Compartiendo 9 – Vocación Marista Laical

Boletín del laicado marista

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Saludos a todos los Maristas de Champagnat

Marjorie Raňeses – Comisión de laicos de Asia – Filipinas

En relación con la celebración del Año de las Familias Amoris Laetitia (2021 – 2022) que terminará con el encuentro de familias en Roma para participar en el Encuentro Mundial de las Familias (del 22 al 26 de junio, 2022), este número de Compartir ofrece las experiencias y testimonios de cómo las familias, particularmente en Asia han ido creciendo gracias a la vivencia de los valores Maristas.

El espíritu de familia es un valor central para todos nosotros, Maristas. Su fundamento está en los mismos valores que vivió y compartió S. Marcelino Champagnat con sus primeros Hermanos en un ambiente de comprensión y entendimiento mutuos y cuidando unos de otros. Nuestra intención es compartir con todos vosotros de qué manera nuestra vida Marista ha contribuido al sentido de nuestra vida familiar.

También incluimos en este número el testimonio de los Amigos de Marcelino, personas que se han sentido atraídas por la vida marista y se han comprometido personalmente en su crecimiento espiritual, vida compartida y misión. Ellos son como los primeros Maristas y creemos que es una gran oportunidad para acompañarlos en el desarrollo cotidiano de su vida Marista.

Puesto que caminamos juntos, os animo a disfrutar con la lectura de lo que supone la vida Marista en Asia.

“La Alegría del Amor” al estilo Marista

Agnes S. Reyes – Secretariado de Laicos

Una característica propia que todos nosotros compartimos es el espíritu de familia. Inspirados en la familia de Nazaret, cualquier casa Marista revela las actitudes que hacen que el espíritu de familia sea una realidad.

El amor, el perdón, la apertura a los demás, la humildad y la disponibilidad para servir al otro son aspectos que se manifiestan en la familia Marista, en los colegios y en todas las tareas educativas. En nuestras familias “nos relacionamos de manera significativa y aseguramos nuestra presencia comprometida. De esa manera, la experiencia de amar y sentirnos amados se convierte en parte de nuestra vida cotidiana.” (cf. Agua de la Roca, 105).

Valorando la centralidad de las familias, el Papa Francisco en su encíclica Laeticia Amoris se refiere a una manera cariñosa de hacer frente a las preocupaciones familiares de forma práctica en la vida real. Al comienzo resalta la vocación de las familias como “una experiencia positiva de vida familiar como el camino a seguir para la santidad y el crecimiento místico, una forma profunda de unión con Dios” (LA 316). Él invita a la contemplación a cada miembro de la familia; así dice, “contemplar a nuestros seres queridos con los ojos de Dios y ver a Cristo en ellos” (LA 323).

Nosotros sacamos la inspiración de valorar a la familia al estilo Marista a través de S. Marcelino. Su relación con los primeros Hermanos estaba marcada por la ternura y el calor humano. El espíritu de su comunidad creciente se basa en una atmósfera muy familiar, con María como centro y como su Buena Madre.

En toda vida familiar se entrecruzan tanto las alegrías como las penas, los éxitos y los retos de cada día. Laeticia Amoris señala que en la actualidad las familias se tienen que enfrentar a las amenazas de la pérdida de los valores familiares. Entre ellos hace referencia a los cambios antropológicos y culturales como el individualismo por el que cualquier miembro de la familia se convierte en un individuo aislado compartiendo muy poco tiempo en familia. Tanto los niños como los adultos pasan más tiempo concentrados en sus aparatos que mirando a los demás miembros de la familia con ternura y amor. La cultura de lo efímero considera las relaciones humanas como si se tratara de objetos materiales que podemos desechar a voluntad cuando ya no las necesitamos. Esto no deja de ser una gran amenaza contra las relaciones auténticas y de calidad. A todo ello hay que añadir el consumismo, la pobreza y la migración como elementos que desafían la vida familiar de calidad.

¿Con los valores del espíritu de familia, vividos y mimados por los Maristas, cómo podemos expresar la fe que tenemos en la integridad de la familia frente a estas amenazas? ¿Cómo podemos hacer más visibles los valores tradicionales Maristas para contrarrestar la caída de los valores familiares en nuestros días?

