9 de octubre de 2023 ESPAñA

Entrevista a Juan Antonio Muñoz, voluntario en Siracusa

El Centro Intercultural de Ayuda y Orientación a la población migrante (CIAO), en Siracusa, es la principal actividad pastoral de la comunidad marista internacional LaValla200> de Sicilia, Italia, conformada por hermanos y laicos maristas. El centro brinda programas de educación y alfabetización, refuerzo escolar, asistencia legal/ jurídica, y acogida a jóvenes inmigrantes/refugiados que viven en la ciudad y sus alrededores.

Juan Antonio Muñoz Cruz, de la Provincia de Mediterránea, de 27 años, estuvo como voluntario marista en Siracusa, desde septiembre de 2022 hasta agosto de 2023. Él es catequista, profesor en el colegio marista Cervantes de Córdoba y animador de los Grupos de Vida Cristiana.

En la entrevista que publicamos, a continuación, Juan Antonio habla sobre aquello que lo motivó a ser Marista, su experiencia de vida en comunidad y lo que ha aprendido como voluntario en el centro de Siracusa.

La entrevista fue realizada por Anabel Abad, responsable de comunicación de Maristas Ibérica. Ella ha sido voluntaria de SED Mediterránea, en julio de 2023, en Siracusa (Italia).


Juan, ¿cuál fue tu primer contacto con la institución marista?

Mis padres me metieron en un colegio marista desde pequeño, con 6 años. Mi padre, de hecho, era antiguo alumno del colegio marista de Córdoba. Vivíamos muy cerca. Ahí conocí a los maristas, pero hay muchos compañeros que entraron al colegio y, hoy en día, no tienen vinculación con la institución. En mi caso, gracias a Dios, a Marcelino y a la Buena Madre, no solo entré en el colegio, sino que me enamoré del colegio y a día de hoy es mi casa.

¿Cómo ha llegado a convertirse Maristas en tu casa?

Bueno, pues porque, principalmente, entré a formar parte desde muy pequeño del movimiento juvenil. En ese momento ya eran los Grupos de Vida Cristiana, pero tenían otro nombre. Hoy sigo formando parte como catequista. Para mí, ser marista siempre ha estado muy ligado a ser de Grupos. He descubierto la fe gracias a Grupos. Mi fe se ha construido bajo los pilares y la enseñanza inspiradas por Marcelino. Por otra parte, mi vocación laboral es la educación, la educación como instrumento, como herramienta que puede cambiar el mundo. Y gracias a eso, mi ser marista también significa formar parte de un equipo del colegio, como profesor.

¿Siempre has querido ser profesor? ¿En qué etapas das clase?

Cuando terminé Bachillerato en el cole, empecé la carrera de Historia y en ese momento no quería ser profesor. De hecho, hice prácticas en Arqueología y estuve en una excavación. Pero en el último año de carrera, fue cuando me dije: “llevo toda la vida siendo catequista, me está encantando”. Además, daba clases como profesor particular desde hacía años y me ganaba dinerillo con eso. Como catequista estaba muy vinculado a la educación, y al final me animé a estudiar el máster de Educación. Lo estudié en Jaén, y también estuve vinculado a la pastoral del colegio marista de Jaén. Allá donde voy, intento vincularme a algo marista. Podría hacerlo en una parroquia, por supuesto, pero si hay presencia marista, me llama.

Tienes además bagaje en el ámbito social…

Yo llevo desde más o menos los mismos años que soy catequista vinculado a las ONGs. En el colegio siempre ha habido un grupo muy activo que se centra en hacer actividades para fomentar el voluntariado y que ofertan campos de misión de la ONG marista SED. Estuve en Ghana en 2016, con 21 años. Me decidí por Ghana porque la educación tiene un papel central. Fue una experiencia importantísima en mi vida, que sembró mucho. Acompañábamos a niños y niñas que vivían en la calle, de distintas edades. Podría hablar mucho de todo eso… Creo que fue un gran momento que después me ayudaría a decidirme por algunas experiencias en lo social. Fue una experiencia de servicio mucho más prolongada en el tiempo. Y además de la vocación social, fue un acercamiento a una comunidad marista para realmente convivir, aunque muy distinto a lo que he vivido en Siracusa, a años luz de distancia.

Ha habido también otra experiencia, que llegó después de mi presencia y mi labor en SED. Llegó a Córdoba un chico que venía de Siracusa, un migrante. Y, por ciertas circunstancias, estuve muy cercano a él en sus primeros pasos. Hubo mucha gente que lo ayudó. Yo fui una persona que sobre todo al principio estuvo muy cercana a él, en su inserción laboral… Dejé de tener relación con él un tiempo y luego la retomé. Hoy en día es amigo mío y trabaja en Córdoba. Fue mi primer contacto con esa realidad. Yo creo que en cierto modo es una semillita más que ha sembrado.

