3 de junio de 2021 CASA GENERAL

Mensaje del Superior general para la fiesta de Champagnat, el 6 de junio: “Con Marcelino, mirar más allá…”

Con motivo de la fiesta de San Marcelino Champagnat, el Superior general del Instituto invita a los Maristas de Champagnat a «mirar más allá”. El Hermano Ernesto Sánchez analiza la situación actual, subrayando las limitaciones impuestas por la pandemia, e invita a reflejarse en el ejemplo del fundador del Instituto, que “tuvo una mirada capaz de visualizar un horizonte mucho más allá de sus propios confines y limitaciones.”

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Con Marcelino, mirar más allá…

Mensaje del Hermano Superior general a los Maristas de Champagnat en el día de San Marcelino Champagnat

Roma, 6 de junio de 2021

Queridos Maristas de Champagnat:

Hace un año, reflexionábamos sobre la confianza, la audacia y la fraternidad de San Marcelino, como algunos de los elementos básicos que lo movieron a avanzar, para no quedarse paralizado por el miedo o para no permanecer cómodamente en su zona de confort en los momentos difíciles que le tocó vivir.

Miramos el contexto actual

Al cabo de un año continuamos viviendo una realidad de incertidumbre y de inestabilidad en el mundo.  La pandemia del Covid-19 ha causado grandes estragos en muchas partes del planeta. Aunque parece que se van controlando algunas situaciones, sabemos que también se han revelado otros tipos de problemáticas sociales, políticas y económicas que posiblemente ya existían y que, debido a la pandemia, han salido a flote o bien han brotado como realidades emergentes que necesitan de atención, apoyo y solución. 

Consideramos una bendición las acciones solidarias que de una u otra forma han surgido, como la entrega arriesgada de tantas personas al servicio de la salud o la generosidad de quienes se han acercado sin temor a los más necesitados y vulnerables.  Nos alegra saber que en muchas partes del Instituto se ha hecho evidente un rostro humano solidario.  También hemos experimentado la solidaridad interna a nivel de nuestras comunidades, nuestras obras apostólicas, Provincias y Distritos.  De una u otra forma hemos percibido más de cerca la familia global, a pesar de la distancia y de las limitaciones que hoy existen para viajar y encontrarnos. 

A la vez, se han hecho evidentes en el mundo muchas situaciones ante las cuales predomina una actitud de autoprotección y de conservación, olvidando fácilmente y dejando de lado a quienes más están sufriendo.  La situación relacional no ha sido siempre fácil tanto en las comunidades como en las familias, generándose en ocasiones, barreras o heridas psicológicas que podrían considerarse peor que el mismo virus.  Se han vivido situaciones de ansiedad y de gran dolor frente a los enfermos graves y las pérdidas de seres queridos.  Un buen número de personas ha perdido su trabajo y se van generando nuevas situaciones de pobreza.  Se hace más evidente el contraste entre países o estados con más posibilidades de recursos, frente a los que tienen más limitaciones en los campos de la salud y de la economía.

Marcelino miró más allá…

Reflexionando sobre estas situaciones, me viene a la mente Marcelino, como un hombre de visión.  Tuvo una mirada capaz de visualizar un horizonte mucho más allá de sus propios confines y limitaciones. Varios episodios de su vida nos muestran claramente que no se desanimó ante las dificultades. Podemos decir que incluso las dificultades en sí mismas fortalecieron su capacidad de resiliencia.  Presento algunos acontecimientos que me vienen en mente con relación a Champagnat y a su capacidad de ver más allá:

