8 de julio de 2008 COLOMBIA

Año de la espiritualidad marista – Agua de la Roca

En el encuentro con el Hermano Teófilo Minga, se nos expusieron las ideas más fuertes acerca del año de la Espiritualidad Marista, apoyados en el documento Agua de la Roca. La idea fue generar inquietudes relacionadas con nuestra Espiritualidad, vivida alrededor de todo el mundo. Tanto Hermanos como Laicos, están comprometidos por igual, asumiendo el sentimiento de comunión con el Instituto especialmente en este año. Este año es muy especialmente es un lugar de ?encuentro de comunión y espiritualidad? para toda la familia marista.

De igual forma, se nos expresó cómo nuestra Espiritualidad, es válida para los jóvenes y niños a quienes vamos: es una Espiritualidad a la que estamos llamados a darle vida en cada uno de los lugares en los que nos encontramos desarrollando nuestro apostolado, viviendo nuestra comunidad y haciendo vivo las palabras de los discípulos de Emaús: ?¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?? (Lc. 24,32).

También subrayó, con fuerza, el valor ?pedagógico? de los símbolos, al compartir cómo los cinco símbolos del documento Agua de la Roca-Manantial de vida, están enriqueciendo la oración y los retiros de muchas comunidades en las diferentes provincias. Eso nos sorprendió: era la primera vez que lo escuchábamos. Aprendemos que ellos permiten una profundización de nuestra espiritualidad, no sólo porque son un referente simbólico, sino porque están basados en el Evangelio y son una expresión de lo que quiere Jesús de nosotros: la roca, como la invitación a ser firmes y sólidos en el amor del Señor; el agua, como símbolo de vida que sacia la sed de aquellos que lo necesitan; el camino como invitación a ser como el mismo Cristo hecho verdad, vida y camino; la mesa como la invitación, que nos recuerda no sólo el don de la Eucaristía, sino nuestros orígenes en La Valla; el fuego como la fuerza apostólica tan visible en el Pentecostés que da inicio a la Iglesia y abrasó el corazón de tantos apóstoles en la Historia de la Iglesia: Champagnat fue uno de ellos. A estos cinco símbolos, bíblicos y maristas al mismo tiempo, podríamos añadir la estatua de Marcelino Champagnat con el niño sobre sus espaldas abriendo la última parte del libro: una invitación a mirar más allá de nuestros ?pequeños?, horizontes llevando nuestra espiritualidad fuera de las fronteras maristas en la Iglesia y en el mundo. El niño nos invita a mirar más allá, a descubrir nuevos horizontes para las generaciones futuras.

Finalmente, el Hermano nos compartió acerca de un proyecto, de ejercicios espirituales con un tinte propio basado en Agua de la Roca y que ayudarían a las meditaciones y oraciones en los retiros de treinta días: serían los ?ejercicios marcelinianos? a la semejanza de los ?ejercicios ignacianos?! La última parte nos invita a soñar y es bueno que hermanos sueñen así. Pero el Hno Teófilo llama nuestra atención para el hecho de que semejante tentativa no puede ser fruto de una cabeza sola, sino de muchas muy informadas sobre la espiritualidad marceliniana. Los ejercicios tendrían como punto de referencia la experiencia espiritual compasiva, cristologica, mariana, comunitaria y apostólica de San Marcelino y de nuestros primeros Hermanos de La Valla y el Hermitage. Avanza mismo sugerencias para cada una de las semanas: una primera semana sobre la compasión; la segunda sobre los tres lugares, de modo más teológico sobre los misterios de la Encarnación y la Redención; le tercera sería sobre María como la mujer del Espíritu y de la Encarnación que ya vive la plenitud de la Redención; la cuarta sobre la misión, la dimensión apostólica de nuestra espiritualidad que actualiza el Pentecostés en la Iglesia. Y el Hermano Teófilo nos citaba un poeta portugués: ?el sueño comanda la vida??.

Le agradecemos mucho al Hno. Teófilo esta iluminación y su cercanía con todos nosotros.

HH
Álvaro Fredy Jacanamijoy
Vladimir Orlando Viveros
Jorge Mauricio Chamorro
Héctor Xavier Colala

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