20 de mayo de 2020 CANADá

Hermano Powell Prieur (Charles Bernard) – 1929 -2020

El hermano Powell falleció el 30 de marzo de 2020 en el Monte Champagnat, Château-Richer, Canadá. Pasó gran parte de su vida marista como misionero en África y contribuyó también a la animación del Instituto desde Roma. A continuación, el hermano Jacques Langlois habla de su vida, un faro de esperanza para toda la familia marista.

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«Un hombre entregado a su misión»: este podría ser el título de una larga biografía que se propusiera seguir los pasos de este infatigable marista entregado al servicio de la educación y del Instituto.

Nació en Saint-Vincent-de-Paul, cerca de Montreal, el 13 de abril de 1929, en una familia de 10 hermanos: siete niños y tres niñas. En casa se hablaba en inglés, no aprendió francés hasta que comenzó la escuela primaria.

Hizo sus primeros votos el 15 de agosto de 1947. Después de un año de escolasticado en Iberville, se le invitó a continuar sus estudios en el Marist College, en Poughkeepsie, en el Estado de Nueva York, donde se graduó en Ciencias en 1952. Siguió un año de enseñanza en La Tuque. Hizo su profesión perpetua en julio de 1953, y unas semanas más tarde dejó Canadá para ir a África.

 

Zimbabue (Rodesia):  Una fecunda carrera

Desde 1953 hasta 1967 fue profesor en varias escuelas de Zimbabue y Zambia. Dejó su huella en Kwekwe, una escuela multirracial donde enseñó durante doce años, los dos últimos a la vez que era director. Sus antiguos alumnos lo recuerdan con nostalgia, tanto en el aula como en los campos deportivos. Tres de ellos quisieron ir a visitar a Powell durante sus últimos años de retiro en Canadá.

En noviembre de 1967 fue nombrado Superior del Distrito de Rodesia (Zimbabwe). Todo un reto, porque comenzaba la adaptación después del Vaticano II. Por otra parte, el país había declarado la independencia de Inglaterra dos años antes, lo que llevó al cierre de las fronteras con Zambia. Con sus cualidades de liderazgo, él era el hombre del momento. Negoció el traslado de Kabwe, Zambia, a la provincia de Castilla. A cambio, el Distrito se encargó de la fundación de la escuela de Dete. Powell obtuvo importantes subvenciones de Misereor para este proyecto, que ofrecía tanto asignaturas clásicas como prácticas.

Durante su tercer mandato, Powell y su Consejo decidieron cerrar la escuela Kwekwe durante un año, ya que el número de estudiantes de razas diversas se había reducido de 150 a 75 debido a los disturbios en el país. El plan era añadir más edificios en 1976 para poder aceptar a unos 300 internos africanos en 1977. Esto causó una gran polémica. Un hermano lo criticó en los periódicos, insistiendo en que había que seguir dando testimonio en contra de las políticas raciales del gobierno blanco. Estas críticas afectaron mucho a Powell, que en su noveno año al frente del Distrito acusaba el cansancio. El hermano Basilio le pidió que fuera a Roma para recuperarse.

 

Roma: Un nuevo horizonte

Los caminos de Dios son insondables. Powell llega a Roma, donde tuvo la oportunidad de seguir algunos cursos en 1977. Desde 1978 hasta 1982 trabajó con F. Charles Howard para sentar las bases de la Secretariado Social, en respuesta al llamamiento de la Iglesia de una opción preferencial para los más pobres. Esta oficina buscaba formas de apoyar financieramente proyectos solidarios en los países en desarrollo. Con los años, el Secretariado se convirtió en la Oficina Internacional de Solidaridad y, finalmente, en la Fundación Marista para la Solidaridad Internacional (FMSI).

Está claro que sus talentos no pasaron desapercibidos. Fue nombrado Consejero general en octubre de 1982 para llenar un vacío. En el Capítulo de 1985 fue elegido para el Consejo general junto con el H. Charles Howard. El H. Richard Dunleavy, también electo, dijo de ese período: «Creamos fuertes lazos de amor fraternal y respeto. Powell fue un hombre con los hombres, y siempre un hermano con sus hermanos. Era un líder nato, siempre tenía claras las decisiones a tomar, pero al mismo tiempo, estaba siempre dispuesto a escuchar a los demás para ver cómo lograr el objetivo a alcanzar, fuese el que fuese». Hablando de sus experiencias juntos en Roma y de sus viajes a África y a otros países con él cuando eran consejeros, señala: «Aprendí a apreciar y a admirar su fuerte espiritualidad marista, su estilo de vida sencillo y su compromiso con —como les llama el Papa Francisco hoy— quienes viven en la periferia».