Y, bueno, por otro lado, he sido voluntario en la obra social que tiene la Fundación marista Champagnat en Córdoba desde que empezó. Es una obra social que ofrece refuerzo educativo a menores del barrio. Gracias a Dios ha evolucionado muchísimo, ahora es muy grande y responde a muchas necesidades concretas que se han ido viendo en el barrio. Por ejemplo, el año pasado estaba dando clases para adultos para ayudarles a obtener el título de enseñanza básica, de enseñanza secundaria. Hay migrantes y cordobeses. Siempre he estado vinculado a las propuestas sociales que venían del cole. Y aparte he estado en Córdoba Acoge como voluntario, que forma parte de la Red Acoge, que existe en toda España. En temas de asistencia documental, jurídica…

¿Cómo surge lo de venirte aquí, a Siracusa?

Recibí una llamada telefónica la mañana del 9 de septiembre de 2022. Lo recuerdo exactamente porque era el día después de una fiesta de mi barrio. Yo estaba volviendo a casa por la mañana y recibí la llamada de una persona muy cercana a mí, un compañero del colegio que también fue profesor mío; y me dijo que le había llamado un hermano porque hacía falta una persona, un laico, dispuesto a ir a Siracusa. Esta comunidad está compuesta por dos hermanos y dos laicos/laicas. Se marchaba en ese momento Nina, una laica. Estuvieron buscando en muchos países, es una comunidad internacional. Había un poco de desesperación por algunos temas de visados y no encontraban el perfil. Cuando me llamaron a mí, me dijeron: “tienes que decirnos algo hoy”. Al rato llamé y dije “Vale, me voy”.

¿Qué sentiste en el momento de la llamada? ¿Qué te hizo decir Sí en tan sólo unas horas?

No encontraba ninguna razón para decir No. Yo no diría que hubiese una razón para el Sí, sino que no había ninguna razón real para decir No. O sea, si tienes poco tiempo para tomar una decisión, es muy fácil que encuentres la respuesta definitiva en ese tiempo, porque de verdad te planteas las cosas que te tienes que plantear. Si mi madre me pide ayuda, yo voy. Si mi hermana me pide ayuda, yo voy. Si me piden ayuda los maristas, yo voy. Y había empezado ya el curso, llevaba una semana. Les dije que “Sí, me voy, pero dadme tres semanas porque tengo que hablar con el colegio”. Y tengo la suerte de que es un colegio marista y me he podido coger una excedencia, gracias a Dios. Y luego, pues el dinero… va y viene. Me había comprado un coche, que sigo pagando, y se lo dejé a mi hermana. Tenía una casa en alquiler que ya no tengo. No me preocupa mucho el dinero, quizás porque como siempre he vivido preocupado por el dinero, ya he aprendido a despreocuparme.

¿Cómo fueron los primeros momentos aquí?

Me recibieron en el aeropuerto Ricky y Quique, porque Giorgio se quedó haciendo una pizza para cuando llegase. Y he sentido desde el minuto uno mucha naturalidad. Lo bonito de vivir en comunidad es que siempre hay alguien que ha vivido en comunidad. Que haya una dinámica; que, si son dinámicas bonitas, que en este caso lo son, pues ayuda mucho. Me sentí acogido en el minuto uno.

Juan, ¿cómo definirías tú la vida en comunidad?

¿La vida en comunidad? Quizás tengo el problema de no poder diferenciar mi vida en comunidad a mi vida en esta comunidad, porque no he vivido en otra. Desde mi experiencia aquí, la vida en comunidad es un constante camino en el que descubrir lo bueno que tiene convivir con otras personas y, para mí, va ligado de manera completa a trabajar por un objetivo en común, en este caso, la misión que tenemos en Siracusa. Yo estoy conviviendo con las mismas personas con las cuales tengo una misión compartida. Por tanto, para mí la vida en comunidad es convertir cada día y cada momento en parte de esa misión.

Cada uno tiene su libertad individual, su espacio, y a la vez buscamos momentos para estar juntos, para seguir construyendo esa misión, que no se construye solamente en el CIAO, se construye también aquí en casa. Porque si no cocinásemos cada día uno, y nos preguntásemos qué plato nos gusta, o hiciésemos una sorpresa para alguno, o los pequeños detalles… no tendría sentido.