A propósito, miramos a los valores de S. Marcelino. Su amor a María nos fortalece al considerar el regalo de nuestra familia. San Marcelino nos recuerda, como lo hizo con los primeros Hermanos, que debemos acudir a María porque en su corazón y en sus brazos encontramos a Jesús. Él prefería que utilizásemos términos familiares para referirnos y relacionarnos con Dios: Jesús en su Sagrado Corazón, María como nuestra Buena Madre. Aprendemos a través del ejemplo de Marcelino a utilizar términos familiares cuando nos relacionamos con la gente, especialmente con nuestros alumnos, de una forma fraterna y amorosa.

El Papa Francisco en sus mensajes pastorales insiste en que las familias no sólo deben ser evangelizadas, sino que ellas también deben evangelizar. Las familias son agentes del apostolado familiar irradiando a otros la alegría del Evangelio.

¿Cómo conseguimos, nosotros Maristas, con un sentido profundo del espíritu de familia, hacer llegar a los demás ese sentido de pertenencia, llenos de alegría por la vida compartida? ¿Cómo nos acercamos a los demás, los más necesitados, como miembros de la misma familia?.

Ciertamente, allí donde los seguidores de Marcelino se hacen presentes, trabajando juntos en la misión, el espíritu de familia es el estilo marista de vivir la alegría del amor. Su manantial se encuentra en el amor a María, nuestra Buena Madre, que nos une a todos como miembros de la misma familia bajo su abrigo maternal y protector. Por medio de nuestro espíritu de familia Marista ofrecemos un sentido global de pertenencia y comunión por el que nuestras familias se convierten en un reflejo del inmenso amor de Dios por todos nosotros.

Vida Marista en el Distrito Marista de Asia

Nguyen Viet Bao – Vietnam

La presencia marista en el Distrito Marista de Asia (MDA) existe en medio de diferencias de fe. Allí, la mayoría de los colaboradores y profesores laicos son de otras religiones como el budismo, el islam y el hinduismo. Por esta razón, desarrollar el laicado marista implica siempre un desafío para el MDA, que hasta ahora, no ha podido formar todavía un grupo oficial de laicos maristas. No obstante, el nombramiento del Sr. Tin, un laico marista de Vietnam, en el subcomité de laicos maristas del MDA ha sido considerado como un logro importante en la vida del Distrito.

Y conscientes de que cada país del Distrito es diferente, con nuestra presencia y nuestros apostolados en diferentes países, tratamos de responder a las necesidades y llamadas de hoy, promovemos de diferentes maneras la vocación marista, la vocación laical marista. También es importante profundizar nuestra comprensión de lo que significa ser “marista” en nuestro propio contexto y promover la vida marista ahí donde estamos. Debemos estar convencidos de que un marista plenamente comprometido, hermano o laico, puede crear cambios y generar vida nueva a pesar de los desafíos.

Recuerdo la oración de San Marcelino que confiaba en Dios y que ponía todo en manos de María: «si perece, no es nuestra obra la que perece, es la tuya, pues tú lo has hecho todo entre nosotros. Contamos, pues, contigo, con tu ayuda poderosa; en ella confiaremos siempre”.

Este tiempo de Covid-19 quizá nos ha dado los peores y los mejores momentos, pero nos hemos esforzado por desarrollar la visión y la esperanza de aquello que será lo mejor para el presente y para el futuro porque, como San Marcelino, también nosotros creemos que esta obra es obra de Dios, que es obra de María, y nosotros somos sus colaboradores. Es el trabajo a la manera de María el que nos lleva a Jesús.

Permítanme terminar con la cita de Charles Dickens, en “Historia de dos ciudades”: “… era la época de la luz, era la época de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo, no teníamos nada, íbamos directos al Cielo, íbamos de cabeza al Infierno; era, en una palabra, un siglo tan diferente del nuestro que, en opinión de autoridades muy respetables, solo se puede hablar de él en superlativo, tanto para bien como para mal”.