  • Marcelino intuía la idea de fundar una congregación de hermanos, algo que era inusual entonces y que sus mismos compañeros sacerdotes no entendían. Recordemos que, al día siguiente de su ordenación sacerdotal, se dirigió al Santuario de Nuestra Señora de Fourvière, junto con el P. Colin y los demás compañeros para iniciar la Sociedad de María.  Un día después, el 24 de julio de 1816, Marcelino vuelve al Santuario para consagrarse de nuevo a la Santísima Virgen y encomendarle el proyecto.
  • No fueron fáciles sus primeros pasos como coadjutor en la Parroquia de La Valla, extendida en su mayoría en profundos valles y escarpadas montañas.  Marcelino no dudaba en caminar grandes distancias para atender a los fieles, sobre todo a los enfermos.  Los contactos con la gente le mostraron las situaciones de ignorancia y pobreza que vivían, muchas de ellas consecuencia de la postrevolución. En particular le golpeaba la situación de los niños y jóvenes de su entorno, basta recordar el episodio del joven Montagne.
  • Su intuición fundacional crecía y, buscando mirar más allá, desde la humildad, confiaba constantemente a Dios su proyecto: “Le decía a menudo: «Aquí me tienes, Señor, para hacer tu santa voluntad» (Sal 39,9; Hb 10,9). Otras veces, por miedo a ser víctima de alguna ilusión, exclamaba: «Dios mío, si esta idea no procede de ti y no va a redundar en tu gloria y en la salvación de las almas, apártala de mí».” (Vida, p. 59). 
  • No se completaban aún 5 meses de su estancia en la Parroquia de La Valla, cuando daba inicio a nuestro Instituto el 2 de enero de 1817.  Marcelino ofrecía orientación y apoyo a los primeros hermanos.  Se dio cuenta de la importancia de pasar más tiempo con ellos y fue así como decidió ir a vivir con los hermanos.  El párroco trató de disuadirlo, pero no logró desanimarlo.  Sabía que ponerse al frente y compartir su suerte, hacerse uno más entre ellos, darles ejemplo y practicar cuanto les decía, era el mejor medio de ayudarles a apreciar mejor su vocación. (Cf. Vida, p. 77).
  • Unos años después, mirando más allá, se lanzó a construir una casa grande para acoger a los hermanos.  Lo hizo sin tener en su momento los medios económicos suficientes y, junto con los hermanos y los albañiles, se puso manos a la obra, logrando inaugurar en 1825 la hermosa casa de N.D. de l’Hermitage, lugar que ha beneficiado espiritualmente a tantas generaciones de maristas.  
  • Con relación a la misión, vio más allá, apostando por estilos educativos y métodos de enseñanza novedosos, aunque sabemos que no siempre contó con la comprensión de los demás.  Su corazón sin fronteras lo movió a enviar algunos de sus hermanos a Oceanía, conservando siempre el deseo de haber ido él mismo. Recordamos que repetía con frecuencia: todas las diócesis del mundo entran en nuestras miras.
  • Su visión fue novedosa al generar una educación centrada en el amor y en la presencia, más que en la corrección o el castigo. Inició el proyecto no sólo para los niños sin escuelas, sino que también atendió situaciones de periferia como a los huérfanos, a los sordomudos y otras más.  Imaginó comunidades de hermanos, con un fuerte acento en la vida fraterna, poniéndose al servicio de los niños y jóvenes, sobre todo los más vulnerables.

Junto con estos elementos que reflejan la visión de Champagnat, conocemos situaciones no fáciles de su vida, en las cuales él fue capaz de mirar más allá: los momentos de crisis de vocaciones; las frecuentes críticas de la gente, incluso de clérigos cercanos a él; las dificultades para saldar las deudas a las que se comprometía; algunas crisis dentro de la comunidad de hermanos; dificultades con relación a algunas escuelas; los momentos de su propia enfermedad y vulnerabilidad; la larga espera buscando conseguir la autorización del Instituto; momentos de crisis social, política, religiosa; etc. Frente a todo ello, Marcelino fue capaz de salir adelante, de cortar la roca y construir.  Su fe y su convencimiento profundo de que esta obra era obra de Dios, obra de María, le hicieron mantener siempre la esperanza.  Supo caminar junto a sus hermanos, desde la escucha, animándolos y también confrontándolos cuando era necesario.

