Compartiendo 6 – Vocación Marista Laical

Boletín del laicado marista

Todas las diócesis del mundo entran en nuestros planes

Carole Wark – Secretariado de Laicos Ampliado

Saludos a toda la familia global de parte de los hermanos y hermanas de este extremo de la tierra: OCEANÍA. En esta parte del mundo, es costumbre establecer sus conexiones antes de que pueda comenzar cualquier negocio. Espero que podáis conocernos un poco mejor por medio de este COMPARTIR con vosotros en esta edición al tiempo que caminamos juntos como Maristas en el proceso del Foro Internacional de la Vocación Marista Laica.

¿Quiénes somos la gente de Oceanía?

La diferencia horaria entre Tarawa, Kiribati y Roma es de 10 horas. Vivimos en el futuro de otros.

La distancia que hay entre Apia, Samoa y Roma es de 16.858 kms. Somos gente que entiende las distancias.

Viajar los 9.813 kms. que hay desde el punto más occidental, Perth, Australia, hasta el punto más al este, Kiribati, nos lleva 19 horas y 37 minutos. Desde el punto más al sur, Invercargill, in Aotearoa New Zealand hasta el punto más al norte en Wewak, Papúa Nueva Guinea, hay 5.324 kms. y se pueden tardar días, no horas, en el viaje. Somos gente que viaja.

Nuestros pueblos hablan más de 1000 idiomas. Tenemos historias muy antiguas, algunas tan antiguas como 60.000 años. Tenemos profundas tradiciones y experiencias de comunidad y familia. Nos desplazamos, somos creativos e innovadores porque el cambio es una constante de nuestra historia. Llevamos con nosotros las bendiciones y las cargas de la colonización. Somos un pueblo rico en la diversidad cultural.

Siempre estamos mirando los cambios en el horizonte en medio de la abundante belleza natural de nuestra región. Los océanos, el clima y las estrellas nos conectan y nos unen. Somos gente que entiende cuál es su lugar en la fragilidad de la tierra y en el ritmo del universo y miramos al cielo en busca de ayuda cuando emprendemos nuestro camino.

Nuestros orígenes maristas en Oceanía están intrínsecamente ligados a la misión. Y, aunque no lo parezca, esos orígenes tienen un reconocimiento canónico y civil, uno de los tópicos que se van a trabajar en el próximo Forum.

En el año 1836 el Papa aprobó el que los Padres Maristas se encargaran de la labor misionera en Oceanía. El P. Champagnat solicitó unirse a aquellos que iban a ir a Oceanía, pero, debido a su edad y su mala salud, el P. Colin le convenció de que su mejor manera de ayudar consistía en preparar a otros más jóvenes que pudieran ir. Entre 1836 y 1858, 34 Hermanos Maristas salieron del L’Hermitage, France, para ayudar a los Padres Maristas en su trabajo de expandir el Evangelio por varios lugares de Oceanía. La vida era difícil y extremadamente peligrosa y, para algunos, imposible. Tal vez fue Antoine Colomban, anteriormente el H. Michel, quien fue el primer laico marista de Champagnat en Oceanía.

Partió en barco desde Francia con Monseñor Pompallier y Peter Chanel y fue el primer Hermano Marista que puso pie en Australia, cuando hicieron escala en Sydney, camino de Aotearoa, Nueva Zelanda. A pesar de su importante contribución en la fundación de los primeros asentamientos en Aotearoa, dejó la congregación quejándose de que no le habían dado la oportunidad de ejercer su vocación en la enseñanza. (Puedes leer más sobre todo esto aquí)

Fue también en 1836 cuando el P. Champagnat viajó a Paris para tratar de conseguir el reconocimiento del gobierno francés de la Congregación de los Hermanos para así evitar las restricciones, regulaciones y desafíos en torno al servicio nacional militar y la formación del profesorado. Regresó en 1838, obteniendo el mismo frustrante resultado y le correspondió al Hno. Francisco conseguir estos permisos después de la muerte del P. Champagnat.

En 1872, 32 años después de la muerte de Marcelino, tres Hermanos Maristas llegaron a Sydney para iniciar la primera escuela en The Rocks. Siguiendo las huellas de los primeros Hermanos que habían llegado antes que ellos, el compromiso y la entrega de estos tres Hermanos tuvieron un impacto considerable en la educación católica en Australia. Igualmente llegaron a Aotearoa, en Nueva Zelanda, otros cuatro Hermanos en 1876 que pusieron en marcha la escuela de Wellington.

Como se ve desde los mismos comienzos, la educación y evangelización han sido el don del carisma en Oceanía. Como Hermanos y Laicos maristas, unimos la misión de dar a conocer a Jesús y hacerlo amar entre los más necesitados a nuestra vocación de educar. La red de escuelas que tenemos en Oceanía en las que Hermanos y Laicos Maristas forman comunidad de varias maneras, tiene profundas raíces en la diversidad cultural y en las iglesias locales y son faros de esperanza para los jóvenes que tienen el privilegio de ser educados y evangelizados por ellas.

El cambio es constante para nosotros. Si echamos un vistazo a nuestra historia observamos que la reestructuración ha sido parte de nuestro proyecto marista en Oceanía desde sus comienzos. En estos momentos estamos viviendo un proceso de formación de la nueva provincia, Estrella del Mar, que empezará en 2022 y comprenderá un área de 8.525.989

kilómetros cuadrados y 10 países en los que tenemos presencia marista.