Haciéndose ‘Amigos de Marcelino’

Elma Rafil – Provincia de East Asia, Filipinas

Es gracias a los encuentros, lo que nos permite conectar con otras personas y compartir las experiencias e historias de nuestras vidas. Es ahí donde nos damos cuenta de cómo crecemos juntos caminando uno al lado del otro. Como asiáticos tendemos a relacionarnos y nos sentimos inspirados a cuidar nuestros lazos de amistad.

Mirando hacia el futuro de nuestra Provincia, nos sentimos en sintonía con la fuerza de la Congregación que quiere resaltar el desarrollo de la vocación del laico marista. Haciendo nuestro el punto de vista de que “el futuro del carisma marista reside en las manos de hermanos y laicos comprometidos”, hemos diseñado un programa para aquellos interesados en la vida del Laico Marista. El curso de 6 meses (todos los primeros sábados de mes) va dirigido a aquellos que sienten la necesidad de conocer más la vida de San Marcelino Champagnat, desean vivir su espiritualidad, y comparten la misión de Dios al estilo Champagnat.

El programa ofrece una oportunidad para crecer más en el ESTILO DE VIDA MARISTA cuyo ejemplo es san Marcelino que centra su vida en JESÚS y se siente en los brazos de MARÍA. Las sesiones del curso están dirigidas hacia la ESPIRITUALIDAD, LA VIDA COMPARTIDA y la MISIÓN.

El año pasado la Provincia de East Asia reconoció el mérito de diez participantes que terminaron el curso Amigos de Marcelino.

Este año, el 2 de enero de 2022, la Provincia de East Asia celebró el 205 aniversario de su fundación con una ceremonia en la que los componentes del Movimiento Champagnat de la Familia Marista (CMMF) renovaron públicamente su compromiso y también se reconoció al grupo de 34 personas que terminaron el programa Amigos de Champagnat. Este grupo de personas se encuentran ya comprometidos activamente en la animación de actividades laicas. Ciertamente esta es una iniciativa que hace crecer las semillas de la Vida Marista Laica. Ojalá que los Amigos de Marcelino sigan siendo testigos del regalo de la Vida Marista en sus lugares respectivos.

Mi recorrido con los ‘Amigos de Marcelino’

Jan Maverick Rabino – Province de East Asia, Filipinas

A lo largo de estos tiempos difíciles mi familia ha sufrido las devastadoras consecuencias del COVID-19. Tuvimos que aislarnos y la ansiedad causada por lo desconocido dejó su huella en mi salud. Le preguntaba a Dios. ¿Por qué yo, Señor? Una enfermera que no practica en este campo cogió el virus. Tiene que haber una razón. Al final del período de aislamiento escuché muchas historias de lucha y frustraciones. Este fue el punto de inflexión que me animó a enseñar a la gente como luchar contra esta enfermedad en toda su extensión. Les hice ver que siempre hay una luz al final del camino por medio de la historia del Acordaos en la Nieve en la que la devoción de Marcelino hacia nuestra Buena Madre queda manifiesta y es una inspiración para todos nosotros como Maristas.

 Aún más, mi recorrido no terminó ahí. Cuando Elma Rafil me invitó a formar parte de los Amigos de Champagnat durante mi cuarentena, en la primera reunión, ya sentí que la chispa Marista que residía en mí se iluminó más que nunca. Ocurrió cuando el H. Lindley Sionosa compartió con nosotros la misma historia de Marcelino en el Acordaos en la Nieve. Esta coincidencia supuso el momento crucial que me descubrió mi auténtica pertenencia al mundo Marista, que hay en mí ese Espíritu Marista que tiene que ser alimentado cuyo camino no ha hecho más que empezar aquí en la comunidad Marista. Desde este momento, cada vez que participe en los encuentros virtuales de los Amigos de Marcelino va a suponer una oportunidad para conectar, alumbrar y abrazar al Marista que hay en mí.

Siempre he sido Marista de corazón. Desde los primeros años, incluso antes de graduarme en una escuela Marista, ha habido en mi vida unas ganas de vivir el Espíritu Marista con intensidad. Al hacerme mayor he crecido profesionalmente y he visto la realidad de la vida. Poco a poco mi necesidad de experimentar el Espíritu Marista se ha fortalecido con los años. La sed por un Espíritu Marista se ha saciado cuando se me dio la oportunidad de pertenecer a Los Amigos de Marcelino.

