Compartiendo. La vocación marista laical 5

Número 30 de agosto 2021 – Región Europa

Escucha. Un reto, una oportunidad

Marta Portas – Provincia L’Hermitage
Coordinadora del Equipo Europeo de Laicado

Cada curso, la Red Europea Marista propone un lema común para la pastoral en los centros educativos. Para el curso 21-22 el lema es “Escucha”. Esta propuesta también la podremos acoger los maristas de Champagnat que compartimos nuestro ser marista en grupos de vida, comunidades, fraternidades, equipos maristas locales.

Este lema lo recibimos como una invitación a transformarnos y transformar gracias a la escucha. Escuchar y escucharnos, todo un arte a ejercitar.  Dar valor a la escucha supondrá entre otras cosas activar la acogida, el tiempo de calidad, la atención plena, la alteridad, ejercitarnos en la escucha activa, atender nuestro interior, … La escucha como actitud de vida, llevándola a la práctica en nuestro día a día, en el encuentro personal con el otro, en el cuidado del entorno natural, en la oración, … Escuchar activando todos los sentidos, abriendo el corazón para no quedarnos quietos o indiferentes y responder sin miedo, asertivamente a las llamadas que recibamos.

Con el convencimiento que todos tenemos capacidad para escuchar, que esta escucha es importante para que la presencia, el espíritu de familia, el acompañamiento, la vida en comunidad sean significativos, sean auténticos, nos disponemos a seguir aprendiendo a ser referentes en la escucha. Practicar y ejercitar la escucha pedirá preparación, disponibilidad, disposición, tiempo, intención, calma, serenidad. De cada uno dependerá el saber dedicar tiempo de calidad a la escucha huyendo del activismo que nos hace difícil esta práctica. A cada uno también, la oportunidad de cultivar su interioridad. Preparemos espacio a la escucha de la Palabra, la oración personal, la oración con la comunidad, al silencio. Zambullámonos sin miedo en nuestro interior y acojamos aquello que allí escuchemos como una oportunidad para comprender, meditar, crecer y conversar con el Dios de la Vida. Ejercitar la escucha en la fraternidad, en el grupo, en la comunidad aportará valor en nuestras relaciones, confianza, diálogo fraterno sumará valor a nuestros encuentros.

A esta intención de ejercitarnos personalmente o en grupo nos ayudarán las lecturas, la música, las experiencias sugeridas por la Red Europea en los materiales que ha elaborado. Para cada mes un subtema que nos acercará a la escucha poniendo atención a un matiz.

En el curso que iniciaremos este septiembre, el Fórum internacional sobre la vocación marista laical también nos ofrecerá la ocasión de generar espacios de diálogo y en ellos la escucha será una actitud importante para “Acoger, cuidar, vivir y compartir nuestra vocación”.

Escucha. Un reto, una oportunidad, ¡adelante!  

Región de Europa: cuna de nuestro carisma

Mayte Ballaz César – Provincia Ibérica
Coordinadora de la Comisión de Vida Marista

La Región de Europa está formada por las siguientes provincias: Compostela, Europa Centro-Oeste, Ibérica, L’Hermitage y Mediterránea. Desde Francia, cuna de nuestro carisma, en poco más de 200 años podemos decir que se ha hecho realidad el sueño de Marcelino: “Todas las diócesis del mundo entran en nuestros planes”.

Han sido muchos, muchísimos, los hermanos que, a lo largo de estos años, han ido sembrando por toda esta región el amor a María y a los niños y jóvenes más necesitados a través de un estilo de vida sencillo, centrado en “las pequeñas virtudes”, y un estilo educativo en el que la educación integral de los niños y jóvenes basada en el cariño y el respeto son ejes fundamentales.

Este modo de ser, de estar y de actuar se ha ido contagiando, como por ósmosis, y hoy somos muchas las personas que vivimos también este carisma. Hombres y mujeres de 15 países, de todas las edades y de todos los ámbitos, nos hemos sentidos llamados a vivir nuestra fe dentro de esta familia.

Vida marista rica y plural

Esta vivencia del carisma por parte de los laicos/as se ha ido desarrollando de manera lenta y progresiva y cada Provincia ha generado diferentes procesos para dar respuesta a las necesidades que se iban planteando.

