4 de septiembre de 2007 BRASIL

Hermanos y laicos juntos

Al acercarse la celebración de la Asamblea me imagino que, quién más quién menos, se habrá creado sus expectativas o habrá realizado algunas reflexiones sobre la misma. Mi reflexión personal ha deambulado, con diversa intensidad, sobre varios temas que el acontecimiento suscita buscando destacar aquello que pudiera suscitar mayor interés desde el punto de vista informativo. Pero, por otro lado, me ha nacido el temor a irrumpir en un terreno en cultivo y pretender coger frutos que todavía no han madurado. No obstante puedo adelantar algunas apreciaciones personales sobre esta gran reunión mundial marista.

Una primera idea que ha acudido a mi mente es la de que todos los participantes en la Asamblea lo hacen en pie de igualdad. Es un dato muy positivo y muy interesante. El Consejo general ha decidido crear este espacio de encuentro internacional en el que todos, hermanos y laicos, laicos y hermanos, van a tener voz y voto en los temas que traten. Tal vez para muchos este dato sea un dato significativo a destacar en esta realización. Yo no dudo de que tenga gran importancia. No obstante esta circunstancia no pasa de reducirse a una pura legalidad de un modo de reglamentarse las relaciones y los trabajos que realizarán los participantes. En cambio, me parece más importante destacar que, el primer principio que ha movido la convocación de esta Asamblea es el hecho de que, laicos y hermanos, como miembros de la misma Iglesia, se sienten juntos, por primera vez a este nivel, a reflexionar sobre cómo responder a los retos que plantea la misión marista hoy.

La fidelidad al compromiso del bautismo es una responsabilidad fundamental de todo cristiano. Hermanos y laicos comparten la vocación cristiana. El bautismo y la confirmación han sido los gestos comunes que han concretado la opción por Jesucristo y su Iglesia para siempre. Afirmar que hermanos y lacios se reúnen en pie de igualdad pone de manifiesto la maduración de unos procesos de vida eclesial muy significativos. La adhesión a Jesucristo y la entrega a su Iglesia son los gestos sacramentales con los que se adquieren los derechos y las obligaciones fundamentales con las que los participantes en esta Asamblea ponen sus ideas y sus experiencias en común. Creo que esta sí que es una noticia importante que refleja la vitalidad del carisma marista en el mundo de hoy. Por eso la expectativa que se suscita en mí es eminentemente eclesial.

H. AMEstaún

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