Una vez más tenemos que mirar al cielo e iniciar nuestro camino junto a las estrellas, como los Magos, poner nuestra fe en Dios y en los demás, emprender un nuevo gobierno, soñar y bailar la danza de la misión con muchos otros compañeros. Cuán bendecidos somos de que la danza, que late con tanta fuerza en el corazón de nuestras culturas indígenas aquí, tenga la posibilidad de reverberar de nuevo a medida que nos abrimos a acoger, nutrir, vivir y compartir nuestra vocación con la esperanza de traer un renovado compromiso y vitalidad a ¡Nuestro Proyecto Marista en esta parte del mundo!

Que María, nuestra Buena Madre y Estrella del Mar, sea nuestra compañera y guía. Que St. Marcelino nos llene de su entusiasmo y pasión por los Montagnes de aquí en los confines de la tierra. Familia Marista, os pedimos vuestras oraciones, como nosotros lo haremos por vosotros, estando unidos en la danza del amor fraterno.

La vida marista en los cobertizos de Australia | Nathan Ahearne

En vísperas del sesquicentenario de la vida marista en Australia, los maristas continuamos sorteando las presiones externas de la gobernanza, respondiendo a las exigencias de un paisaje secular en constante evolución, y practicando la agilidad de hacer nacer la vida de Cristo a la manera precaria y con los pies en la tierra de María y José, que acogieron a Jesús en los cobertizos** de Belén.

A pesar de nuestros desafíos, la misión marista está viva en las escuelas, los ministerios y los grupos locales de la Asociación movidos por el espíritu de vida en nuestras diversas y vibrantes comunidades eclesiales. El Espíritu Santo sigue produciendo frutos que perduran y relaciones que sostienen nuestra iglesia ecléctica, magullada y esperanzada. 

Asociación Marista de San Marcelino Champagnat

El XXII Capítulo general de los Hermanos nos llamó a ser místicos y profetas en comunión. Para seguir esa desafiante llamada, necesitamos los firmes cimientos de la comunidad, la espiritualidad y una misión que nos proporcione un sentido de pertenencia, un encuentro de fe y un propósito de ser. La Asociación Marista de San Marcelino Champagnat pretende ofrecer una experiencia de acogida, de crecimiento y un modo de compartir la vocación. En el cobertizo de la Asociación Marista hay lugar para todos; los pastores, los reyes magos, los ángeles, los animales y la Sagrada Familia encuentran refugio bajo este techo de hierro.

La Asociación Marista ofrece mucho más que un refugio contra una tormenta pasajera. La Asociación fue concebida y ha cobrado vida a lo largo de la última década, nacida del deseo de corresponsabilidad de la misión en los fértiles campos de Australia y más allá. Ha sido un proceso lento de crecimiento, desarrollo continuo y autorrealización, de encontrar nuestro lugar en la familia global y de mantener nuestro apego al carisma fundacional.

Existe una tensión sana y natural entre los compromisos individuales y corporativos de un órgano de gobierno que tiene obligaciones canónicas y civiles, por un lado y por otro  tiene que ejercer un liderazgo espiritual y pastoral. Siempre hemos seguido nuestra intuición adoptando procesos de sinodalidad y diálogo genuino en el discernimiento de la configuración de la vida y la misión a todos los niveles. El Papa Francisco habla de una «ecología integral» que respeta la interconexión y la importancia de la interrelación de nuestro medio ambiente, sociedad y cultura. Esta comprensión puede aplicarse también a nuestra misión y carisma maristas que son más que lo que hemos heredado del pasado; es también, y sobre todo, una realidad presente viva, dinámica y participativa.

En Fratelli Tutti aprendemos que «nuestro modelo debe ser el del poliedro, donde al mismo tiempo que cada uno es respetado en su valor, «el todo es más que las parte, y también es más que la mera suma de ellas»» (Fratelli Tutti, 145). Dejando de lado la geometría, los maristas somos conscientes de la Asociación colectiva a la que pertenecemos y del lugar que ocupa nuestra Asociación en el contexto de la familia marista global. El Papa Francisco pinta una imagen de comunidad en la que las diferencias «conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente, aunque esto implique discusiones y diferencias» (Fratelli Tutti, 215).

A lo largo de quince años de formación y acompañamiento como educador marista, siete años como miembro de la Asociación Marista, tres años como Consejero de la Asociación y ocho meses en el Equipo de Formación para la Misión y la Vida Marista, he llegado a apreciar y atesorar el don de la Espiritualidad Marista. Me ofrece una visión y un propósito que es verdaderamente audaz, inclusivo y me ha llevado más allá del horizonte que tengo delante. Me siento llamado a cambiar las vidas de los jóvenes, a animar la vida de fe de las comunidades de toda Australia y a seguir fielmente la estrella que guió a aquellos curiosos pastores por los oscuros campos de Judea. 

Agradezco a quienes me guían en mi camino vocacional; a las mujeres y hombres sabios que me ayudan con suavidad y cuidado a descubrir los hilos de oro que se tejen en mi vida. Aunque no me enfrento a los peligros de la Sagrada Familia que huye de Egipto para escapar de la persecución, he visto cómo la fe de amigos y familiares se ve sometida a importantes desafíos, en una creciente cultura de indiferencia hacia la religión. Sin embargo, miro al futuro con esperanza y alegría, sabiendo que el mismo Espíritu que impulsó a Marcelino a subir las escaleras de Lyon, impulsa también mi celo por ser uno de los rostros marianos de la Iglesia de hoy.

