26 de junio de 2020 CASA GENERAL

H. Ken McDonald, Consejero general, habla de las Políticas de Protección de la Niñez del Instituto

La primera responsabilidad de los maristas es crear entornos seguros para niños y jóvenes, y protegerlos de cualquier tipo de daño o abuso. «Marcelino amaba a los niños y hacía hincapié en su protección. Nosotros no podemos hacer menos que eso” (H. Seán Sammon, Superior general, 2001-2009).


Nuestra comprensión sobre el impacto del abuso de los niños y jóvenes se ha ido profundizando en los últimos años. De las duras lecciones del pasado hemos aprendido que nuestra responsabilidad primordial es garantizar que todas nuestras pastorales sean entornos seguros para los niños. Este aprendizaje ha sido reforzado al escuchar a las víctimas de abuso. Cuando nuestras pastorales no priorizan la protección de los niños y jóvenes y no les brindan un entorno seguro, el impacto en sus vidas puede ser devastador. Este entendimiento mejorado también incluye la necesidad de proteger a la comunidad en su conjunto porque cada caso de abuso puede tener un profundo impacto en toda la comunidad.

Como Maristas, creemos que la protección infantil es una parte esencial de nuestra misión. En nuestro esfuerzo por garantizar que todas nuestras pastorales brinden un ambiente seguro, el Instituto elaboró las Normas de protección Infantil, en 2011. Estas normas continúan proporcionando directrices para el desarrollo de reglamentos por parte de todas las unidades administrativas y pastorales del Instituto. Para velar por ello, el Instituto continúa implementando reglas que abarcan las mejores prácticas, a nivel mundial, que la Comisión para la Protección de Niños y Adultos Vulnerables elabora para revisar estas normas.

Las normas incluyen un enfoque basado en los derechos del niño para garantizar que los menores tengan un ambiente seguro en las pastorales Maristas. Estas normas garantizan la comprensión y respeto de los derechos de los niños. Las Normas también tienen en cuenta que el Instituto está presente y vela por los niños de más de 80 países, quienes viven en contextos culturales diferentes.

Los niños y los jóvenes con los que trabajamos ocupan un lugar central en todas las reglas. Las normas del Instituto tienen como prioridad, proporcionar a los niños una comprensión de sus derechos, garantizar que sean escuchados y creídos, y velar por su seguridad y bienestar.

Otra prioridad que garantiza que todas nuestras pastorales son entornos seguros para los niños es la formación de quienes trabajan con ellos.

Es importante que todo el personal de nuestras pastorales conozca los derechos de los niños con los que trabaja. Ellos deben respetar estos derechos y garantizar que sus esfuerzos por educar a los niños también promuevan los derechos de los niños y garanticen su seguridad y bienestar. Los niños deben ser tratados con dignidad en todo momento, y cuando están con nosotros deben sentirse protegidos y cuidados.

Todos somos conscientes de que no siempre lo hacemos bien. Incluso, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para proteger a los niños, a veces suceden cosas malas. Tratar adecuadamente a las víctimas de abusos históricos o actuales es fundamental en el trabajo de la Comisión. Que haya víctimas de abuso es una parte vergonzosa de nuestra historia. Las normas comprometen al Instituto a seguir trabajando por la curación de las víctimas. Nuestro deseo es trabajar con las víctimas de tal manera que las ayudemos a recuperarse y vivir una vida plena y satisfactoria.

El Instituto ha trabajado duro para elaborar y revisar sus normas de Protección Infantil. Sin embargo, tener este reglamento no es suficiente. Las normas deben seguirse con acciones concretas que garanticen que todos los niños bajo nuestro cuidado se sientan seguros y protegidos.

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H. Ken McDonald, Consejero general

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