24 de noviembre de 2020 ITALIA

H. Pietro Bettin: «La vida comienza donde termina el miedo» – Lavalla200> Atlantis

El H. Pietro Bettin, de Italia y de la Provincia Mediterránea, ha sido miembro de la comunidad Lavalla200> Atlantis, en Sudáfrica, durante 3 años, hasta julio de 2020. En esta entrevista, compartimos algunos aspectos de su experiencia en el Instituto.


¿Qué te motivó para dejarlo todo y participar en una comunidad internacional e intercultural?

Mi motivación surgió a partir del nuevo desafío que el H. Emili, Superior general, planteó con ocasión del bicentenario Marista: establecer comunidades internacionales en cada región, que tengan una presencia significativa entre los niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad, en las periferias del mundo. Esto también fue una respuesta a la invitación del Papa Francisco a ser una Iglesia saliente que se permite ir más allá de las fronteras geográficas y existenciales.

Al considerar mi edad (casi 70 cuando fui), pensé que esta podría ser mi última oportunidad de tener una experiencia de comunidad y misión, diferente a la que había conocido en mis 50 años de vida religiosa.

Por supuesto que hubo muchas interrogantes. Al enfrentar mis temores para tomar aquella decisión, volví a la pregunta que el hermano Emili hizo en una de sus cartas:

¿Qué harías si no tuvieras miedo? ¿Qué haríamos como Maristas si no tuviéramos miedo?

La vida comienza donde termina el miedo.

Describe brevemente algunos momentos importantes de tu vida comunitaria

Lo que me parece destacable en nuestro estilo de vida comunitaria, es el espíritu familiar que era evidente en el intercambio profundo de nuestras reuniones comunitarias, en el cuidado de la casa, el jardín, la cocina, etc. Otro elemento importante era nuestro compromiso con la pastoral. De manera especial, al final del día, cuando en la paz de la noche, teníamos nuestro momento de contemplación y oración para compartir lo que Dios había trabajado a través de nosotros durante el día.

¿Y en la pastoral de la comunidad?

Nuestra instalación en el área de Atlantis fue gradual. Después de tres años, pudimos decir que estábamos bien establecidos y éramos conocidos tanto en la parroquia como en la escuela.

Fuimos a Atlantis sin ningún plan en particular en mente, sólo aquella de ser «una presencia evangelizadora significativa entre los niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad». El primer año, contactamos a todas las asociaciones que estaban involucradas con la juventud de Atlantis y les ofrecimos nuestra colaboración, donde era posible, especialmente en las actividades extraescolares. Esto nos permitió conocer y comprender el contexto social y cultural de la población.

El segundo año, nos unimos oficialmente al personal de una escuela primaria para las actividades de la tarde. Organizamos toda una semana de actividades recreativas y educativas durante el verano, en la que involucramos a alumnos de la escuela secundaria marista de Rondebosch y estudiantes de Atlantis. Para conocer más sobre el contexto social, organizamos una serie de entrevistas con personas locales con años de experiencia en la educación.

El tercer año, pusimos en marcha un programa de formación de liderazgo que se realizaría en 12 encuentros, abierto a 20 estudiantes elegidos de las escuelas secundarias de Atlantis. Logramos realizar 3 encuentros, y luego todo se detuvo debido al COVID-19.

Todo este proceso gradual de integración en una nueva cultura, comenzando desde cero, ha sido realmente una experiencia interesante de trabajo junto a los responsables locales de la educación de los jóvenes.

¿Qué palabras clave reflejan mejor tu experiencia?

Algunas palabras del H. Emili Turù durante la 88ª Asamblea del USG, en el 2016, me guiaron en esta elección. Que reza: “son invitados a poner en sus vidas un poco de locura y de audacia, e ir más allá de lo conocido.  Salir de nuestra zona de confort para ir a ese espacio donde se dan los milagros”.

Es también interesante un video realizado por Maria Bobillo que con 100 palabras ilustra la experiencia Atlantis.

Describe el escenario o evento más significativo durante tu estadía en Lavalla200

El evento más significativo durante mi presencia en Lavalla200, creo que fue la celebración de mi Jubileo de Oro, el 6 de junio de 2018, día de San Marcelino, en el St Joseph’s Marist College. Las dos comunidades de Atlantis y Rondebosch organizaron el evento sin que yo lo supiera. Empezamos la misa a las 9 a.m. con los alumnos mayores. Antes del ofertorio, los hermanos de las 2 comunidades (+ María) se reunieron frente al altar y Tony leyó una hermosa oración y el Padre John leyó la bendición. Almorzamos en la escuela con los profesores y cenamos en la comunidad con los Hermanos y algunos amigos laicos.

En general, me alegro mucho celebrar mis 50 años de vida religiosa en la fiesta de San Marcelino y en una comunidad internacional en las afueras del mundo Marista. Fue un día especial, inesperado, una gran sorpresa, un testimonio del cariño de los hermanos y laicos que me rodeaban, una ocasión para dar gracias a Dios por su fidelidad.

¿Cuál ha sido tu aprendizaje más importante?

El contacto con diferentes culturas me ha enseñado a no juzgar la diversidad como un inconveniente, sino más bien como una ventaja. Además, la presencia de los laicos exigía un nuevo enfoque de la vida comunitaria y la espiritualidad: tuve que aprender a ser flexible y paciente.

¿Cómo te ayudó la experiencia a crecer en tu vocación Marista?

Este tipo de experiencia es una oportunidad única para crecer en nuestra vocación Marista, por muchas razones: una presencia evangelizadora significativa en las periferias del mundo, una colaboración internacional fuera de los confines de nuestra propia provincia, una comunión de culturas y una apreciación de la diversidad, organizando nuestra vida comunitaria de forma compartida con los laicos (hombres y mujeres). Todos estos elementos han reforzado mi apego a la vocación Marista.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos que experimentaste durante este tiempo?

El desafío que tuve todo el tiempo fue la dificultad para comunicarme: no pude acostumbrarme a la forma en que hablaban el inglés. No podía entender a los niños porque su lengua materna es el afrikáans. Tuve que reaccionar ante la tentación de encerrarme y encontrar otras formas de comunicarme.

El otro gran desafío ha sido mi edad (70). A menudo me sentía inútil porque no podía participar en todas las actividades que estaban haciendo los demás. Hasta que descubrí la importancia de mi presencia, simplemente mi presencia, para muchas personas.

¿Qué te gustaría decir a los hermanos y laicos Maristas que están pensando en participar en las Comunidades Lavalla200 u otros proyectos internacionales / interculturales del Instituto?

La preparación es importante. Aprende bien el idioma para que puedas comunicarte con la gente local lo antes posible. Pide la luz del Espíritu y el don del discernimiento. Se necesita coraje, se necesita paciencia; y confianza en Dios.

“Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. ¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14). Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí. (Gaudete et exultate, 135)

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