Alimentando la vida Marista con los ‘Amigos de Marcelino’

Qalista Dhony – Provincia de East Asia, Malasia

Lo que más me gusta de Los Amigos de Marcelino es que en los encuentros que tenemos me reúno con amigos. Somos una familia global que pertenecemos a distintos países. Durante las reuniones compartimos nuestra reflexión sobre la vida y nuestra fe. Al compartir, entendemos mejor a los demás y sabemos que no estamos solos. Aunque seamos de distintos países los desafíos a los que nos enfrentamos como seres humanos no son muy diferentes, todos somos personas que luchan y tienen que adaptarse a las realidades cotidianas como hizo nuestra Madre, María.

Las reuniones son también la base para que nuevos laicos Maristas conozcan mucho mejor el mundo Marista. Aún más, para que tengan, en cierto sentido, una experiencia Marista. Es verdad que hemos tenido que hacer las sesiones “online” de ahí que el efecto de su comunicación no sea el mismo que cuando nos vemos cara a cara. No obstante, fue maravilloso seguir en contacto con la familia global Marista incluso en los tiempos de pandemia.

El Camino Marista

Valorando la familia

 Jude Preeman – Province de South Asia, Sri Lanka

Como marista, el espíritu de Familia está profundamente arraigado en mi conciencia. Crecí con la rica experiencia de mi propia familia que me educaron para criar a los míos con los sólidos valores fundamentales de la familia. Mi esposa y yo hemos sido bendecidos con un hijo y una hija que están creciendo con nosotros en una familia compartida, con valores distintos a nuestra propia herencia de Sri Lanka.

En el trascurso de los años, me he dado cuenta de que simplemente no podía quedarme solo con mi propia familia, y nos unimos a otras familias maristas. Esto es darse cuenta de que todos estamos conectados y que somos globales en una experiencia local. Estar conectado es estar también en sintonía con el viaje de cada familia.

Recientemente, terminé de estudiar y obtuve el Diploma Superior en Consejería Matrimonial y Familiar. Asumí este empeño con la convicción y el objetivo de seguir ayudando a las familias necesitadas y hacerlo de la manera marista, reflejo de los valores de la Sagrada Familia de Nazaret.

Nutriendo una familia

Noemi B. Silva – Provincia de East Asia, Filipinas

Criar tres hijos mientras trabajas como docente universitaria a tiempo completo puede ser muy desafiante y al mismo tiempo gratificante. La lucha cotidiana para hacer las tareas del hogar, preparar las lecciones y asegurarme de que mis hijos estén alimentados y listos para la escuela me tenían ocupada todo el día.

Mi esposo y yo compartíamos la responsabilidad de educar a nuestros hijos y acordamos que fueran criados con una fuerte fe en Dios. Asistíamos a la misa dominical en familia y recitábamos las oraciones vespertinas antes de acostarnos. Una vez, mi hijo me preguntó si podía saltarse la misa dominical y la oración vespertina ya que había rezado en la escuela y había asistido a la misa del primer viernes. Le dije que no porque esto era lo que hacíamos como familia. Practicábamos nuestra fe y vivíamos por ella. Nos aseguramos de que asistieran a una escuela marista donde la educación religiosa es el núcleo del plan de estudios. Me di cuenta de que aquello que comenzó como prácticas religiosas de rutina cuando eran jóvenes se había convertido en una parte integral de sus vidas adultas.

En nuestra cultura, donde la familia es muy importante, los valores del amor, el respeto y la ayuda mutua se enseñaban desde pequeños. Las tareas del hogar se compartían y los estudios se tomaban muy en serio. Llevábamos una vida sencilla donde solo se compraban las cosas esenciales. Cuando mis hijos eran pequeños, iban felices a las jugueterías y elegían un robot o un coche eléctrico, yo les decía amablemente que podían elegir otro juguete. Sabían que no podíamos cómpralos y elegían algo menos costoso. Cuando se hicieron profesionales, le pregunté a mi hijo menor, ingeniero electrónico, si un último modelo de teléfono móvil valía su precio. Me dijo que era demasiado caro para mi propósito.

