23 de junio de 2005 ALEMANIA

Espacio – M

En una zona del jardín del Internado del colegio marista de Mindelheim, se ha construido un recinto de oración para jóvenes, que fue bendecido el 2 de junio de 2005.
El director del Internado, el Hno. Gerhard Ippisch, saludó durante la misa solemne a los numerosos alumnos presentes, a los profesores y profesoras, al grupo de bomberos juveniles del colegio y a muchos otros colaboradores y donantes.
El subgobernador D. Hermann Haisch y el alcalde D. Stephan Winter felicitaron a los creadores y ante todo a los jóvenes por su idea de un lugar de silencio. Éste se encuentra situado en medio de la zona verde del jardín y está dotado de un hábitat ecológico.
Los jóvenes deseaban un espacio de oración que respondiera a sus deseos y que fuese en parte ideado por ellos. Ya el nombre elegido demuestra mucho su imaginación. Así la mayúscula M puede significar: Meditación, Marcelino, María y Maristas.

El estanque de agua, construido justo delante de la cruz y que dispone de luces flotantes, es un símbolo muy rico. ?El agua viva (Jn 7, 37-38), que fluye del lugar de oración, es símbolo de la vida y fertilidad que viene de Dios. Las luces flotantes son signos de la presencia del orante incluso cuando éste se halla ausente, y ayudan a encontrarse consigo mismo y con Dios.
Después de la misa y de la bendición de la obra, tuvo lugar una recepción con cena incluida en el salón de actos del Internado.
El obispo auxiliar de Augsburgo saludó a la gente con estas palabras: «La nueva construcción del recinto de oración en el colegio de los Maristas de Mindelheim es un signo evidente para nuestra sociedad en su caminar hacia el futuro. La formación en nuestra sociedad del saber no deberá nunca limitarse a la sola transmisión de técnicas de estudio y de aprendizaje. El fin de una auténtica educación debe integrar en la educación de los jóvenes el siguiente desafío vital: ¡Una respuesta a la cuestión del sentido de la vida! Sobre todo en nuestro tiempo, con sus tendencias seculares tan sensibles para nuestra sociedad, el recinto de oración, un lugar para Dios en terrenos de una gran escuela, nos ayuda a no perder de vista el origen y el fin de nuestra vida que es Dios mismo».

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