21 de mayo de 2007 CASA GENERAL

De la ?sala blu? a la ?sala Champagnat?

Todo va encontrando su sitio. Y parece que con sentido y sensibilidad. La oportunidad de la reunión en Roma, de la Conferencia general, que necesitaba unos espacios para alojarse y reunirse, ha sido el momento adecuado. La casa general ha utilizado, desde que se construyó, unos espacios de encuentro y trabajo en el primer piso, que fueron denominados en un cierto momento como ?sala blu?. Este nombre se inspiró en el color de las baldosas del piso. En otros tiempos se pensó como lugar para recepciones, acogida de personalidades o de delegaciones oficiales. Poco a poco esos espacios han ido perdiendo ese sentido de diplomacia y protocolos para convertirse en unos espacios familiares dedicados al encuentro de hermanos y a la relación cercana con la sencillez marista. Al iniciar la Conferencia general se le ha dado una ambientación familiar e institucional que la convierte en la sala Champagnat, nombre con el que se la conocerá en el futuro.

La pared frontal muestra dos referentes fundamentales: la mesa de La Valla en torno a la cual se reunió la primera comunidad marista y la cruz que tenía Champagnat sobre su mesa de trabajo, enmarcada y resaltada. Seis paneles, con fotografías a todo color, ambientan las paredes laterales. Con esta secuencia de imágenes se pretende recordar otra secuencia histórica. En Rosey nace un niño. Una fotografía de la capilla dedicada a Marcelino en Rosey recuerda el nacimiento de Champagnat. Han nacido muchos niños en la historia, pero éste tiene una particularidad para nosotros. Es nuestro fundador. La foto del Hermitage nos recuerda que allí murió un hombre. ¡Tantos hombres han muerto! Pero la obra de este hombre ha entrado de lleno en la historia. La comunidad reunida y formada por Marcelino, fue consolidándose al mismo tiempo que construía la casa. Las paredes de la sala recogen, en varios tonos de pintura, la firma de Champagnat. Hoy se pone de manifiesto de forma simbólica, la huella que Champagnat dejó en las paredes del Hermitage, mientras las construía con el ardor de su corazón, el sudor de todo su cuerpo y el esfuerzo de sus manos. Las firmas se muestran en tonos suaves y difuminados que recuerdan la delicadeza de su mano; pero también con trazos sólidos y bien marcados que aluden a la firmeza de su carácter. La reproducción gráfica a gran tamaño de carta dirigida al Rey de Francia nos conduce a los orígenes del apostolado educativo y de la pedagogía marista. Enfrente, destaca la imagen de la Buena Madre que lo ha hecho todo entre nosotros. Y completan el conjunto dos estatuas de Marcelino. La de granito que se encuentra en la iglesia de Marlhes, que alude a los fundamentos de su persona y de su obra asentada sobre la dureza de la roca y la de mármol colocada en la basílica del Vaticano en la que aparece Marcelino llevando sobre sus hombros un niño mediante la que se representa la misión del Instituto.

Para ambientar los trabajos de los hermanos Provinciales y Superiores de Distrito del Instituto durante la VIII Conferencia general, que se llevarán a cabo en la sala Champagnat, ha sido ambientada además con algunos instrumentos de trabajo, similares a los que usaban Marcelino y sus hermanos, para demoler la roca del Hermitage y ganar espacio con el fin de construir la casa de la comunidad. No faltan las carretillas para transportar la piedra, los picos que fragmentan la roca o las palancas de hierro para levantar grandes pesos. Hoy, los hermanos que lideran la construcción del nuevo Hermitage en todo el Instituto, están empeñados en poner la firma, que heredamos de nuestros mayores, en las comunidades y obras que animan nuestras manos y nuestros corazones.

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