Ahora mis hijos me recuerdan que debo ceñirme a lo esencial, incluso si puedo pagarlo. Como padres es realmente gratificante ver a tus hijos asumir sus roles productivos en la sociedad. Estoy feliz de que ahora sean padres responsables de sus hijos pequeños.

Como miembros del Movimiento Champagnat de la Familia Marista, mi esposo y yo compartimos el carisma marista con otros laicos de nuestra comunidad local. Mi esposo es pastor de la Sagrada Eucaristía y hace trabajo de voluntariado. Yo participo de forma activa en la defensa a favor de la vida, la violencia contra las mujeres y los niños, la moralidad en los medios y la protección del medio ambiente. Mi familia se ha expandido a mis estudiantes y a la comunidad en la que sirvo. De hecho, estamos agradecidos por el espíritu de familia marista que ha impregnado nuestra vida.

El regalo de Navidad: vida marista vivida, vida marista compartida

Valmie Garcia Mariveles MCFM – Comunidad de Memorare – Filipinas

Filipinas es conocido por la celebración de Navidad más larga. El mismo día que comienzan los meses que terminan con “bre”, en septiembre, escuchamos villancicos y vemos que algunas familias comienzan a decorar sus casas para anunciar el inicio de la temporada.

En cada celebración, consideramos el “amor de la familia” como la base de una reunión familiar feliz. Hacemos la práctica habitual de dar regalos, expresamos nuestra alegría cantando y bailando, riendo mientras recordamos los recuerdos felices de las experiencias familiares como características de una alegre celebración.

El 2021 fue diferentes. No tuvimos a nuestros hijos y nietos con nosotros. Nuestra casa estuvo vacía. No hubo ninguna gran celebración como lo solíamos hacer.

Mi segundo hijo me informó que su familia no podía acompañarnos porque había optado por pasar la noche del 24 de diciembre en el lugar devastado por el tifón Odette y ayudar a las víctimas que estaban desplazadas, deprimidas, sin comida, sin agua y sin medios de comunicación con sus familias. La familia de mi hijo decidió estar ausente entre nosotros y ayudar a aquellos que habían perdido la esperanza durante la Navidad. Al principio, me sentí triste. Mi nieto Jam, quien tuvo la idea de estar con las víctimas del tifón en Navidad, me explicó:

“Lola (abuela) ahora piensa en esto. ¿Estarías feliz si mientras disfrutas de la Navidad con banquetes hubiera personas que en ese momento sufren de hambre y frustración porque no tienen con quién estar y es Navidad? Te admiramos abuela. Nos enseñaste a preocuparnos por los demás y ahí vamos… estaremos con ellos en esta Navidad”.

Al escuchar la noble causa pronunciada desde el corazón de mi nieto se me disipó el resentimiento inicial por no tenerlos en la víspera de Navidad. Me di cuenta de lo que me había convertido para ellos, un modelo a seguir. Ellos fueron testigos de mis servicios apostólicos realizados por los menos favorecidos de nuestra comunidad local, mi servicio a los necesitados y la catequesis que brindo en nuestra comunidad eclesial influenció en ellos. Puedo decir con confianza que les he mostrado el camino de servicio con los que menos tienen.

Esta experiencia hizo que me diera cuenta de la sólida formación que tengo, es decir, profundizar mi vida en el camino marista ha influenciado en mi familia. El Movimiento Champagnat, la Comunidad Memorare, me han dado oportunidades para cimentar mi fe y me han inspirado profundamente a vivir al estilo Marista, con sencillez y con un corazón compasivo hacia los demás. Les había inculcado el valor de compartir el amor con los demás, una marca de la vida marista. Mi influencia sobre ellos como marista fue tan profunda que ellos también lo convirtieron en su propia forma de vida. Por ello, siento que somos verdaderamente bendecidos. Ser consciente de que mi vida marista, vivida y compartida, ha influido en mi familia ha sido uno de los mejores regalos que he tenido la Navidad pasada.