18 de julio de 2006 LíBANO

Mensaje en tiempos difíciles desde la Casa Marista de Faraya

Faraya es un hermoso lugar situado a unos 35 kilómetros al noreste de Beirut, capital del Líbano y a los pies del monte Misar. Situado a una altitud de 1250 metros sobre el nivel del mar nos ofrece unas preciosas vistas de sus montañas y de sus valles. Es una zona cristiana.

Este país se encuentra en estos momentos sumido en profunda tristeza. Porque tristeza y rabia contenida es lo que aflora en las personas de buena voluntad al ver que los esfuerzos que se realizan para legar a las jóvenes generaciones un futuro de paz, de prosperidad, de ilusión y de esperanza, se ven avocados, una vez más, al fracaso.

Preocupa el deterioro material del país, preocupan las destrucciones de infraestructuras, de vías de comunicación, de fuentes de recursos. Pero resulta abrumador el tener que ser testigo impotente de las nefastas consecuencias de unas decisiones políticas que son tomadas por líderes que persiguen intereses partidistas y sectarios. Poco puede hacer el pueblo en este ?desolador juego? de intereses y ansias de dominio nacional e internacional.

En este ambiente nacional de tristeza y rabia contenida, una experiencia nueva en el ámbito marista del Líbano se está llevando a cabo. Se trata de un detenido estudio, programado para 10 días de duración, de nuestro documento ?La Misión Educativa Marista?.

Este encuentro fue preparado con cariño e ilusión durante varios meses. Fue dialogado y aceptado por el Consejo provincial de la Provincia marista Mediterránea. El hermano Onorino Rota, uno de los miembros del equipo que habría de impartir el curso, ya había quedado bloqueado en Italia, al igual que el hermano Mario Meuti que se proponía participar en el mismo. Los hermanos Santiago Fernández y Teófilo Minga acababan de llegar al país.

Ni un solo profesor de los que forman el curso faltó a la cita. Incluso uno que, por razones de familia no vino el primer día, se acaba de incorporar hoy, tras el pequeño descanso del domingo. También acompañan el curso los hermanos Emilio Alastuey y José María Romero Velilla que desempeñan su misión en el Líbano.

Dadas las circunstancias especiales en que se realiza el curso, hemos recibido y seguimos recibiendo mientras se escriben estas líneas, cantidad de llamadas que se interesan por nosotros. Sabemos que estamos en vuestro recuerdo y en vuestras oraciones. Os lo agradecemos sinceramente.

Hermanos que os preocupáis por nosotros, y vosotros, hermanos Provinciales que nos seguís día a día, tened la seguridad de que nuestros ánimos no tienen motivo para el decaimiento. Estamos en zona segura, una zona en la que no existen estructuras que pudieran considerarse ?objetivos bélicos? cuyas proximidad podría acarrearnos algún desastre.

Estamos siguiendo el plan previsto con toda fidelidad. Estamos decididos a llevarlo a buen término hasta su conclusión el día 23 de julio. No es solo decisión del equipo que lo imparte, ni de los hermanos Georges Trad, delegado del hermano Provincial en el Líbano y del hermano José Remiro, inspirador y animador del encuentro, sino de todos y cada uno de los laicos y hermanos que participan en el mismo. Es la primera vez que los profesores de los colegios de Champville y Byblos se encontraban entre sí y algunos ni siquiera se conocían. Han creado un grupo de trabajo, de amistad, de intercambio de experiencias y vida que resulta sorprendente y envidiable. No vamos a renunciar a esta riqueza. No vamos a desperdiciar esta oportunidad de seguir ahondando en nuestro carisma, nuestra identidad y nuestra misión. Y lo estamos haciendo con alegría, en un ambiente de estudio y trabajo serios y de muy aceptable serenidad para las circunstancias que nos toca vivir. La oración está presente en el inicio de nuestros trabajos del día y con la santa misa clausuramos cada jornada. No existen miedos, ni sobresaltos. Nuestra confianza se mantiene en el Señor y la Buena Madre que nos conceden mantener bien alta nuestra moral. A ello contribuye también el saber que nuestros hermanos en Jbeil, Amchit y Champville se encuentran perfectamente y en zonas seguras.

Tampoco vamos a actuar imprudentemente en el caso en que las circunstancias empeorasen, pusieran en peligro nuestras vidas o nos aconsejaran suspender el curso. Pero la realidad no es ésta y con la ayuda de la Buena Madre llevaremos a buen fin el gozo que sentimos al dejarnos invadir por la riqueza de nuestros documentos maristas.

Hermanos, allá donde estéis y leáis este mensaje: recibid nuestro agradecimiento y no dramaticéis nuestra situación. Para nosotros, el único drama que percibimos lo están viviendo muchas personas inocentes de este país. En las manos del Señor las ponemos.

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