16 de febrero de 2006 CASA GENERAL

El proyecto Misión ad gentes llega a cada hermano

El día 10 de febrero, los servicios de la Administración general se conjuntaron para realizar un trabajo en común que estuvo animado por la presencia y colaboración del hermano Seán Sammon, Superior general. La tarea consistía en introducir en sus sobres respectivos 4.200 cartas dirigidas una a cada hermano del Instituto de forma personalizada.

La noticia tiene doble vertiente. Por un lado el contenido de la carta invitando a cada hermano a hacer suyo el proyecto Misión ad gentes que se propone enviar ?150 hermanos, o quizá más, a lo largo de los próximos cuatro años?, a Asia, que es ?la casa de los dos tercios de la población mundial?. Esta primer parte es obra del hermano Seán y merece un comentario ex profeso.

La segunda parte de la noticia es más trivial, más de andar por casa en los trajines diarios. Editar la carta, introducirla en su sobre correspondiente después de la selección ordenada de las tres hojas que dan soporte material al contenido y de un doblado a la medida para que encaje en el sobre son tareas monótonas que muchos de nosotros hemos realizado rutinariamente. Pero enfundar 4.200 misivas es tarea. Y ahí estuvimos, manos a la obra, con gran dedicación y cariño durante un par de horas hasta concluir el trabajo.
Cada sobre que se cerraba iba acompañado de un latido de corazón que se quedaba perplejo sospechando una sorpresa en la respuesta una vez recibida la invitación.

Del servicio burocrático de la manualización se pasó a la sorpresa de que no somos pocos, aunque insuficientes: Cuatro mil doscientos hermanos. A través de ese pequeño servicio pudimos medir, una vez más, la extensión de la geografía del Instituto y su diversidad pero también el alcance de nuestra presencia institucional en la Iglesia y en el mundo.
La tarea puede resultar una cotidianidad, pero la importancia del proyecto y de su correcta puesta en marcha fue significada con la presencia del hermano Superior general y de su Vicario al frente de esa monótona confección del envío de unos papeles cargados de afectos y de una estimulante propuesta.

El hermano Joseph de Meyer empujaba satisfecho, camino de la posta italiana, el carro, lleno de correspondencia, con destino a todas las provincias del Instituto.

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