Cuando en 1985, el XVIII Capítulo General promovió el “Movimiento Champagnat de la Familia Marista”, se comenzó a articular y compartir, a través de las “fraternidades”, la riqueza que suponía vivir el mismo carisma hermanos y laicos/as.

Desde entonces se han dado muchos pasos y cada una de las provincias ha visto como crecían en su seno diferentes grupos: de Vida Marista, de Espiritualidad, de Encuentro, comunidades laicales, comunidades mixtas… cada uno a su ritmo, con su proceso particular, pero todos tratando de responder a las distintas necesidades vocacionales que se planteaban.

Comunidades mixtas, otra forma de vivir la comunidad

Una de las respuestas que ha surgido ha sido la creación de Comunidades mixtas, donde hermanos y laicos/as comparten vida y/o misión. Cada una de estas comunidades es muy diferente y tiene su propia idiosincrasia. Ha surgido en contextos y momentos especiales para dar respuesta a distintas realidades. Así, en Francia hay tres comunidades mixtas: Hermitage, Mulhouse y Lagny. Otras tres en España: CUM (Salamanca), Llinars del Vallés (Cataluña) y Granada. Una en Giugliano (Italia) y otra en Champville (Líbano). Además, están las Comunidades Fratelli (La Salle – Maristas) en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y Melilla, y dos comunidades Lavalla200>: Moinesti (Rumania) y Siracusa (Italia)

Además de estas comunidades en algunas provincias hay proyectos para la formación de Comunidades cristianas maristas de referencia en las obras (CCMR) donde hermanos y laicos/as compartan misión y sean referencia carismática en las distintas presencias maristas. “Los laicos podemos aportar una nueva forma de animar la vida marista en las obras. Junto a los hermanos, podemos formar comunidades locales que sean el corazón de la misión y la garantía de su identidad marista evangelizadora. Estas comunidades pueden ser la semilla de una nueva vitalidad de la misión, que no se basa sólo en el número o la presencia de hermanos en el lugar (En torno a la misma mesa, 60).

Vinculación al carisma, una realidad que cobra fuerza

Con el paso del tiempo muchos laicos/as hemos manifestado nuestro deseo de hacer pública nuestra adhesión al carisma y en casi todas las provincias de la región de Europa se han elaborado itinerarios de acompañamiento para ayudar a discernir esta vocación. En todas las provincias estos itinerarios tienen 4 ejes comunes: vocación, misión, espiritualidad y fraternidad. El proceso de elaboración no ha sido fácil. Surgen los miedos y las reticencias, pero, a la vez, crece el deseo y todos, hermanos y laicos/as, nos hacemos conscientes del momento crucial que atraviesa la Iglesia y las Instituciones y de la responsabilidad que debemos asumir.

En todas las provincias se han buscado personas que puedan acompañar estos procesos. Hermanos y laicos/as que puedan ayudar a otras personas a hacer una reflexión seria y profunda de su vivencia y su itinerario a la luz de la Palabra, del compartir con los hermanos/as, de la escucha de los signos de los tiempos… para que puedan dar respuesta a su vocación. Las personas que acompañan estos procesos forman un equipo que se forma en acompañamiento, comparte, reza, revisa los materiales… con el fin de ir mejorándolos constantemente. En este momento podemos decir que hay 55 personas vinculadas al carisma en la provincia Ibérica y pronto irán sumando otros laicos/as del resto de provincias ya que Compostela, L´Hermitage y Mediterránea también han iniciado estos procesos.

Equipo europeo de laicos

El equipo europeo de laicos, formado por seis personas, una de cada Provincia más el H. Teodorino Aller, secretario de la región, tiene la misión de compartir todas estas realidades que, siendo parecidas, son diferentes en cada contexto y trata de ir unificando criterios y puntos de vista de cara al futuro.

Hay temas en los que cada Provincia va haciendo su reflexión pero que nos incumben a todos como región de Europa y como Instituto. Como equipo nos gustaría poder ofrecer también la nuestra, a partir de las distintas inquietudes y realidades, para hacer que el camino recorrido sea cada vez más un camino común y compartido. Hay un tema que nos preocupa a todos y que nos gustaría abordar como región, el de la Familia Carismática. Pero esto ya será para el siguiente capítulo.