Durante su mandato como Consejero general, él y el H. Charles Howard se involucraron en un proyecto de gran importancia para el África marista. Mirando las estadísticas de este continente, constató que, aunque cada año había una serie de primeras profesiones, el número total de hermanos seguía siendo más o menos el mismo. Sacó la conclusión de que la causa de que muchos se marcharan era los estudios de posnoviciado en centros seculares. Propuso una solución: crear un centro de estudios común para todo el continente, tanto para los países francófonos como para los anglófonos. Con buenos equipos de formación se podría ayudar a los jóvenes hermanos a fortalecer el espíritu religioso en su continente. Se entregó en cuerpo y alma a este proyecto, que comenzó en Nairobi a finales de 1986, con el H. Luis Sobrado como primer Superior.

Un paréntesis sobre su salud. Durante una estancia en Zimbabue en 1985 o 1986, consideró la posibilidad de establecer un escolasticado internacional en Harare. Una noche, después de visitar un lugar que podía resultar adecuado, regresó a Kutama. Después de retirarse a su habitación se sintió muy mal y pidió ayuda al H. Emmanuel Lapointe. Consultaron el hospital local, que recomendó llevarle de urgencias al Trauma Centre en Harare. Cuando llegó allí sufrió un fuerte ataque cardíaco. Todo el equipo médico trabajó duro y logró salvarle la vida, pero el trauma le dejó secuelas. Fue hospitalizado y se recuperó, pero algunos músculos de su corazón ya no funcionaban. Tuvo que vivir con esta discapacidad, que desafortunadamente lo frenó mucho, durante el resto de su vida.

Después de terminar su cometido en Roma en 1993, pasó dos años en el Marist International Centre (MIC), como miembro del equipo y Vicerrector, para contribuir a la formación de esos jóvenes hermanos. El H. Eugene Kabanguka, que era el Rector en esa época, dice de él: «Debemos mucho a nuestro hermano Powell. Me prestó una gran ayuda en la administración del escolasticado, con mucho tacto y acompañándome con su oración. Y añade: «La gente pobre de Nairobi admiraba su atención y su paciencia en escucharlos, pese a que no conocía su idioma (el suajili), para tratar de ayudarles».

 

Jubilación: el debilitamiento apacible tras una vida muy ocupada

Este período de la vida de Powell comenzó en Zimbabue, el país en el que había invertido tantos esfuerzos. Al principio estuvo en Kutama, de 1996 a 1999. Era el Superior de la comunidad y ayudó a responder a las necesidades locales. Desde 1997 fue también Vicesuperior del Distrito. Ahí también encontró una manera de llegar a los pobres. Después, en el año 2000, fue trasladado a la Casa provincial, situada en la calle Bedford en Harare, donde prestaba numerosos servicios. Ahí residía el H. Jude Peterse, a la cabeza de la nueva Provincia de África austral. Cuando Powell iba al centro comercial del barrio para algún recado, su paso ya no era el del atleta de antaño.

Después de un discernimiento, tuvo que rendirse a la evidencia de que necesitaba un seguimiento médico, por lo que regresó a su país de origen. En Laval supo adaptarse a los límites de su fuerza física. Su antiguo compañero de batallas, el H. Richard Dunleavy, le hizo una visita junto con el H. Philip Ouellette, y comenta: «Fue maravilloso verlo en la carpintería restaurando muebles viejos para dárselos a los pobres». También se implicó en la encuadernación de libros y fue el maestro de un novicio.

Cuando el Pabellón de San José en Laval cerró en 2013, Powell acompañó a la comunidad que se mudó a Trois Violettes, una nueva residencia de ancianos que había abierto sus puertas en Saint-Jean-sur-Richelieu. Se dedicaba a la lectura, hacía religiosamente los crucigramas del periódico y paseaba alrededor de la casa. Fue hospitalizado después de algunas caídas en enero de 2019. Entonces se consideró prudente trasladarlo a Château-Richer, donde recibió la atención requerida por su condición. Sorprendentemente, dos de sus antiguos estudiantes de la década de 1960 quisieron ir a visitarlo. Hacia el final, a causa de sus problemas de corazón estaba postrado en cama, «esperando», como decía él. Cuando llegó su hora, el 30 de marzo de 2020, estaba listo para reunirse con Champagnat allí arriba.

Allan Robertson, uno de los antiguos alumnos de Powell, que había mantenido contacto con él hasta hace poco, resume bien los pensamientos de todos los que lo conocieron: «Su muerte debe ser una celebración de su vida, porque ha enriquecido significativamente la vida de numerosas personas».

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F. Jacques Langlois

 

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