Compartiendo 11 – Vocación Marista Laical

Boletín del laicado marista

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Mirar más allá

Durante este pasado mes de marzo se ha celebrado en Roma la Conferencia general del Instituto Marista, una asamblea consultiva compuesta por el H. Superior General y su Consejo, los Provinciales y Superiores de Distrito. Se convoca entre dos Capítulos Generales con dos objetivos: consolidar la unidad dentro del Instituto y estudiar los asuntos de interés general para darles solución.

Este año 2022, la Conferencia general ha tenido como lema “Mirar más allá”, palabras que inspiraron el mensaje del H. Ernesto el pasado 6 de junio de 2021. Esta invitación es también una llamada para los Maristas de Champagnat, y especialmente para las laicas y laicos de nuestra región de Europa.

Cuando se escriben estas líneas estamos viviendo una experiencia que creíamos olvidada en la vieja Europa. La invasión de Ucrania por parte de Rusia nos evoca esa terrible primera mitad del siglo XX en la que tuvieron lugar las dos guerras mundiales hasta ahora conocidas. En este contexto, “Mirar más allá” significa acoger la llamada del Papa Francisco en Fratelli Tutti 127: “Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos. Este es el verdadero camino de la paz, y no la estrategia carente de sentido y corta de miras de sembrar temor y desconfianza ante amenazas externas. Porque la paz real y duradera sólo es posible «desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana”.

Desde otra óptica, el mes de marzo celebramos tres acontecimientos con un marcado carácter laical: El Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), San José (19 de marzo) y la Anunciación del Señor (25 de marzo).

La mirada feminista nos anima a desarrollar una nueva sensibilidad que deben impulsar caminos que incorporen de forma clara esta perspectiva. La presencia de tantas mujeres maristas a lo largo y ancho de nuestro mundo está configurando ya un nuevo modo de contemplar y encarnar el carisma.

María y José inspiran nuestro seguimiento de Jesús como laicas y laicos. Celebrar estas fiestas del 19 y 25 de marzo nos ofrecen la posibilidad de seguir descubriendo cómo encarnar nuestra vocación laical en la cotidianeidad de la vida: en el mundo laboral, de la familia, del compromiso profético en nuestra realidad social… y hacerlo desde la vivencia profunda de sentirnos llamados, como hijos e hijas predilectos de Dios, que cuenta con nosotros para humanizar nuestro mundo.

En Europa, los laicos y laicas maristas estamos empeñados en dar respuesta a varios retos que nos impulsan a “Mirar más allá”: fortalecer la vocación marista laical, con procesos e itinerarios comunes que nos ayuden a profundizar y crecer en nuestra vocación; dar pasos significativos de comunión en ese espíritu de sinodalidad al que nos impulsa Francisco; seguir impulsando y acogiendo el compromiso de quienes siguen realizando signos de vinculación al carisma marista.

Y, sobre todo, desarrollar la misión a la que nos sentimos llamados desde el regalo de nuestra vocación laical, siendo faros de esperanza y constructores de puentes, favoreciendo una cultura del encuentro y el diálogo, comprometidos especialmente con las causas de quienes viven la exclusión y el descarte en nuestras sociedades.

Equipo Europeo de Laicado: Maye Ballaz (Ibérica), Marta Portas (L’Hermitage), Wolfgang Hacker (Europa Centro-Oeste), Eladio Díez (Compostela) y Manu Gómez (Mediterránea)

