por el gran regalo que fue tu vida para el mundo. Si hay una celebración en el cielo por tu cumpleaños, aquí también cantamos nuestras alabanzas a Aquel que es el Señor de todas las cosas, por el valioso regalo dado a la humanidad, tu vida. Al hacerlo, reafirmamos nuestra fe y nuestro compromiso de seguirte, creyendo que, entre los santos, tú, Champagnat, nos animas a caminar. Como somos tus hijos más queridos, dondequiera que estemos, hoy saludamos tu nombre, exaltamos tu gloria, exaltamos con alegría. ¡Felicidades, Champagnat!

Hoy queremos expresar nuestra profunda gratitud a Dios que te eligió para tan sublime misión, plantando en la tierra buena y fértil de tu corazón juvenil una semilla única, hermosa, fértil y poderosa, tu vocación original.

Dios, habiendo hecho una elección singular por ti, quiso mostrar al mundo que su amor no tiene medida. Te hizo más que un puente, un canal, una fuente por la que fluiría su más profundo amor de Padre, y tú serías en este mundo el instrumento para llevar ese amor a los más abandonados, a los miles de niños olvidados en su pobreza, a los jóvenes con sus heridas por no haber sido nunca amados.

Hemos repetido con insistencia que los «Maristas de Champagnat», los que nos sentimos tus hijos e hijas, nos comprometemos a mantener viva, hoy más que nunca, tu presencia inspiradora. En un mundo que experimenta las duras consecuencias de innumerables «Revoluciones» que aparecen una tras otra, en estos tiempos marcados por tanta imprevisibilidad e incertidumbre, necesitamos tu energía transformadora. No es casualidad que en nuestros corazones existan las mismas inquietudes, las mismas angustias que sufrió tu joven corazón de sacerdote, azotado por la furia de diferentes y, algunas veces, insuperables tormentas; pero tú supiste mirar más allá, e incluso durante las terribles noches oscuras, pudiste intuir y creer que llegaría un nuevo amanecer.

Nosotros, tus hijos y otros seguidores, vivimos estos nuevos tiempos que vislumbraste con audacia cuando imaginaste que tu proyecto se extendería hasta los confines de la tierra. Esa confianza era extraordinaria, esa certeza casi palpable de que la labor que Dios puso bajo tu responsabilidad no podía fracasar. Si bien estos nuevos tiempos que vivimos son diferentes y tienen llamados y desafíos muy distintos a los que ustedes vivieron, tenemos el desafío de que nos mueva la misma fe, la misma confianza, la misma certeza de que no podemos temer, sino que «mirando más allá» encontraremos nuevas formas inteligentes, creativas y valientes de dar respuestas a lo que el mundo espera de nosotros, y de hacer que su proyecto sea tan importante y necesario como cuando comenzó, hace más de doscientos años.

Creyendo que caminas delante de nosotros, nos sentimos animados, confiados en seguir trabajando para sembrar nuevas semillas, pero de una manera nueva y creativa de educar y evangelizar. Pero eres tú, Champagnat, quien nos inspira siempre, señalando nuevas posibilidades, nuevas alternativas, una nueva forma de ser, de hacer y de estar entre los niños y los jóvenes para indicarles propuestas valientes para ser un buen cristiano, un buen ciudadano en medio de este mundo que se empeña en querer matar dentro del hombre los más nobles sentimientos de justicia y fraternidad, y en ofrecerle múltiples opciones individualistas de placer, como única forma de vivir y de ser feliz.

Y en este día especial en el que iniciamos el «Año de las Vocaciones Maristas», te pedimos, Champagnat, que inspires el corazón de muchos jóvenes para que sigan tus pasos, con el deseo sincero de imitar tu ejemplo y ser como los faros que iluminan las noches oscuras de estos tiempos difíciles que vivimos actualmente, creyendo en el amanecer de un nuevo mañana en el que vencerá la justicia, el amor y la solidaridad.

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