10 de junio de 2008 COLOMBIA

Caminamos en la fe, como hermanos y hermanas

Al leer y analizar algunos números del segundo y tercer capítulo del documento Agua de la Roca, hemos querido plasmar ciertas ideas que creemos importantes, procurando así fortalecer nuestra Espiritualidad y hacernos más conscientes de toda esta riqueza heredada de Marcelino y los primeros hermanos.

Segundo capítulo

Encontramos una invitación fuerte a cultivar una actitud de apertura que nos permita estar atentos a lo que el Espíritu nos inspira, tal como lo hacía María, que acogía y meditaba en su corazón las enseñanzas de Jesús. Nos sentimos llamados también a llevar nuestra misión a la oración para dar armonía y equilibrio a nuestra vida, y comprometernos más con las personas con quienes trabajamos. Nos dejamos moldear por el Espíritu; la lectura atenta de los acontecimientos es la fuente que nos inspira el camino a seguir. Así fue como Marcelino comprendió lo que Dios quería de él tras el encuentro con Juan Bautista Montagne.

A lo largo de la historia marista, los discípulos de Champagnat se han valido de diversos medios para alimentar su vida espiritual, creciendo así en santidad. Hoy también tenemos algunas prácticas esenciales para cultivar nuestra vida de fe. Éstas son las que el documento nos presenta:

Lectio divina o meditación de la Palabra de Dios, que nos invita a leer nuestra historia personal como historia de salvación. La oración personal y comunitaria, a través de la cual ponemos todo nuestro ser en las manos del Señor, compartimos la misión, los sueños, anhelos, etc. La revisión de la jornada, para descubrir el paso de Dios en nuestro caminar. La fe compartida, con la que nos apoyamos y enriquecemos mutuamente. El acompañamiento, que nos ayuda a discernir la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana y fortalecer nuestro desarrollo humano y espiritual. La celebración de la Eucaristía y la reconciliación, como elementos que permiten descubrir a Jesús presente en medio de nosotros y nos mueven a la misión: ?reunidos, bendecidos, partidos y compartidos?.

?Estamos agradecidos a Aquel que nos ha bendecido?. Es preciso saber que Dios va trabajando en nosotros. En los momentos de soledad cultivamos nuestra vida interior para leer nuestra historia con ojos diferentes. Finalmente nos sentimos llamados al servicio identificándonos con Cristo.

Tercer capítulo

En estos apartados, descubrimos la importancia de María como modelo en las relaciones fraternas. Nos dejamos cautivar por su sensibilidad a las necesidades, su atención a los desfavorecidos. Todo esto nos lleva, como a Ella, a contribuir en el crecimiento de la fe de los demás. En María, descubrimos una nueva visión de ser Iglesia, con un corazón de madre, dispuesta a perdonar, acoger, escuchar, dialogar.

Por otra parte, vemos que vivir en comunidad no es un camino fácil: Hay fragilidad, límites y diferencias. Es preciso cultivar un proceso continuo de reconciliación que sostenga la vida fraterna y haga de Cristo el centro de la comunidad; La fe compartida se presenta como una manera de ir más lejos y hacer de nuestras comunidades escuelas de fe. En resumen, la honda vivencia de los momentos cotidianos hace que nuestra oración y las celebraciones litúrgicas sean más significativas. Sabemos que las palabras hermano y hermana expresan el estilo y carácter marista de relacionarnos. En este sentido, la fraternidad marista se convierte en signo de confianza y esperanza para los demás. Por otro lado, el documento nos plantea la urgente necesidad de crear estructuras interculturales que inviten a vivir de manera constructiva la riqueza de la diversidad, celebrando así, la abundancia de la presencia de Dios, a quien descubrimos, también, en toda la creación.

Hay una dimensión ecológica que nos llama a sentirnos parte de un mundo más grande, nos impulsa a amar nuestro planeta y mantener el equilibrio en la naturaleza, a través de la aceptación, respeto mutuo, justicia y participación. Por último, hemos de estar dispuestos a formar comunidades portadoras de vida, tomando en cuenta las palabras de Jesús que aparecen en el Testamento espiritual de nuestro fundador: ?Amaos unos a otros?.

Equipo:
Nicolás Arteaga
José Miguel Caballero
Javier Cedeño
Marino Muñoz
Marco Antonio Vargas

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