Una mirada morada al carisma marista

Silvia Martínez Cano – Provincia Ibérica*

Entre el tiempo de Marcelino Champagnat y nuestro tiempo no solo hay una gran distancia de años, sino también de formas de entender la realidad. En la intuición de Marcelino, estar cerca de los olvidados en aquellos tiempos convulsos, había un interés en cuidar la acción de los hermanitos de María como una presencia no solo reconfortante sino reconocedora. Esto quiere decir que la presencia y el cuidado en el carisma marista van acompañados por un reconocimiento no solo del valor de la vida de la persona, sino que incide en el reconocimiento de la valía y agencia de la persona que ha sido abandonada y descartada. Para mí, como laica marista vinculada, como teóloga y como mujer, la “experiencia Montagne” hoy, a la distancia de dos siglos, sigue siendo central para entender la apuesta comunitaria y misional de los maristas en el mundo. La experiencia vivida por Marcelino con aquel joven moribundo puede ser reconocida hoy en otros lugares de nuestro mundo y en otros colectivos que, también en tiempos convulsos, claman ser escuchados. Tres son las grandes urgencias de este mundo hoy: la pobreza, las migraciones y las mujeres. Estos son nuestros signos de los tiempos hoy. Existe un denominador común de los tres, esto es, un modelo patriarcal, jerárquico y dominador, que excluye, abusa y somete a los más vulnerables. Pero, además, constatamos que el 70% de los pobres y migrantes son mujeres y la brecha entre hombres y mujeres en el mundo aumenta con la crisis permanente que vivimos. Las mujeres son la clave de comprensión de nuestra realidad rota. La intuición de Marcelino —acompañar al abandonado— hoy atraviesa la vida de las desheredadas y olvidadas de esta tierra.  

Mi experiencia como laica marista me invita a dirigir parte de mis esfuerzos sobre la misión marista a aquellas que pueden empoderarse desde su vulnerabilidad y transformar el mundo para hacerlo más igualitario, justo y acogedor. De esta manera ampliamos otra intuición que está presente en los desarrollos iniciales del instituto, la condición de igualdad entre los hermanitos de María —todos hermanos, todos laicos— y con aquellos y aquellas que son destino de su misión —de nuevo, todos hermanos y hermanas, todos laicos y laicas—. Aportar esta perspectiva feminista, es decir, aportar a una perspectiva de igualdad en el trabajo y vida marista contribuye no solo a ser más fieles a los orígenes del carisma, sino a seguir incidiendo en el verdadero sentido del evangelio, sentarnos en una misma mesa seamos libres, esclavos, hombres, mujeres, griegos o judíos (cf. Gal 3,28).

Por eso, una mirada morada al carisma marista no es un añadido ni una moda, es una aportación que amplifica nuestra vivencia de la fe sin desviarnos un ápice de la misión. Las aportaciones que puede hacer el feminismo al carisma marista se podrían expresar en dos dimensiones de reflexión y de acción. Una primera dimensión tiene que ver con la vida marista y otra con la misión marista.

Nueva sensibilidad hacia la experiencia religiosa

Las aportaciones feministas a la vida marista nos muestran una nueva sensibilidad de algunas mujeres hacia la experiencia religiosa y también hacia la experiencia del mundo. En concreto, reformula el concepto de fraternidad que está en el centro de la propuesta del Evangelio. Su centralidad se dibuja a través de dos nociones: la primera es la inclusión y la segunda es la equidad. La inclusión se puede entender como esa acción que imita la acción de Jesús de incluir en su proyecto a todas aquellas personas que viven en los márgenes de la sociedad. La presencia de mujeres en el grupo itinerante del movimiento de Jesús (por ejemplo, María de Magdala, Juana de Cusa, y otras cf. Lc 8,1-3) y en los discípulos que le recibían en sus casas (por ejemplo, Marta y María de Betania cf. Lc 10,38-42), algo bastante insólito y escandaloso en ese tiempo, nos dice que Jesús no hacía distinción por sexos en su misión. Pero, en nuestras comunidades tenemos una estructura eclesial que durante muchos años ha excluido a las mujeres. Quizá lo que nos pide el Evangelio hoy, con los signos de los tiempos que intuimos, es generar una serie de comunidades dentro de la gran comunidad carismática que sean signos vivos de que hay una inclusión real y efectiva de hombres y mujeres como hermanas y hermanos. Esto significa que, en la forma de vivir y organizarnos en igualdad, el primer paso es soñar juntos todas estas cuestiones y definir un trabajo de inclusión igualitaria. Después ponerlo en práctica. Este trabajo repercutirá no solo en la vida y en la espiritualidad cotidiana marista sino también en lo institucional. Hoy la presencia de mujeres en el instituto con voz y voto no es un añadido sino un signo de los tiempos que transforma nuestra estructura vital y organizativa para que sea mucho más igualitaria.  La inclusión activa y no condescendiente es fundamental para transformar la estructura del instituto y amoldarnos a otro tiempo epocal, como dice Francisco.