Compartiendo vida marista en comunidad

Ana Gómez Haro y Javier Fernández Castillo – Provincia Mediterránea
Matrimonio en la comunidad mixta de Granada y en la fraternidad Cristo de Bugobe;
miembros del Equipo Provincial de Laicos

Estas líneas pretenden provocar una reflexión, una idea, una conversación… de las que ayudan a seguir adelante, caminando juntos.

“Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos” (Fratelli Tutti, 8)

Hermanas y hermanos soñando, caminando y construyendo juntos, por elección, por vocación y también por necesidad. El Evangelio, la Buena Noticia, es tan rica, hay tantas formas de acercarse a ella, de vivirla con intensidad, que necesitamos a otros enriqueciendo nuestro día a día como cristianos. ¡Qué maravilloso es descubrir la vida comunitaria! Compartir en profundidad, poniendo toda la vida sobre la mesa, exponiendo con transparencia pensamientos, sentimientos, experiencias… para que, a través de la palabra – o el silencio – de los demás, Dios ilumine. Una vida comunitaria en la que nuestro corazón lata con fuerza, que riamos con ganas, que vibremos con la misión, que nos ilusionemos de cada paso…

Partimos de una concepción de vida comunitaria laical que intenta sobrepasar la visión reduccionista de formar parte de un grupo concreto de personas con las que se comparte en clave cristiana. Intentamos dar el paso conceptual a mirar algo más allá: desde la vida compartida en un grupo concreto, la experiencia de su proyecto comunitario se suma a la opción de vida en clave comunitaria en muchas realidades eclesiales que nos rodean de forma estable (familia, matrimonio, fraternidad…) o circunstancial (comunidad de misión o formación, campo o equipo de trabajo…). Combinamos, por lo tanto, una visión “petrina” de comunidad, o grupo estable, con una opción “paulina” de vivir comunitariamente los lugares de Iglesia donde nos encontremos.

Entendemos que esta visión más amplia encaja mejor con la realidad cambiante de la vida laical: estancias más o menos estables o temporales en distintos lugares por razones de formación, trabajo o cuidado de otras personas, al mismo tiempo que la situación personal va variando, no siempre linealmente, con reinicios constantes, entre la soltería, la vida en pareja, la familia con hijos, la soledad, la vida en familia amplia…  Nuestras comunidades tienen que apostar por proyectos firmes en la raíz en el Evangelio y abiertos a la flexibilidad que estas realidades cambiantes exigen para poder acompañar y acoger.

Para formar estas comunidades, los maristas laicos estamos llamados, en la actualidad, a tomar todo lo positivo de la herencia de estructuras de comunidades clásicas religiosas, en nuestro caso de hermanos, como el cuidado de la oración, el cuidado de los vínculos y de la comunicación fraterna, la apertura al cambio – de destino o de compañeros de camino – y de la mochila de la experiencia que muchos tenemos de años y años creciendo en grupos de la Pastoral Juvenil: búsqueda de crecimiento, diseño de itinerarios para ayudar en el camino, unión con otros grupos, lazos afectivos… Pero, al mismo tiempo, tenemos que ser capaces de detectar todo lo que no nos ayuda de las características de estas dos “fuentes” y poder dejarlo atrás para madurar comunitariamente hacia la novedad. Podemos interrogarnos sobre los grados de jerarquización, la mirada con añoranza al pasado, la pasividad a la espera de que las propuestas nos lleguen de fuera, lo difícil de caminar en la heterogeneidad de edades, pensamientos, opciones de misión…

Y la otra gran alerta de nuestros días es la enorme necesidad de definirnos y compararnos. ¿Qué es una comunidad laical? ¿Qué la diferencia de una comunidad de hermanos? ¿Y si es mixta? Debemos definirnos, primero, desde lo que nos une. Y en el encuentro, puente, diálogo… que esto provoca, descubrirnos cada uno en una combinación única vocacional: estado de vida, llamadas del mundo, ministerio, situación familiar, opción comunitaria, compromiso en la sociedad, vida de oración, camino y experiencia personal. Nadie tiene que demostrar nada a nadie. Los maristas laicos no necesitamos demostrar nada: que nuestra vocación es auténtica, que nuestras formas de compromiso son válidas, que… Entrar en el mundo de la comparación y la competición es un error. No miremos al otro con “recelo vocacional”. No vivimos en una Iglesia dividida en comunidades sino en una Iglesia construida en la diversidad comunitaria: «Un solo cuerpo, y miembros todos los unos de los otros» (Rm 12,5)

