19 de abril de 2005 VATICANO

Annuntio vobis gaudium magnum

?Para todos nosotros es inolvidable cómo en este último Domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico y una última vez dio la bendición Urbi et Orbi?.
Ciertamente será difícil asomarse a aquella ventana, a la que ha hecho referencia Ratzinger en la homilía de las exequias, después de 27 años de Karol Wojtyla. La muchedumbre de Roma y del mundo que ha seguido las exequias nos ha indicado una cosa: no quiere quedar huérfana.
Los millones de peregrinos ya han vuelto a sus casas, como también los poderosos de la Tierra, y se han apagado los focos de las televisiones. Fue un réquiem, no una apoteosis y todos, incluidos los cardenales, lloraron a un padre excepcional. La Iglesia no es un star system gobernada por un Pontifex divus. Aquí sólo hay un Dios, y de él Wojtyla ha sido un devoto siervo y obispo de Roma y, como tal, ?Pastor Pastorum?. Y aunque llegase a haber un Juan Pablo III o quizás un Vaticano III, no lo será como un Napoleón III o como un Segundo Imperio.

Y aunque la Iglesia se ha mostrado en el luto perfecta en sus palabras y coreografía, ahora es tiempo de pensar en el futuro para mostrarse perennemente joven y coherentemente antigua. De aquella ventana y de aquella plaza, el mundo cristiano espera que se asome un hombre que sepa gobernar una institución, y que sea, sobre todo, capaz de transmitir la Verdad, aquella verdad capaz de encender el corazón e infundir esa energía que se necesita para testimoniar al que es y será para siempre el Camino, la Verdad y la Vida. Será difícil asomarse a aquella ventana, pero sea quien sea el nuevo rostro del Papa, la formación que haya recibido o la lengua que hable… siempre le sostendrán las palabras de Jesús: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

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