Por otro lado, la equidad avanza por delante de la igualdad. En la equidad no solo igualamos, sino que damos a cada persona lo que necesita. En este sentido no todos y todas necesitamos lo mismo, porque no estamos en el mismo lugar en la sociedad. Tampoco tenemos las mismas oportunidades. Sucede igual dentro de la vida comunitaria. La equidad aporta ese «plus» que muchas necesitan para desarrollar sus talentos de la comunidad. Está vinculado con el reconocimiento de la valía de la agencia de las mujeres, de sus ideas, de sus acciones y de su espiritualidad dentro de nuestras comunidades maristas. La espiritualidad cristiana feminista lleva tiempo desarrollando modelos de cuidado de la comunidad que tienen muchas conexiones con nuestro carisma marista. La empatía, la reciprocidad y el reconocimiento del otro como sujeto digno, son rasgos compartidos. Otros podrían incorporarse con facilidad a nuestro carisma:  la presencia de procesos de reconciliación, de procesos de comunicación y de modelos de cuidado inclusivos y empoderantes. Incluir y empoderar significaría que cuidamos con especial a aquellas mujeres que son ignoradas por la comunidad por su condición sexual y que las acompañamos para que desarrollen sus talentos enfrentando su vida e incorporándose a la comunidad cristiana en igualdad de condiciones. Poner en marcha esta praxis nos llevaría a crear y crecer en una comunidad mucho más igualitaria y ser signo y modelo para otros.

Cercanía y familiaridad

Las aportaciones que puede hacer el feminismo cristiano a la misión marista podrían potenciar el carisma refrescándolo y multiplicándolo. El estilo carismático que los maristas tenemos se vive especialmente desde la cercanía y desde la familiaridad. Este estilo nos conecta a dos elementos fundamentales de los signos de los tiempos actuales que pueden mejorar la misión que estamos haciendo hoy los Maristas. Por un lado, estamos en tiempo de profetismo. Es el profetismo de María el que nos motiva y exhorta especialmente como congregación. Nuestra advocación de María Madre hoy se expresa en la María profeta, María del magníficat, que es una María que se atreve a pasar el umbral prohibido para las mujeres —el umbral de la casa—, y se pone en camino a Ain Karem. María en camino es hoy advocación marista en nuestras misiones internacionales, intercongregaciones y ad gentes. En el profetismo de María que anuncia que los que tienen prohibido vivir pueden tener una vida más vivible (cf. Lc 1,39-56). Por otro lado, nuestro estilo familiar pone especial atención en el cuidado cotidiano. La espiritualidad cristiana feminista tiene claves interesantes que pueden potenciar lo que ya es propiamente nuestro. Pensar el cuidado como una forma de misión, no solo como un rasgo carismático inconsciente, ayuda a que en nuestras obras de educación formal y no formal y en otros ámbitos sociales las relaciones entre niños y niñas, mujeres y hombres sean sanas e igualitarias. No podemos dar por supuesto que esto se da en nuestro mundo, sino que hay que construirlo día a día desde el cuidado y la familiaridad. La teología del cuidado que está desarrollando la teología feminista nos aporta algunas claves para desarrollar en nuestros lugares de misión una educación igualitaria.