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* Nathan Ahearne fue elegido miembro del Consejo de la Asociación Marista de San Marcelino Champagnat en 2018. Terminará su mandato a finales de 2021. Actualmente está en comisión de servicio en el Marist College de Canberra, trabajando en el Equipo de Misión Marista y Formación para la Vida. Está casado y tiene cuatro hijos.

** Shed (cobertizo) es un término utilizado en el inglés australiano para referirse a una estructura sencilla con techo que se utiliza para almacenar herramientas, utensilios de jardinería, barcos, etc. También tiene la connotación de ser un lugar donde se realizan trabajos y proyectos, se reparan cosas, se construye. No se puede vivir en un cobertizo, pero puede escapar a un cobertizo para olvidarse de sus preocupaciones haciendo pequeños ajustes o trabajando. Se puede usar para esquilar ovejas, pero generalmente no se usa para albergar animales. Los cobertizos se encuentran con frecuencia en la parte trasera de las casas, en lo que los australianos llaman el «patio trasero».

Charla con Daniel y Katie, laicos maristas de Australia

El proceso del Foro Internacional para la Vocación Marista Laical tiene cuatro «grandes preguntas» que el Secretariado de Laicos desea explorar con los maristas de todo el Instituto. Giran en torno a las cuestiones de la elección vocacional, la formación, la pertenencia y las estructuras jurídicas que apoyarían la vida y la misión marista a nivel mundial. El proceso del Foro tiene un componente que permite el diálogo y el discernimiento a nivel local y regional antes de la experiencia del Foro presencial prevista para noviembre de 2022 en Roma.

Al comenzar el proceso preparatorio aquí en Oceanía, pensamos que sería estupendo escuchar a algunos de los laicos maristas comprometidos de Australia, y compartir esos pensamientos con otros a través del Boletín COMPARTIENDO. Así que Carole entrevistó a Katie y Daniel Lynch, dos miembros de la Asociación Marista de San Marcelino Champagnat, que actualmente viven en Perth, Australia Occidental.

Carole: ¿Están de acuerdo, como maristas en nuestra parte del mundo, en toda Oceanía, no sólo aquí en Australia, en que miramos a la Iglesia y al mundo a través de la lente de la FAMILIA? ¿Cómo influye esta visión marista de la FAMILIA en la manera de trabajar, vivir y crecer como maristas? ¿Matiza o da forma a la manera en que ustedes viven y trabajan, y hacen crecer su propia familia joven?

Daniel y Katie

Estamos de acuerdo con esto en gran medida. La espiritualidad marista tiene un origen y una expresión profundamente relacional y familiar, basada en el testimonio y la fidelidad de María, la Madre de Jesús y primera discípula. La comprensión de María como Theotokos, «madre de Dios», informa una perspectiva distintiva de nuestro trabajo o ministerio, y la forma en que vivimos y crecemos como testigos de Jesucristo a través del testimonio de fe, el amor permanente fidelidad y abnegación de su madre. El énfasis y la dimensión mariana de la espiritualidad marista vive auténticamente en el contexto de nuestro ministerio mutuo en el sacramento del matrimonio y a través de la vida y el amor celebrados en nuestro matrimonio que tiene como fruto nuestros dos hijos y nuestro amor mutuo.

Carole: ¿Qué les atrajo del carisma marista? ¿Qué les ha mantenido fieles a él como forma de ser cristianos católicos?

Daniel

El carisma marista me atrajo, y me sigue atrayendo, por diferentes razones. El carisma marista, como estudiante en edad escolar, me ofreció inicialmente un contexto accesible, práctico, familiar y relacional a través del cual pude llegar a explorar y desarrollar apasionadamente mi camino de fe en un momento crítico de mi vida como adolescente. Con el tiempo, mi propia espiritualidad se ha enriquecido a través de mi aprecio por María, mujer, y a través de ella, mi relación permanente con Jesús. El carisma marista ofrece un lugar dentro de la vida de la Iglesia donde puedo expresar y experimentar mi fe en una comunidad local, nacional e internacional. La fidelidad, el testimonio y la fe de los laicos y laicas comprometidos y de los hermanos maristas que me han acompañado en mi camino han renovado continuamente mi compromiso con esta forma de vivir como cristiano católico. He llegado a apreciar el desarrollo de la «Buena Noticia» en mi propia vida, y mi propio seguimiento de Jesús se ha mantenido a través de mi caminar marista.

Katie

El carisma marista ha sido y sigue siendo un complemento y un enriquecimiento maravilloso e inesperado en mi camino de fe. Como profesora en lo que me he graduado recientemente,  el carisma marista me ofrecía un contexto tangible, accesible y auténtico para dar testimonio de la fe en un entorno educativo, pero también me invitaba, como joven, a comprometerme con mi propio camino de fe. Los cinco pilares del carisma marista han tenido diferentes influencias en diferentes momentos para mí como persona soltera, como profesora, como esposa y como madre. Es realmente un carisma que nos invita a todos, laicos y religiosos, dondequiera que estemos internacionalmente a ser fieles a él como cristianos católicos a través del enfoque: …todo a María para Jesús.