Desde esta idea de la diversidad preguntémonos personal y grupalmente lo que la vida comunitaria puede aportarnos, y lo que nuestra vida comunitaria puede y está aportando ya a la Iglesia. Para ayudar vamos a desarrollar algunas ideas siguiendo el esquema clásico de dimensiones comunitarias: koinonia (comunión), martyria (testimonio), diakonia (servicio) y liturgia (celebración). Al mismo tiempo se puede crear un vínculo claro con los cuatro verbos que nos acompañarán durante el camino del Fórum Internacional sobre la vocación marista laical: acoger, cuidar, vivir y compartir.

Acoger en comunión (“compartían con alegría y sencillez sincera” Hch 2, 45)

“Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. (…) La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”. (Evangelii Gaudium, 114)

El Evangelio nos invita a salir de nosotros mismos para vincularnos a través de relaciones auténticas con los demás. Nos mostramos de forma transparente, tal como somos. En la Buena Noticia encontramos el camino para no aparentar: soy hijo amado de Dios. Y los que me rodean también. Nuestras comunidades latirán al ritmo de Jesús cuando seamos capaces de abrirnos con todas sus consecuencias a esta gran verdad: Dios nos amó primero. Y de ahí sale la fuerza para entrar en comunión con los demás y con nosotros mismos, para aceptar, perdonar, construir, dialogar, apreciar… Estamos invitados por el Espíritu a llevar este tipo de relaciones a nuestras familias, a nuestras parejas, a los amigos, al grupo, a los compañeros… A toda nuestra Iglesia y a toda nuestra sociedad. Nuestra vida comunitaria debe ser el lugar donde experimentemos esta comunión para poder lanzarla al mundo.

Dar testimonio desde la vida: (“¿Qué significa esto?” Hch 2, 3)

“La mejor manera de demostrar que el proyecto de Jesús de transformar al mundo y crear una nueva comunidad humana no es una quimera, es a través de un grupo -la comunidad cristiana- que muestre que es posible hacer realidad ya desde ahora ese sueño: Mirad cómo se aman”. (Fourvière, la revolución de la ternura – H. Emili Turú – 2015)

Cuando dejamos que el Espíritu nos desborde, sin ponerle medida, simplemente vivir el día a día se convierte en un testimonio constante de Dios. Llevar esto a nuestras comunidades, compartir la alegría de sentirse amado incondicionalmente, provoca a la sociedad que contempla, como aquellas personas junto a los apóstoles tras la experiencia de Pentecostés. Y surge la pregunta en los corazones: ¿qué significa esto? Hoy, cada comunidad cristiana debe hacerse una pregunta fundamental: cuándo nos miran, ¿qué provocamos? Estamos hablando de visibilizar, en nuestras comunidades laicales, innumerables destellos imperfectos de Reino: familias ampliadas que comparten momentos de gran intensidad teniendo en cuenta a niños y mayores; un sincero compartir de bienes, en todos los sentidos, que enriquece a quien se acerca; la familia marista como imagen de la inclusión intergeneracional e intervocacional; la igualdad real de participación e importancia, entre mujeres y hombres; la enorme diversidad de funciones y trabajos en los que un cristiano puede construir un mundo más fraterno.   