La importancia de la escucha activa, del acompañamiento y de la cercanía sencilla construyen una educación equitativa y personalizada que permite un mundo diferente mucho más igualitario. En ese sentido, es pertinente introducir en nuestros proyectos de misión cuestiones relacionadas con la educación a la igualdad, educación a por la diversidad, la educación sexual como un elemento fundamental en el hoy para para construir familias sanas, o diseñar proyectos educativos específicos para la promoción de las mujeres empobrecidas,  especialmente jóvenes y niñas, propio de nuestro carisma, para que tengan oportunidades ante las dificultades que ellas se encuentran en la vida social y laboral y puedan afrontar los techos de cristal y la violencia estructural que las margina.

Sin duda, el carisma de Marcelino hoy no se agota, sino que se multiplica en aquellas que son parte y esperanza del mundo, animadoras y compañeras en nuestras comunidades y líderes de caminos maristas que todavía están por explorar.

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* Silvia es laica marista vinculada de la Provincia Ibérica. Profesora de Teología Fundamental y Pastoral. Profesora de Artes. Artista multidisciplinar (www.silviamartinezcano.es)

¿Cómo vivo hoy mi Ser Laica Marista?

Patricia Cuesta – Compostela – Educadora en el colegio “Liceo Castilla”, de Burgos

Dejo que resuene la pregunta en el silencio, y aparece la palabra DISPONIBLE. En este momento para mi ser laica Marista es una llamada a estar disponible, a vivir atenta y al servicio de la Misión, y poner especial cuidado en los que más lo puedan necesitar.

Y para mi SER laica Marista, soy consciente de que necesito hacerlo en “Común Unión” en comunidad, en FAMILIA. Tengo la suerte de ser Educadora en el colegio “Liceo Castilla” y vivo mi servicio día a día con niños, jóvenes y educadores maristas, pero para el cuidado de mi Espiritualidad Marista vivo experiencias también acompañando a los jóvenes de Marcha y Formando parte de un Grupo de Espiritualidad Marista “Familia Hermitage” que es para mí la fuente de cuidado.

Añado, además, que pertenecer al Equipo de Vida Marista, me está dando la oportunidad de participar en el Itinerario de Vida Marista, en el que comparto un tiempo para SER acompañada de personas con las mismas inquietudes y rodeada de REFERENTES.

Y todo esto lo voy cuidando con el ACOMPAÑAMIENTO personal y con los momentos y experiencias de SILENCIO que me hacen comprender, asentar e interiorizar lo que como Laica Marista voy viviendo. Y con la oportunidad que se me brinda de poder vivirlo con mi familia.

Hoy vivo mi ser Laica Marista desde la CONFIANZA en DIOS, y desde el modelo de LA BUENA MADRE.

Mi ser marista va más allá de mi trabajo

Amaya Espuelas – Ibérica – Profesora del colegio marista “San José”, de Logroño

Soy Amaya Espuelas de la provincia Ibérica y soy laica marista. Me considero muy afortunada porque puedo compartir la misión que nace de mi vocación con mi profesión. Pero mi ser marista va más allá de mi trabajo; forma parte de mi vida y de mi ser cristiana.

Es algo que vivo más explícitamente en el colegio y en mi voluntariado como animadora de Grupos MarCha, pero también lo vivo en todos los ámbitos de mi vida.

Hay dos aspectos que me gustaría destacar de cómo vivo mi ser laica marista.

El primero es el sentirme en familia (de verdad, no como frase hecha) cuando me encuentro con otra persona marista en algún lugar o curso, fuera del propio ámbito marista. Me provoca un sentimiento de confianza y unión con esa persona, solo por el hecho de ser maristas. La familia marista es gigante y es una suerte formar parte de ella.

El segundo aspecto es la oportunidad que se nos brinda dentro del propio Instituto para compartir conocimiento y, sobre todo, vida con otras personas laicas maristas, como en el curso de líderes del carisma laical que estoy haciendo estos meses. Esto alimenta mi fe y mi vocación.