Carole: Muchas personas, cuando experimentan el carisma marista más profundamente en sus vidas, hablan de sentirse como si hubieran «vuelto a casa», lo que trae consigo un creciente sentido de querer conectarse más, hacer más, ser más. ¿Han observado esto personalmente o en otros en su contexto marista? ¿Cuál ha sido la respuesta? ¿Hubo desafíos y alegrías que esta conexión ofreció?

Katie:

Sí, lo he observado en otros. Aunque puede haber una apreciación de las experiencias e interacciones con otros carismas, he observado preferentemente que los que experimentan el carisma marista, se asocian fuertemente con este sentimiento de «volver a casa». Me identifico con ello: al mudarme al otro lado del país con mi marido hace 5 años, y dejar a la mayoría de nuestra familia y amigos en los estados del Este de Australia, ambos asumimos funciones en el Newman College de Perth y el carisma marista estaba indudablemente «vivo y bien». Nos ayudó enormemente en la transición a nuestras nuevas vidas en nuestra nueva ciudad y nos sentimos como «en casa». Tener un carisma tangible, familiar y auténtico dentro de nuestro ministerio y de nuestra vida en un nuevo lugar geográfico fue una afirmación de la vida y apreciamos profundamente las alegrías que esta oportunidad nos ofreció y nos sigue ofreciendo.

Daniel:

He crecido con el carisma marista: me ha hablado como alumno de la escuela, como joven adulto, como hombre en formación para la vida como hermano marista, así como como hombre casado y padre. Siento firmemente que el carisma marista ha sido el «hilo» conductor que conecta los muchos viajes y experiencias de mi vida (¡independientemente del estado vocacional!) permitiéndome participar, conectar, hacer más y ser más. El «hogar», por lo tanto, sigue estando dentro de un contexto más amplio de la vida marista, ciertamente en un umbral emocionante y dinámico para el proyecto marista en toda Oceanía y el mundo. Tengo un profundo sentimiento de «estar en casa» con los laicos Maristas, Hermanos Maristas y en el contexto de la pastoral marista «formal». Siempre me he sentido libre de responder con mi propio «sí» a todas las invitaciones que he recibido para conectarme de diversas maneras en mi continuo camino marista. He sido muy afortunado por haber sido invitado. Compartir este viaje con mi mujer y mis hijos sigue siendo el más grande regalo.

Carole: ¿Qué papel ha jugado la formación en su camino como maristas? ¿Cuáles son algunas de las experiencias formativas que han configurado su sentido de identidad marista, específicamente como laicos? ¿Qué ha sido clave para alimentar su vocación como laicos maristas?

Daniel:

La formación marista para mí ha sido por ósmosis; rodeado de innumerables laicas, laicos y hermanos maristas que me han ofrecido su testimonio, su fe y su audacia para vivir la vida marista. Me siento afortunado de haber vivido la formación marista en el contexto de mi discernimiento de la vocación de hermano marista. Sin duda, esto me proporcionó una rica e inigualable experiencia de formación marista que me ha marcado hasta el día de hoy. Como laico marista he tenido la suerte de experimentar las oportunidades que ha proporcionado el Equipo de Misión y Formación de la Vida Marista, las experiencias de retiro en el Hermitage, Mittagong, así como las muchas y variadas oportunidades que se ofrecen a través de la Asociación Marista de San Marcelino Champagnat. Siento que existe una nueva «ventaja» en la formación de la vocación de laicos maristas, en contraste con la diferencia entre los «maristas en el ministerio» como líderes y animadores, y los que están discerniendo a sí mismos como «laicos con vocación marista «, aunque, por supuesto, no son mutuamente excluyentes.

Carole: Ninguno de los dos trabaja ahora en colegios, así que la pastoral marista no es lo que les ayuda a mantener su vida marista. ¿Qué mantiene su perspectiva misionera y marista? ¿Qué es lo que los mantiene apasionados por la misión?

Katie y Daniel:

Aunque no estamos en un ministerio marista por primera vez en nuestras «vidas laborales», yo (Daniel) tengo la suerte de ejercer el ministerio en el contexto de la iglesia local de la archidiócesis de Perth y yo (Katie) tengo la suerte de ejercer el ministerio en el contexto de ser asesora educativa en la oficina de Educación Católica de Perth. Sin duda, la consideración de los Hermanos Maristas y de los comprometidos con la educación marista en Australia Occidental ha creado una relación y un contexto de larga duración para la vida marista tanto en Perth como en el estado de Australia Occidental. Esto ayuda a mantener nuestra pasión por la misión marista, ya que «el Oeste» es, por su propia naturaleza, un lugar muy misionero. Saber que estamos conectados más ampliamente con la Asociación Marista de San Marcelino Champagnat en lo que es una parte geográficamente muy aislada de Australia, crea un marco de referencia más amplio para el legado y las tradiciones de la presencia marista dentro de Australia Occidental. Una nueva vida y posibilidad puede surgir de las fundaciones que existen a nuestro alrededor en esta parte del mundo. No obstante, creemos que el carácter y la expresión locales son fundamentales.

Carole: En Australia, tenemos una manera formal de pertenecer y asociarnos como maristas a través de la Asociación Marista de San Marcelino Champagnat. ¿Qué hizo que cada uno de ustedes dijera «sí» a la invitación de unirse? ¿Qué les pide ser miembros? ¿Creen que es necesario tener un compromiso público como laico marista? ¿Es necesario un compromiso público como laicos maristas? ¿Por qué?