Al servicio de los cuidados (“repartían según la necesidad de cada uno” Hch 2, 45)

“Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos”. (EG, 216)

Formamos comunidades que dan vida “hacia dentro”: que nos cuidan, en las que podemos compartir, a las que siempre poder regresar tras el largo camino… pero están incompletas sin su gran razón de ser: dar vida “hacia fuera”: compartiendo lo que vivimos con otros, con momentos abiertos, participando activamente en encuentros eclesiales, apoyando con energía las causas justas, estando al lado de los más débiles… Ser comunidades “sal y luz” para los que están dentro pero, sobre todo, para los que más nos necesitan. Siendo ecuánimes y priorizando: el tiempo, según Jesús, se reparte empezando por aquél que más requiere de nosotros. Si usamos este criterio, aunque los días se acaben sin haber llegado a todo, encontraremos en nosotros la paz y el sentido. Y estas necesidades no sólo están dentro de los márgenes de la Iglesia Católica. Como comunidades laicales insertas en la sociedad debemos saber ir más allá: ser “sal y luz” en la sociedad, en el gran pueblo de Dios, todas las personas, amadas por Dios, hayan descubierto de una forma u otra este amor o no. No hay un “nosotros” y un “ellos” cuando miramos con los ojos de Dios.

Compartir y celebrar: (“Alababan a Dios” Hch 2,45)

“(…) Cuando un evangelizador sale de la oración, el corazón se le ha vuelto más generoso, se ha liberado de la conciencia aislada y está deseoso de hacer el bien y de compartir la vida con los demás”. (EG, 282)

¡Gracias Señor! ¡Qué fantástico poder acabar los días, las semanas… y empezarlos, pudiendo gritar esto! Celebrar nos ayuda a quedarnos con lo mejor para poder seguir luchando para transformar aquello que nos indigna y que ensombrece la creación. Nos ayuda a rescatarnos del desánimo y acercarnos de nuevo a la Fuente para refrescarnos. Y estos momentos son ideales para convertirnos en comunidad abierta al mundo, extrovertida, con ganas de mostrar lo que nos mueve. Son momentos para compartir entre comunidades: que aquellas que llevan menos pasos dados vean la gran comunidad, que se puedan apoyar en el cayado de la experiencia; y aquellos cuyos caminos conjuntos ya son largos puedan respirar aires nuevos, expresiones actualizadas del mismo sentir. Y todo ello abierto a la vivencia eclesial de los sacramentos: eucaristía y reconciliación, y también sacramentos puntuales como el matrimonio, el bautismo, el orden sacerdotal, la confirmación… que llenan la vida de hitos fundamentales para salir de la rutina, sin olvidar la participación en los tiempos litúrgicos, como momentos privilegiados para el encuentro comunitario amplio.

¿Cómo podemos seguir trayendo novedad desde nuestro ser personas laicas en comunidad a nuestra propia vida y a la dimensión fraterna de la Iglesia? Respondamos cada día, personal y grupalmente, a los interrogantes que surgen de cada una de estas dimensiones. Caminemos, sin prisa, con paciencia, disfrutando del regalo de cada día y de cada persona. Y sigamos compartiendo.

Fórum internacional sobre la vocación marista laical

Secretariado de Laicos

En el proceso del Fórum Internacional sobre la Vocación Marista Laical, nos encontramos en la ‘Etapa 2’, que corresponde a los ‘encuentros locales y provinciales o distritales’, y que abarcará desde junio de 2021 a junio de 2022.

Esta etapa comprende el estudio y la profundización de los objetivos y temas propuestos, a nivel personal y comunitario. La dinámica se desarrollará en pequeños grupos formados por hermanos, comunidades mixtas, laicos y laicas vocacionados, fraternidades del MCFM u otros movimientos de manera presencial, donde sea posible, o virtual.

En las distintas Unidades Administrativas, en esta etapa:

  • Se dará a conocer la propuesta del Fórum Internacional.
  • Se generarán diálogos entre todos los participantes, en pequeños grupos (comunidades), de forma presencial o virtual, según las orientaciones entregadas desde el Secretariado de Laicos.
  • Se seleccionará de manera participativa a los representantes (dos laicos y un hermano) para asistir al Fórum Internacional. La participación de ellos será en noviembre 2022 (Roma, presencial) y en noviembre 2024 (virtual).
  • Se realizará un fórum Provincial/Distrital o un evento similar presencial o virtual en el que participarán representantes de la fase local. Cada UA organizará esta experiencia de acuerdo a su realidad. En ella se realiza el envío de los tres representantes de la UA al Fórum.

