5 de agosto de 2005 JAPóN

Hiroshima nos coloca ante inquietantes preguntas que tocan lo más profundo de nuestra conciencia

El próximo 6 de agosto se cumplirá el 60 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El Superior general de los Misioneros Claretianos, Josep María Abella, no estuvo allí ese día de 1945, pero ha pasado más de veinte años en Japón y conoce de primera mano las secuelas ocasionadas por el ataque, que provocó 140.000 muertes directas. He visitado varias veces la ciudad de Hiroshima. No se va simplemente allí por turismo. Ir a Hiroshima es peregrinar, es adentrarse en el misterio de la conciencia humana y sentirse estremecido ante la posibilidad de causar tanta muerte y dolor que el ser humano tiene en sus manos.

En una colaboración que publica el último número de la revista Vida Religiosa, editada por los Misioneros Claterianos en Madrid, Abella escribe que Hiroshima nos coloca ante inquietantes preguntas que tocan lo más profundo de nuestra conciencia. Añade también que conviene recordar los pasos oscuros de la historia de la humanidad para saber construir un futuro que responda a las verdaderas aspiraciones del ser humano, al proyecto de Dios.

Para Abella, que nació en Lérida en 1949 y fue elegido en el cargo en septiembre de 2003, Hiroshima es signo y llamada, y por eso debe encontrar una resonancia especial en quienes se han consagrado enteramente al Dios de la vida. Les exige sinceridad, lucidez y audacia para comprometerse a cambiar el rumbo de la historia cuando se la quiere hacer discurrir por senderos de muerte. Y eso ocurre, desgraciadamente, con frecuencia, comenta el superior general claretiano.

Abella concluye su reflexión indicando que Hiroshima ha sabido releer su historia y buscar cómo responder a ella. No lo ha hecho por el camino de la venganza sino sabiendo hacer de su experiencia una denuncia de la guerra y una invitación a trabajar por la paz. En este sentido, Hiroshima es un punto donde convergen muchas iniciativas de personas y grupos en favor de la paz y el desarme, y desde donde todos se sienten enviados a aportar algo para construir ese nuevo mundo en paz al que aspiramos. Hiroshima y lo que ella representa debería ser igualmente un punto de referencia para todas aquellas personas que sienten una verdadera pasión por la humanidad y por el Dios que la ama, también, apasionadamente.

Confer, Agencia Noticias de Vida Religiosa
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