Katie y Daniel:

Ambos dijimos «sí» a la invitación de unirnos a la Asociación Marista porque queríamos

contribuir y participar en una experiencia creciente de la vida marista en los lugares donde nos encontrábamos en ese momento. Ser miembros nos invita a compartir la vida marista en un contexto local que es tanto con los miembros de la Asociación como con el contexto de estar en una parroquia. Sí, sentimos que es necesario tener un compromiso público como laicos maristas, por lo que apoyamos el discernimiento posterior de cómo este compromiso público pueda ser concretado más específicamente.. ¿Por qué? Un desarrollo creciente de la vida marista justifica que haya una mayor claridad sobre el compromiso

Carole: Se están produciendo muchos cambios estructurales en esta área del mundo marista. ¿Cuáles son algunas de las preguntas que se hacen sobre el futuro de la vida y la misión marista en esta área del mundo y a nivel global?

Katie y Daniel:

¿Cómo podemos aceptar nuestra diversidad intercultural, intergeneracional y eclesial en Oceanía?

El riesgo es pensar, considerar que la forma de «vida marista blanca» en Australia debería ser el patrón para toda Oceanía.

Carole: Muchas gracias, Katie y Daniel. Bendiciones para ambos mientras realizan todo lo que Dios ha puesto en su camino por ahora, especialmente los regalos de amor que son sus dos hermosos hijos.

 En Oceanía, desde México

Rodrigo Gris Castro – LaValla200> Oaxaca, Región Arco Norte
Mt Druitt Community, Sydney, Regi
ón de Oceanía

La Región de Oceanía ha tenido la suerte de compartir un regalo muy especial de comunidad y misión a través de la Comunidad LaValla200> de Mt Druitt en Sydney.  Además de la extraordinaria experiencia de vivir su llamada vocacional como laicos maristas en una comunidad mixta en una de las zonas más vulnerables para los jóvenes de Sydney, Argelia Hernández y Rodrigo Gris Castro se unieron a uno de nuestros grupos maristas locales, los maristas de la ciudad de Sydney.  Pudimos acogernos mutuamente, alimentar el crecimiento de cada uno, vivir y compartir juntos la experiencia de familia global.  Rodrigo comparte sus experiencias aquí:

Un Nuevo Comienzo, Comunidades LaValla200>

Participar en las nuevas comunidades LaValla200> fue una gran experiencia llena de aprendizajes y desafíos. Hacemos realidad la «disponibilidad global», respondiendo con audacia a las necesidades emergentes, creando comunidades interculturales que atiendan a los jóvenes en los márgenes de la vida. Al participar en el programa de nuevas comunidades, con mi esposa Argelia Hernández, fuimos cómplices del Espíritu, alzamos la mano para algo nuevo, emocionante. Esta es nuestra manera de entender la llamada de la «Anunciación», de responder a la invitación diaria de «Ser Marista».

«No hay futuro viable para las órdenes religiosas internacionales a menos que emprendan seriamente la transición de lo internacional a lo intercultural.» Anthony Gittins

Cada uno de los participantes en el programa recibió la invitación de diferentes maneras: por medio de un discernimiento, caminando con la incertidumbre, pero de alguna manera con la capacidad de responder y cumplir la misión. La gente nos decía que es de valientes y generosos dejar las comodidades del entorno familiar, la propia cultura, la lengua y la familia para vivir y trabajar en una tierra extranjera, quizá lo sea, pero, con los ojos de la fe, el camino que tenemos ante nosotros es una oportunidad dada por Dios, no sólo para servir de forma vivificante, sino también para recibir mucho, compartiendo la experiencia de ser parte de una gran familia marista.

En el año 2016, iniciamos nuestra formación para el programa LaValla200> y durante 4 años nuestra comunidad ubicada en la periferia de Sydney, Australia, trabajábamos de cerca con la Diócesis para resolver el problema de los jóvenes que por varias situaciones abandonaron la escuela, participando en reuniones con los directivos del sistema educativo para encontrar soluciones a la urgente situación de los jóvenes. También trabajamos de cerca con la parroquia local, con los Jesuitas, a través de actividades de la parroquia, compartiendo y celebrando con el espíritu de familia.

Gracias al acompañamiento del Hno. Lawrie, comprendimos que era necesaria una formación al llegar a Oceanía, una cultura diferente, nos encontrábamos lejos de casa, tuvimos que aprender mucho y adaptarnos. El idioma fue un reto siempre presente. El aprendizaje del inglés y del español fue prioritario para nosotros, aunque el inglés australiano se convirtió en el idioma principal utilizado en la comunidad y, por necesidad, en nuestro ministerio. El idioma, aunque está íntimamente relacionado con la cultura, no era más que la punta del iceberg mientras aprendíamos muchas diferencias entre nosotros.

Confrontar el machismo en algunas de las comunidades. Las preferencias de los alimentos, la comprensión del tiempo, las relaciones familiares, la gestión del estrés, el duelo y el luto, la superación de diversas enfermedades, las conexiones con personas ajenas a la comunidad, la espiritualidad y las formas de oración, la comprensión del funcionamiento de la comunicación, las actitudes ante el dinero, las adaptaciones a la cultura, la gestión de los conflictos y una serie de emociones fueron sólo algunas de las diferencias que observamos y tuvimos que aprender unos de otros.

También tuvimos que comprender la singular dinámica comunitaria que supone convivir con personas de diferente edad, género y estado civil. Para nosotros era importante no sólo tolerar y aceptar las diferencias, sino comprenderlas profundamente y, en última instancia, celebrarlas.