Nuestra mirada hacia el futuro

Junto con la intuición fundacional de Champagnat que dio origen a nuestro Instituto, hemos contado a lo largo de nuestra historia con testimonios formidables de personas con visión que fueron capaces de enfrentar situaciones de crisis diversas, incluso de persecución, buscando mirar más allá.  En nuestros días, hermanos y laicos, deseamos continuar haciendo camino juntos y buscamos mantener vivo el sueño de Marcelino en las distintas realidades donde nos encontramos.  Estamos invitados a ser personas con visión de futuro. Es tiempo de desarrollar más la creatividad y ser capaces de innovación.

Dentro de pocos meses, se cumplirán cuatro años desde que recibimos las llamadas del XXII Capítulo general: caminar juntos como familia carismática global, ser faro de esperanza, rostro y manos de la misericordia de Dios, constructores de puentes, caminando con los niños y jóvenes de las periferias y respondiendo a las necesidades emergentes…  Estas son llamadas proféticas de gran actualidad para el momento que vivimos.

  • El faro de esperanza ilumina y permite mirar más allá.  A la vez, la luz que proyecta permite ser vista desde la lejanía y generar ilusión. Hemos sido invitados a formar hogares de luz tanto en nuestras comunidades como en nuestras obras apostólicas, de manera que la luz nos permita mirar a lo lejos y, a la vez, ser luz que atrae a los demás. No podemos quedarnos paralizados ante las situaciones de incertidumbre y complejidad que vivimos, sino que más bien estamos invitados a mirar y a lanzarnos más allá de nuestras propias seguridades. Es preciso mirar más allá de nuestras puertas y ventanas para ser capaces de descubrir las nuevas realidades de necesidad que están surgiendo y desarrollar más nuestra capacidad de entrega solidaria.  Esto es lo que continuamente hizo Marcelino a lo largo de su vida.
  • Mirar más allá de los límites y abismos para ser capaces de construir puentes. Puentes que favorecen una relación más humana y profunda con quienes convivimos diariamente y con quienes servimos en la misión; que acortan los abismos y fronteras en la dimensión intercultural e internacional; que permiten comunicación y apoyo solidario promoviendo el compartir de los bienes.  Puentes entre las diversas generaciones, que acojan la niñez y juventud con sus valores y límites, así como acogida y respeto hacia las generaciones de mayores, cuya sabiduría y experiencia es fuente de riqueza y fortalecimiento para todos.  Estamos llamados a vivir la profecía de la misericordia y la fraternidad, siendo rostro y manos de la misericordia divina
  • Frente a las nuevas periferias y situaciones emergentes, hemos de ser capaces de descubrirlas y de responder a ellas audazmente. Al mirar más allá, hemos de salir de nuestro confort y seguridad para hacernos más solidarios.  El papa Francisco, en la reciente Encíclica Fratelli Tutti, se refiere así al hablar del valor de la solidaridad:

“En estos momentos donde todo parece diluirse y perder consistencia, nos hace bien apelar a la solidez que surge de sabernos responsables de la fragilidad de los demás buscando un destino común. La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio es «en gran parte, cuidar la fragilidad.
Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo». En esta tarea cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas»” (n. 115).

¡Feliz celebración! 

Con Marcelino, animémonos a mirar más allá, y busquemos responder con la misma ilusión e intuición que él respondió en sus días. Contamos con la misma iluminación y fuerza que tuvo él. María, la Buena Madre, continúa inspirándonos y acompañándonos en este caminar. 

Este domingo, 6 de junio, celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en muchas partes del mundo (en algunas se celebra el jueves 3). Somos herederos del gran amor y devoción que Marcelino vivió por la Eucaristía. Inspirado por María, fue evidente la centralidad de Jesús en su vida.  Alrededor de esta Solemnidad, agradezcamos el don de nuestro Padre Fundador. ¡Feliz celebración del día Champagnat!

Fraternalmente,

H. Ernesto Sánchez Barba – Superior General

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