Para apoyar el diálogo de las comunidades, el Secretariado de Laicos Ampliado ha confeccionado una serie de instrumentos tanto para orientar la animación de los Equipos Provinciales o Distritales como para ayudar en la reflexión de cada fraternidad o comunidad de laicos y hermanos. Consiste en una serie de fichas para animar las reuniones y que tocan cada uno de los objetivos del Fórum, con la intención de generar reflexión y diálogo de todos los laicos y hermanos implicados en este proceso y de acoger formalmente sus opiniones y aportes al Fórum. Los Equipos Provinciales o Distritales responsables del Fórum en su respectiva Unidad Administrativa animarán esta etapa y distribuirán este material según el calendario que cada uno ha organizado.

Aquí se puede acceder al material para desarrollar esta segunda etapa en cada UA.

Testigos

Cómo vivo ser laica marista

Nerea Cano – Provincia Compostela
Miembro del Grupo de Espiritualidad Marista (GEM), Familia Hermitage
Voluntaria del movimiento juvenil MarCha y formada en acompañamiento del alma

Vivo ser laica marista como un regalo, como una oportunidad que me ha brindado la vida para entenderla desde la sencillez y la presencia, poniendo atención en los pequeños detalles y en el alma de las personas. Una de las cosas más importantes que he aprendido en este proceso, ha sido a mirar un poquito más allá del actuar de las personas. Me han enseñado a vislumbrar su interior y escuchar el mío, a ser consciente de cuando gobierna el ego, a intentar estar en paz por mí misma poniendo distancia a la influencia del entorno, a sanar heridas profundas.

Los Hermanos nos ayudaron a crear un espacio de protección que hoy podemos llamar familia. Una familia donde refugiarme cuando los tiempos son oscuros y con la que celebrar cada pasito que damos. El GEM me ayuda a volver a lo importante cuando el ajetreo del día a día hace que me centre en lo urgente. Siento el abrazo fraterno y sin juicio de cada uno de los que lo formamos.

Solo puedo dar las gracias porque Champagnat tuviera aquel maravilloso sueño y ponerme en disposición de servicio para continuar con esta cadena de acogida, de cuidado y de amor.

Fortalecerse en la fe para uno mismo y la acción cristiana

Christian Röhrl – Provincia West Central Europe

A través de mi propia vida de fe y experiencias personales, a menudo y con mucho gusto me pongo al servicio de los demás. Desde muy temprana edad he confiado en el amor y el apoyo de Dios y nunca me he sentido decepcionado en diferentes situaciones. He crecido junto con mis dos hermanos Stefan y Thomas en un hogar cristiano y bien protegido.

Debido a la relación tan estrecha con la parroquia local, nunca he dejado de ayudar en nuestra parroquia en Miltach, Alemania, desde mi primera comunión: durante muchos años como monaguillo y ahora sigo ayudando en el servicio del altar, la organización y la realización de los eventos eclesiásticos. A menudo y con mucho gusto aporto mis habilidades para ayudar a la Iglesia.

Ante todo, como la primera persona en ser bautizada en nuestra iglesia parroquial local, todavía estoy ansioso por cuidar a los niños y jóvenes (ya sea como monaguillo o en las reuniones de niños y jóvenes), para animarlos en su vida de fe y experimentar la comunidad y la cohesión junto con ellos.

Los años en los que pude enriquecer mi vida personal de fe a través de la escuela y las actividades extraescolares en la Maristen-Realschule Cham también han fortalecido mi compromiso posterior.

Además de mis muchos años como 1er tesorero en la asociación anterior «Amigos de la Escuela Secundaria Marista de Cham», es una gran alegría para mí rezar con los jóvenes en las reuniones de Pentecostés o reuniones similares a nivel provincial, hablar con ellos y comprometerme con ellos y con nuestra fe común.

Espero poder seguir construyendo puentes entre mí, mis semejantes y todos aquellos en todo el mundo que, como yo, confían en Dios y en Cristo.

Silencio, belleza, equilibrio

Jordi Cunillera Grañó – Provincia de l’Hermitage
Comunidad Marista de Llinars del Vallès, Catalunya

Hace más de seis años (desde enero de 2015) que estoy viviendo en la Comunidad Marista de Llinars del Vallès (Catalunya, L’Hermitage), una comunidad mixta formada por cuatro maristas: 3 hermanos y 1 laico. Antes de dar este paso hubo un tiempo de reflexión y de diálogo (con hermanos, con laicos, con la propia comunidad de Llinars), y finalmente se hizo la petición “oficial” al hermano provincial. Aprovecho las tres palabras (SILENCIO, BELLEZA, EQUILIBRIO) que han motivado un retiro que justo acabo de realizar para dar un breve testimonio de esta experiencia.