El hermano Emili en su carta “El futuro tiene corazón de tienda”, dirigida a todos los Maristas de Champagnat escribía: «¿Te atreverías, como Champagnat, a asumir el riesgo de un nuevo comienzo?”  Vale la pena vivir en comunidad. Celebremos un nuevo comienzo, celebremos ser laicos y hermanos Maristas con una disponibilidad global.  ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

«La invitación a salir de nosotros mismos por amor a Dios y al prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder, la misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo», Papa Francisco.

Vivamos un nuevo comienzo Marista, con la alegría del evangelio. Tengamos esa disponibilidad global, vale la pena salir al encuentro, salir de nuestra zona de confort, sin miedo a lo diferente. Muchas veces el Papa Francisco nos recuerda que la Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo.

Rita Rokocakau, Fiyi | Marist Brothers High School

Agradeceré por siempre a los Hermanos por haber sido mi fuente de fortaleza e inspiración en el transcurso de los años. Su ejemplo y enseñanza sobre los cinco pilares maristas han sido un factor motivador en la manera cómo he tratado de vivir mi vida como madre, colaboradora en la escuela y laica marista.

Me esfuerzo cada día por vivir este carisma a través de mis interacciones cotidianas con la familia, los niños en la escuela, la comunidad educativa en general, la iglesia y el contacto social.

Si puedo aspirar a llevar a los demás a Cristo a través de María, nuestra Madre, mediante mi presencia, sencillez, amor al trabajo y espíritu familiar en todos los aspectos de mi vida, entonces sé que estoy viviendo el dar a conocer y amar a Jesús.

TODO A JESÚS POR MARÍA.

Loveridge Roau, Islas Salomón | St Joseph’s Catholic Secondary School – Tenaru

Mi nombre es Loveridge Roau, soy de las Islas Salomón en la región de Oceanía.

Tuve contacto por primera vez con los Hermanos Maristas en el 2009 cuando trabajaba como asistente del tesorero en el St. Joseph’s Catholic Secondary School en Tenaru . Me convertí parte de esta gran familia en el 2017. No fue un azar sino una bendición poder trabajar como Ecónomo en una escuela Marista.

Agradezco a nuestro Equipo de Formación de Vida Marista por los talleres, retiros y oraciones familiares que me han ayudado a comprender mejor el carisma Marista y la espiritualidad en la tradición de San Marcelino Champagnat.

Es un trayecto que requiere discernir la llamada de Dios de dar a conocer Jesús y amar a todos aquellos con los que me encuentro. Es entregarme desinteresadamente y ser parte de la Misión Marista al trabajando con los menos afortunados en mi lugar de trabajo, comunidad y mi propia familia.

Ser marista también me desafía a poner en acción la espiritualidad marista a través de los pilares. Esto me ha ayudado en mi vida cristiana, en mi compromiso con Dios y camino de fe.

Personalmente, veo a la Virgen María como mi modelo y guía y siento que puedo relacionarme con ella. Su camino no fue fácil y tuvo que recorrer senderos difíciles e inciertos como mujer de fe, madre y mujer. Recordando los hechos al pie de la cruz, donde su hijo moribundo Jesús nos entregó a María para que fuera nuestra Madre (Jn 19, 27). «Un icono de sabiduría, fuerza, coraje y gozosa esperanza» (Papa Francisco).

Al ser yo misma viuda y madre soltera, la Madre María me da esperanza y coraje para decir «Sí» al llamado de Dios de ser una discípula Marista. Ser marista también significa educar bien a mis hijos, inculcarles valores cristianos y morales para que crezcan en la fe católica en este mundo caótico y en rápido movimiento.

Jasmine Brown, Australia | Assisi Catholic College, Costa Dorada, Queensland

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3: 5-6).

Este versículo de Proverbios ha sido mi fuente de verdad desde que tengo memoria. Estas palabras de seguir a Jesús, a la manera de María, me han inspirado a dar el hermoso “sí” de María y vivir una vida de servicio marista.

Al igual que Marcelino, tengo una profunda pasión y un compromiso sincero con los jóvenes. Como maestra, he tenido innumerables momentos de “Juan Bautista Montagne” en los que sé que mi vocación es enseñar a los jóvenes cómo son amados de verdad por Dios. Responder a las necesidades de los estudiantes relacionándonos con ellos de manera mariana, amándolos como lo hace María Nuestra Buena Madre, nutre una relación basada en una profunda confianza. Trato de inspirarles el amor por el trabajo modelando mi propia participación a través de diferentes oportunidades para servir.

Desafortunadamente, debido al Covid 19 no se realizó una misión planificada para trabajar con los estudiantes del Centro de Educación Marista en Pailin, Camboya, junto con el H. Francis Kofi Amoako Attah. Tan pronto como nuestras fronteras internacionales se abran de nuevo, mi corazón marista y yo esperamos poder servir en Camboya junto a nuestros compañeros maristas. Hace poco, tuve la suerte de ser parte de la Conferencia Mariana 2021 y ahora soy parte del grupo de trabajo de la Asamblea Nacional de la Asociación Australiana 2022. Ambas oportunidades testimonian la importancia de lo que significa ser parte de una Familia Marista ampliada.