En definitiva, puedo afirmar que lo marista inunda mi vida y me hace feliz.

Ser laico marista hoy es irradiar el amor de Cristo «Donde Él nos ha plantado”

Anne-Marie et Charly Loutsch – West Central Europe – Habay, Bélgica

Durante muchos años, a través de la escuela y la pastoral, a través de nuestros hijos, nos hemos impregnado del espíritu marista. Poco a poco ha ido creciendo en nosotros, personalmente y como pareja.

Con mi esposa, Anne-Marie, y en comunión con las comunidades de los Hermanos Maristas de Habay y Genval, a las que estamos unidos, asombrados por la riqueza de las enseñanzas y del compartir de nuestro acompañante y apoyados por nuestra Fraternidad local, hemos asumido recientemente el compromiso de trabajar en la gran familia marista.

A través de la oración regular en nuestra pareja, nuestros ojos, oídos y corazones han ganado en sensibilidad y nos han permitido tener otro acercamiento al otro, a nuestros hijos, a nuestros amigos. Nos sentimos, pues, implicados en esta misión de hacer realidad la unidad de nuestra familia marista allí donde vivimos.

La pandemia nos ha impedido vivir los contactos humanos normales. El futuro nos dará más oportunidades para dar un mayor testimonio de nuestra experiencia marista en paz, alegría, amor y humildad. Sentimos la urgencia de esto.

El nuevo comienzo es ahora.

La luz de la sensibilidad, del afecto, del respeto, de la enseñanza

Rita Silva – Compostela – Educadora en el Externato Marista de Lisboa

Hoy vivo mi «ser marista laica» con la mirada puesta en el presente, mirando al futuro, pero también mirando al pasado.

Recuerdo a personas que fueron puntos de referencia en mi camino como estudiante marista, que me conmovieron por su carisma de compromiso con la misión, por su dedicación, por su profesionalidad, pero también por su atención a las necesidades de cada uno.

Nuestra historia actual y la forma de entender nuestro presente deben basarse también en la memoria de lo que fuimos.

Parte de lo que soy es un reflejo de lo que cada uno de ellos me transmitió a mí, laicos y hermanos maristas. Testigos de nuestra historia, nuestro carisma y nuestras referencias: Jesús, María y Marcelino Champagnat.

Me siento comprometida con nuestra misión y con ser un testigo diario. Sentirme marista de corazón. Un corazón abierto a la diferencia, tratando de comprender al otro como un ser único e individual, con todo su potencial y también sus debilidades.

Mi manera de vivir mi «ser laica marista» se basa en una luz que creo que el mundo necesita. La luz de la sensibilidad, del afecto, del respeto, de la enseñanza; pero también la luz del amor al prójimo y de la creencia en un mundo mejor.

Vivir en una comunidad con Hermanos

Rosa Cicarelli – Mediterránea – Comunidad mixta de Giuliano

Ser una laica marista hoy es ciertamente un gran desafío: vivir en una comunidad con hermanos me ayuda ciertamente a cultivar y alimentar mi misión. Lo importante para mí es, sin duda, escuchar al otro y cuidarlo. Cada vez son más los jóvenes que ven la necesidad de hablar, de confiar: saber que tienen a alguien que les escucha es sin duda un alivio para ellos. Los dos años de pandemia nos han «puesto a prueba» a todos, pero los más afectados por la falta de socialización o una socialización atípica son, sin duda, los jóvenes, y con ellos, como con todos, intento cada día construir un diálogo que se base en la escucha activa.


Ser laica marista hoy sigue siendo seguir el ejemplo de tantos hermanos que llevo en mi corazón, poniendo en práctica su enseñanza de la presencia. En la sencillez alimento mi vida espiritual con momentos de oración comunitaria: la comunidad sigue siendo el instrumento que me acerca al Señor con la sencillez de María.

