2 de abril de 2005 VATICANO

He llegado a la meta

¡Ayudadme! Fue el grito de auxilio que Juan Pablo II lanzó el 15 de agosto de 2004 desde la explanada de Lourdes mientras leía la homilía. Un lamento susurrado en polaco, su lengua materna, que nos ayuda a comprender su estado físico, y, sobre todo, su estado moral. Nunca lo habíamos visto tan agotado. Doblegado por la fatiga, el dolor, la enfermedad de Parkinson, el anciano Papa continuaba su misión esforzándose, mostrando al mundo, sin vergüenza, su deterioro físico.
Vittorio Messori ha comentado así el acontecimiento: ?En este mundo nuestro del lifting y del fitness, contemplamos a un anciano con Parkinson en fase avanzada, que continúa, con puntual fidelidad, su ministerio, exponiendo a las telecámaras, a los objetivos electrónicos, a las muchedumbres, el deterioro de un cuerpo tembloroso y jadeante.
¿Qué es lo que se busca? Se preguntan algunos. ¿Demostrar que el espíritu puede dominar la carne? ¿Convertir la enfermedad en medio de evangelización?

De hecho, ha sido el primer papa con un cuerpo visible. Pío XII y Pablo VI fueron papas casi incorpóreos. A Wojtyla lo hemos visto como joven atlético, fuerte, bronceado, vital, entregado al esquí, al alpinismo. Lo hemos visto doliente en el hospital y envejecer poco a poco. Siempre ha usado su cuerpo como instrumento, también cuando se estaba deteriorando. También ha sido el primer papa que se ha convertido en un icono juvenil a nivel mundial; su imagen valía más para situarla sobre una camiseta que dentro de un marco de plata. Un papa, más de DVD que de rosario, más de estadio que de catedral.
Verlo enfermo y doliente torturaba el corazón. Pero, a pesar de la voz que se apagaba en su garganta, de la respiración que parecía detenerse, de la saliva que le goteaba incesantemente por la boca, el bravo pontífice ha seguido luchando hasta al final de sus días.
En Lourdes dijo: ?He llegado a la meta de mi peregrinación. Fue su consumatum est. Y aquel vaso de agua que su secretario le dio se pareció mucho a aquella esponja que el soldado romano ofreció a Cristo, modelo de todos los crucifijados de este mundo.

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