Para mí, ser un laico marista significa compartir los aprendizajes de las experiencias de Marcelino, enseñar los valores de nuestra espiritualidad marista a nuestros jóvenes. Esto permite que nuestras generaciones futuras puedan entregarse más a los demás. Esta entrega a los más necesitados no significa necesariamente una ayuda económica, sino también una acción con espíritu de familia en presencia, compasión y amor incondicional.

Hacer la obra de Dios como Marista proporciona a nuestros jóvenes propósito y esperanza. Estoy más que agradecida por mi Familia Marista, por el privilegio de reflejar el hermoso «sí» de María en una vocación que me permite siempre dar a conocer y amar a Jesús.

Abraham Hihiru, Islas Salomón| St. Joseph’s Catholic School, Tenaru

Creo que mis primeros contactos con los Hermanos comenzaron a mediados de la década de 1980 cuando aún era pequeño. Durante esos días, escuchábamos las remembranzas de los estudiantes de la escuela St Joseph’s School, en Tenaru, cuando regresaban a casa durante las vacaciones navideñas.

Inspirado en esas historias me interesé y me comprometí personalmente a seguir los pasos de estos estudiantes. Aunque perdí la oportunidad de ir al St Joseph’s seguí relacionándome con quienes lo hicieron durante programas deportivos, liturgias y actividades culturales.

Tras completar mi educación secundaria, me concedieron una beca del gobierno para estudiar en PNG-Universidad de Goroka (UOG), allí conocí a un ex hermano marista y durante una de nuestras fiestas de San Marcelino Champagnat, cantamos el himno “side by side Marcellin”, que desde entonces lo canto. En la Universidad también conocí al H. John Malamo, que estudiaba con nosotros.

Cuando terminé mis estudios, comencé a enseñar en el Bishop Wade Secondary School, en Tarlena, donde pasé un total de seis años. Fue durante este tiempo que tuve el privilegio de aprender y profundizar mi propia espiritualidad y comprensión de Champagnat y su estilo de educación. Los hermanos organizaban talleres y, en una oportunidad, tuvimos la suerte de que los hermanos Brendan Neilly y Graham Neist hablaran con el personal sobre la educación Marista. Aun atesoro esos momentos.

En el 2007, regresé a las Islas Salomón y me uní al personal docente del colegio St Joseph’s Catholic Secondary School, en Tenaru. Aquí participé en «Sharing Our Call» (Compartiendo nuestra llamada) y asistí a una serie de talleres que profundizaron mi comprensión sobre el espíritu de Champagnat. Por ello, estoy muy agradecido por todo lo que los Hermanos han hecho para dar forma a mi propio camino de fe.

En un mundo distorsionado por las fuerzas del materialismo y el secularismo, veo mi rol marista como defensor de la verdad y proclamarla a nuestros jóvenes. Hoy en día, en el siglo XXI, el desafío de educar a nuestra generación joven es mucho más desafiante que antes. Como maristas de hoy, nos enfrentamos a un nuevo tipo de guerra que amenaza la vida de nuestros jóvenes. La tecnología de las redes sociales influye mucho en nuestros valores y costumbres fundamentales y hace que los jóvenes los socaven hoy en día.

Tenemos la enorme responsabilidad de restaurar nuestras tradiciones y recuperar nuestros valores fundamentales básicos de justicia, equidad, respeto, responsabilidad, compasión, vida comunitaria y solidaridad. La unidad social más básica de la sociedad, la familia, que ha sido considerada como la primera línea de defensa de la fe católica, está siendo destruida hoy. Veo a los educadores Maristas como la última esperanza de la humanidad en la defensa de la fe y la sociedad. Para mí, esta es la vacuna más eficaz para todos los educadores del siglo XXI.

Creo que hay esperanza por el futuro y estoy inspirado y animado por el trabajo que está realizando ahora en todo el mundo. Como poblador de Oceanía, tenemos la gran responsabilidad de trabajar, dialogar e interactuar como no lo hemos hecho antes y unir nuestras fuerzas para crear un mundo marista mejor donde la justicia y la solidaridad sean aceptadas por todos.

Abraham Lamusi Haiuasi, Islas Salomón

Entré en contacto con la familia marista en 1985 cuando entré por primera vez a una escuela marista, como estudiante de séptimo año en el St. Joseph’s Catholic Secondary School, en Tenaru. Mi contacto marista continuó cuando volví a visitar la escuela como maestro y me convertí en laico marista en 2007. De hecho, he crecido en mi comprensión de lo que significa ser marista, como dice la frase «No puedo mantener la calma, soy marista». Muchas reflexiones sobre este gran hombre me han formado y son el cimiento de mi formación como marista.

La misión marista es, de hecho, la misión de Dios, donde utilizo a menudo los atributos de nuestra Santísima Madre María para encaminar mi camino. Aunque a veces es un desafío, las Escrituras han revelado que incluso nuestra Buena Madre pasó por muchos desafíos para convertirse en la madre de Dios. La misión Marista siempre se realiza en un contexto y no en el vacío. Y estoy realmente agradecido por haber tenido la oportunidad de llevar a cabo esta misión como marista en el St.  Joseph’s Tenaru Catholic Secondary School, en las Islas Salomón.