Estar en unión con el mensaje de Marcelino

Colette Orlandi – L’Hermitage – Vinculada al carisma Lagny-Sur-Marne

Cuando mi obispo me concedió la consagración de “Viuda Consagrada” algunas personas me hicieron la pregunta: “¿Qué cambia esto para ti?”
Hoy, después de la vinculación marista concedida por el Instituto, me hago la misma pregunta y obtengo la misma respuesta: “¡No cambia nada, pero lo cambia todo!”
Después de un largo camino espiritual y marista, tengo la impresión de haber llegado al final de mis expectativas: encontrar una familia espiritual que cumpla ciertos criterios. Pero unirse a la familia marista es también y sobre todo comprometerse a compartir la vida espiritual y la misión.
Eso responde a mis expectativas porque finalmente mis diferentes etapas de vida humana y espiritual habían encontrado el resultado que buscaba desde hace años: una familia religiosa que me aportara apoyo en mi vida espiritual y con la que pudiera compartir la oración, la palabra, la misión, etc.
Vivir y comprometerme con esta familia marista que el Señor había puesto en mi camino, sin que yo fuera consciente de ello en el momento de mis primeros contactos.  A través de los altibajos de mi vida, el camino fue programado por el Señor, hoy estoy convencida de ello.
Al pedir esta vinculación marista, mi proyecto es estar más en unión con el mensaje de Marcelino, impregnándome de la formación dada a sus hermanos para vivir mi vida cristiana de la mejor manera posible.
Pedir esta vinculación es también compartir la misión, ser testigo a través de mis diferentes misiones maristas y pastorales.

En este sentido, por tanto, ¡nada ha cambiado!
Mi vida sigue orientada diariamente hacia mis hijos, mi familia, mis compromisos parroquiales, alimentada por la oración y la vida comunitaria.
Esta experiencia, ya sea en la comunidad o en la parroquia, acentúa mi responsabilidad como “testigo” al servicio de la misión marista y parroquial.
Este compromiso público me responsabiliza y, al igual que el de mi consagración, refuerza desde dentro lo que vivo fuera, lo que provoca una cierta mirada de cuestionamiento en los contactos que hago.
¿No es ese el objetivo? ¡Interrogar para dar testimonio!
¡Doy gracias al Señor como María! Expreso mi “Magnificat” porque el Señor hace maravillas en mí, en nosotros!

La vida en clave marista

Laia Balaguer, Provincia L’Hermitage – Colegio Maristes La Inmaculada, de Barcelona

A veces, cuando hacemos comidas familiares, doy gracias a mis padres por haber tomado la decisión de escoger a los Maristas como escuela donde formarme. Ellos siempre me dicen que nunca se hubieran imaginado lo importante que serían para mí y mi hermano los Maristas. Los Maristas me han acompañado desde pequeña, y ahora no sólo avanzamos juntos, sino que ahora me siento parte de la comunidad. Como laica, procuro vivir las experiencias que la vida me regala en clave Marista. Lo que debía ser un espacio formativo como escuela, ha sido un espacio en el que crecer como persona y cuestionarme el porqué de muchos de mis actos. Vivir la vida siendo consciente de todo lo que me regala, del don que me ha dado Dios para afrontar cada reto con valentía y optimismo. Vivir desde el servicio, poniéndome el delantal y ensuciándome las manos para mí y por los demás.

Ahora mismo me encuentro en un proceso personal de discernimiento. A través del itinerario acompañado de profundización marista me cuestiono cómo vivo hoy el hecho de ser marista laica. Antes de empezar sólo sabía que el mensaje de Marcelino me llamaba, pero no sabía el motivo ni cómo podía llevarlo a mi día a día. No es nada fácil vivir desde la sencillez, la modestia y la humildad. No es nada fácil ser la diferente y la única que tiene fe ciega entre tu grupo de amigos y amigas. Pero lo que tengo claro es que esto no me detendrá, me seguiré formando y seguiré involucrándome en todo aquello que la vida me regale. Ser Marista es algo que me define.