He mantenido mi trabajo en Barcelona, de manera que mi vida laboral no ha cambiado mucho. A nivel personal, uno de los cambios más interesantes ha sido tener cada día un tiempo de parada, de silencio, de escuchar al Señor. Es el momento de la oración comunitaria diaria de vísperas, antes de la cena. Yo no tenía la costumbre de disponer un momento como este, pero ahora lo espero y lo disfruto, y cada día puede ser diferente: repasar la jornada, pensar en las personas con las que has compartido algún momento del día o, sencillamente, estar en silencio y escuchar. Un rato para orar, para escuchar la Palabra de Dios, para escuchar a mis hermanos de comunidad…

También ha habido un cambio total de ambiente: del mundo urbano de Barcelona al mundo rural de Llinars del Vallès. Especialmente durante este último año y medio de pandemia, he aprendido mucho más a contemplar la belleza de la naturaleza, a percibir todos los cambios maravillosos que en ella suceden a lo largo del año. Y me he concienciado aún más de la necesidad de cuidar nuestra Tierra. Como se dice en algunos sitios, no existe un “Planeta B”, vivimos en este y tenemos que cuidarlo y dejarlo mejor a las futuras generaciones.

Finalmente, los pequeños o grandes cambios en mi vida durante los últimos seis años (comunidad, nuevos horarios, nuevo ambiente, etc.) me han llevado a un nuevo equilibrio, un equilibrio en el cual me siento muy cómodo. Creo, además, que es un equilibrio más sólido, más estable; no se ve tan afectado como antes por las continuas situaciones cuotidianas que crean desequilibrios y que hay que reconducir. En definitiva, una experiencia muy recomendable para laicas y laicos que quieran profundizar más en su vida marista.

Ser maristas hoy

Georges Sawaya y Sabine Chehab – Provincia Mediterránea
Laicos de la comunidad mixta de Champville (Líbano)

Probablemente hubiéramos respondido de maneras diferentes a la misma pregunta si nos la hubieran preguntado uno o dos años atrás. De hecho, qué podría significar ser marista hoy en un país en ruinas: con una clase media empobrecida, una crisis económica sin precedentes, escasez de materias primas, falta de gasolina y medicinas; con escuelas que carecen de medios, falta de seguridad, familias y cientos de jóvenes que deciden dejar su país para encontrar un poco de dignidad en otro lugar (experiencia que también hemos probado y que nos ha ayudado a cambiar, a discernir y comprender que es precisamente en esta oscuridad donde nuestra misión adquiere todo su sentido).

Creemos que “cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7). Todos estamos llamados a ser testigos, pero “existen muchas formas existenciales de testimonio” (Papa Francisco, Gaudete et exsultate)

Es dentro de esta realidad que estamos más convencidos que nunca de que nuestro papel como familia marista va más allá del marco escolar. Hoy, aquí y ahora, sabemos que estamos llamados a ser “faros de esperanza” (XXII Capítulo General) allí donde la depresión y la negatividad son omnipresentes.

Simplemente, en nuestro día a día, tratamos de tener una actitud positiva en nuestro entorno, con nuestra familia, amigos, comunidad, jóvenes de grupos de vida cristiana, y seguimos viendo la belleza que nos rodea; tratando de ayudarlos a reorientar su mirada sobre los verdaderos tesoros que nos ofrece la vida, acompañándolos en su discernimiento vocacional y poniendo nuestra esperanza y nuestra confianza en Dios.

Es una misión muy simple y sencilla que, por supuesto, no pondrá de nuevo en pie al Líbano, no cambiará la economía del país, no garantizará más seguridad, no hará disponible la gasolina, las medicinas, los productos de alimentación básica, seguramente no eliminará la corrupción y no cambiará la política del país pero pensamos que esto al menos tendrá el mérito de devolverle algo de sentido a la vida de quienes lo habían perdido.

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