Las escuelas Maristas son consideradas a menudo como centros de aprendizaje, donde se forma a los jóvenes, donde se les imparte conocimientos y habilidades necesarios para entrar en el mundo real. También creo que es una oportunidad en la que los educadores pueden ayudar a difundir las buenas nuevas de nuestro Señor Jesucristo. Esta es la fuente de aportaciones valiosas para cada niño. Algunos teóricos se refieren a esto como educación en valores. Como educador misionero marista, creo firmemente que aprender inglés sin valores, aprender matemáticas sin valores u otras materias sin valores es más como un niño pequeño esforzándose por caminar. Nuestro mundo ahora tiene una gran necesidad de educación en valores. Un sistema de educación que no solo educa el intelecto sino también el corazón que creo que mejoraría la paz, la alegría, la armonía y la prosperidad.
En nuestras escuelas, los educadores maristas tenemos una gran tarea por delante para lograr que los estudiantes:
Aprendan a conocer
Aprendan a hacer
Aprendan a vivir juntos.
Aprendan a ser competentes en sus diferentes lugares de trabajo.
Y también ayudarlos a crecer como personas, tanto a nivel personal como profesional.

Para que podamos superar estos desafíos como educadores maristas debemos construir dentro de nosotros mismos los valores de hacer sacrificios y ser resilientes. Ser educador Marista durante 15 años y subdirector durante 14 años en el St. Joseph’s Catholic Secondary School, Tenaru, es de hecho una empresa muy importante.

Igor Pletikosa, Australia – Coordinador de la Pastoral y alcance juvenil, Mt Carmel Catholic High School

Mi vida como laico marista no comenzó de manera habitual. No asistí a una escuela marista ni sabía mucho sobre este carisma hasta que comencé a trabajar en un colegio Marista en Sydney, Australia, en el 2017.

Creo firmemente que no es casualidad que mis experiencias en la vida me hayan llevado a ser hoy un Marista. Me gustaría comenzar este sentimiento con las palabras de uno de mis teólogos favoritos, Henri Nouwen. “Presta atención a las personas que Dios pone en tu camino si quieres discernir lo que Dios está haciendo en tu vida”.

Una de estas personas importantes fue mi abuela, quien tenía una devoción plena, confianza y amor por la Virgen. Ahora tengo claro que el plan de Mary para mí comenzó mucho antes de que pudiera reconocerlo cuando era una pequeño. Nací en Croacia y visitaba regularmente a mi abuela que vivía en Medjugorje, un lugar mariano sagrado. Todavía recuerdo con cariño estar sentado junto a la estatua de la “Reina de la Paz” con mi abuela rezando el Rosario.

Cuando me mudé a Australia con mi familia y me hice adolescente, debo admitir que mi fe era más una obligación familiar comunitaria y no una relación personal. Cuando terminé la escuela secundaria, comencé una licenciatura en derecho en la universidad. A pesar de sentirme insatisfecho, estudié mucho y tuve éxito en este campo. En 2011 mi padre me pidió que lo acompañara en una peregrinación a Jerusalén y a Nuestra Señora de Lourdes. Fue durante este tiempo que tuve una experiencia transformadora, que me tomó tiempo comprenderlo por completo. Finalmente, esto me llevó a reconocer el arroyo de la gracia de María, haciendo que deje de estudiar derecho para seguir mi vocación de convertirme en maestro de Educación Religiosa.

Fue durante este tiempo que me di cuenta de que Dios tenía otros planes para mí. Estos planes eran evangelizar y plasmar mi amor por Dios en los jóvenes con quienes me encuentro. Es esto lo que finalmente me llevó a postularme a un colegio Marista, porque los escritos de Marcelino Champagnat penetraron en mi corazón y su mensaje fue simple y profundo. «Para enseñar, ama como Cristo sin ninguna aflicción ni predisposición».

Durante mis primeros días en el Mt Carmel Catholic College, conocí a algunos hermanos Maristas maravillosos que continúan teniendo un inmenso impacto en mí y en mi vida como Laico Marista. Su guía espiritual ha sido significativa para continuar alimentando mi fe y mi trabajo como Laico hoy en día. Realmente creo que ser un laico marista es parte de la gracia de María que me permite vivir mi fe de manera auténtica con los estudiantes y colegas con los que me relaciono cada día.

H. Michael Flanagan, Australia – Marist Association of St Marcellin Champagnat

Soy hermano marista y miembro de la Asociación porque para mí la Asociación Marista es el futuro de nuestro Proyecto Marista aquí en Australia.

Un carisma se define como un don del Espíritu Santo a la Iglesia y al mundo, y los carismas se dan a través de una persona y se transmiten a grupos de personas que lo mantienen vivo. Y nuestro carisma marista siempre se ha mantenido vivo con un elemento de comunidad, de familia, y si quieres, de asociación.

La Asociación también es importante porque a medida que haya menos Hermanos y los laicos sean cada vez más, será muy importante que esos laicos se unan. Y al unirnos con personas de ideas afines, esto nos da fuerza, nos da una dirección y nos da personas que pueden ser nuestros compañeros en este viaje, que a veces puede ser difícil.

Creo que es la espiritualidad es una especie de electricidad, o esa chispa, la fuerza vivificante dentro de nosotros que nos mantiene en movimiento, nos mantiene en el camino, lo que da sentido a nuestras vidas. Nos adentra más en las cosas para que no vivamos en la superficie. Lo que nos adentra más en las coas para que no vivamos de forma superficial.

Si la historia Marista significa algo para ti, si te atrae, entonces debes formar parte de la Asociación, porque la Asociación te recogerá y te llevará con ella, y tú también, a tu vez, te convertirás en una parte muy importante de nuestro Proyecto Marista aquí en esta parte del mundo.

¡Ven y únete a nosotros!