Si tuvieses que destacar algún momento de este año…

Nosotros tenemos siempre, todas las semanas, una reunión de comunidad. Y no es una reunión para hablar de trabajo, del CIAO o de los apartamentos, esta es una reunión de comunidad, de nosotros. Y me quedo con esos momentos en concreto, donde podemos compartir un momento de comunidad más íntimo. Algunas de esas reuniones han acompañado una visita, una excursión, sobre todo temas culturales, que nos gusta a todos. Un viaje con el que me quedo ha sido pasar la Navidad en Nápoles, con la comunidad marista que vive allí. Bueno, de hecho, ellos viven en Giuliano, pero también estuvimos en Nápoles. En Giuliano tienen uno de los colegios maristas más grandes de Italia y la comunidad es mixta, está muy en sintonía con la nuestra.

¿Y cuál es vuestro día a día?

Lo primero que hacemos al levantarnos es venir a la oración, que la tenemos en este espacio del salón. Empezamos el día con un momento de oración sencillísimo. Una de las cosas que he descubierto en comunidad es que no hace falta complicarse tanto para orar. Y la verdad que me gusta mucho ese momento. Un momento de oración, luego desayunamos juntos y nos vamos al CIAO. Estamos allí hasta la 1 del mediodía, que terminamos, y siempre hay una persona que ha llegado antes, depende del día, y ha empezado a hacer la comida. Comemos juntos y, a partir de ahí, nos separamos para dormir o para descansar o para lo que sea.

A las 3 volvemos al CIAO y estamos allí, depende del día, hasta las 6.30 o 7. Algunos días, por ejemplo, cuando está el abogado, estamos hasta las 8. Y volvemos a casa, cenamos juntos de nuevo y fin del día. Yo, por ejemplo, todos los días o casi todos los días, intento dejar dos horas para ir al gimnasio. Ricky hace muchos trabajos manuales. Cada uno tiene, no sé, su pequeño hobby, y tenemos un momento para hacerlo. Eso es entre semana. Los fines de semana, pues un poco más libre, siempre tenemos libertad de poder ir donde veamos. Solemos ir a los apartamentos un poco más de tiempo y estamos con los chicos, que a veces entre semana no hemos podido. Los domingos es el día comunitario, así que intentamos hacer una salida, comer fuera…

¿Qué te llevas contigo de esta experiencia en Siracusa?

Una de las cosas que me llevo es la reflexión de que en el pasado encontraba excusas para no tener momentos de oración, por tener mucho trabajo, estar muy ocupado o lo que sea, excusas horribles. Me he dado cuenta de que aquí estoy trabajando 24/7 y encuentro 15 minutos para orar, y no sólo yo, sino que comparto ese momento con otros. Y me llevo también… la necesidad de estar más cercano a los hermanos. Me han entrado muchas ganas de querer compartir momentos con los hermanos en Córdoba. Ya tengo alguna idea pensada y compartida con ellos, de hecho, de cómo poder participar de la vida comunitaria, de un modo distinto al que participo aquí, claro. Pero pienso que como laico marista me siento un poco llamado a eso, a intentar compartir tiempo con otras personas dentro del mundo marista. Y me llevo, obviamente, a la gente, a todo lo que viví aquí con las personas, a mis hermanos de comunidad y tantas otras cosas.

De la misión me llevo un cambio para la vida que tengo planteada en Córdoba. No sé si el día de mañana la vida me llevará por otros derroteros, y mi servicio tendrá que ser para mi familia, claro; pero quiero seguir activo en la misión más allá de mi trabajo. Quiero centrarme en un servicio de apoyo a migrantes. Creo que con todo lo que he aprendido y con lo que he descubierto que me gusta y con la rabia que me genera todo… Porque yo vivo con rabia aquí, porque hay gente que lo está pasando tan mal y hay otra tantísima gente diciendo auténticas barbaridades de la migración sin tener idea de nada. Y yo no puedo llegar a Córdoba y quedarme con esa rabia. Tengo que seguir trabajando con los migrantes.

¿Y qué claves te llevas de aquí para que esa rabia se convierta en una acción?

Yo tengo rabia contra la ignorancia. Antes de venir aquí, no tenía esa rabia, pero ahora he visto lo que hace la ignorancia. Y esa ignorancia genera miseria. Y un funcionario ignorante hace que un migrante no tenga su permiso de residencia y se pueda ir a la calle. Un trabajador de un hospital ignorante hace que un chico migrante se tire 12 horas en la sala de espera, como yo me he tirado con alguno, con un cálculo renal que casi le destroza el riñón. La mejor manera de combatir el racismo y la ignorancia es colaborar en la divulgación de lo que está ocurriendo y yo tengo un escaparate enorme que es un aula y que es el más importante.

VOLVER

Colaboradores de Brasil Centro-Sul reflexiona...

SIGUIENTE

Otras Voces Maristas 5 y 6: Liderazgo de serv...