21 de agosto de 2007 ISLAS SALOMóN

Noticias de las Islas Salomón

Sharon Attard, joven marista, termina ahora su tercer año como educadora voluntaria en las Islas Salomón. Durante todo ese tiempo ha estado viviendo y trabajando en Vanga, no lejos de Gizo. Por tanto, cuando se produjeron los terremotos y el tsunami, esta joven se encontraba en el lugar de los hechos y fue testigo presencial de la tragedia. La casa donde vivía quedó arrasada y ella, al igual que los demás residentes, se salvó escapando a terrenos más elevados en cuanto comenzaron los temblores.

Aquí va una reflexión que Sharon escribió poco después de la devastación.

Por suerte para mí, sólo se vino abajo la cocina. La verdad es que apenas se mantenía en pie antes del terremoto. Cada vez que cerraba la puerta con un poco de fuerza, caían trozos de cemento de la pared, así que no fue una sorpresa que se hundiera finalmente.

No he vuelto a la escuela a ver cómo quedó, pero me han contado que las paredes de los talleres se desmoronaron, y también cayó parte de la casa de los maestros y de nuestro embarcadero.

En Gizo hay mucho sobresalto y movimiento, y yo no hago más que dar vueltas de acá para allá. Me vienen ganas de llorar hasta en los momentos menos oportunos. Estos últimos días he estado poniendo orden en la residencia episcopal y la oficina de la diócesis de Gizo. La gente anda yendo y viniendo a ver al obispo y las historias de muerte y supervivencia son numerosas.

He pasado la mañana limpiando el altar de cristales rotos y escombros. Ahora estoy haciendo una lista de las necesidades básicas de los campamentos. Hoy nos llega un cargamento y si disponemos de transporte podremos empezar a hacer el reparto. Techo, comida y agua son las primeras necesidades. Sin olvidar que, hay mucha gente que lleva puesta la misma ropa con la que escaparon de sus casas el día del terremoto.

La diarrea se está extendiendo entre los niños a causa de la insalubridad del agua y es previsible que aumente la malaria ya que disponemos de pocas mosquiteras. De todos modos, ahora recibiremos una partida de ellas.

La comida escasea ya que los comercios chinos también sufrieron daños. He dado ya muchas vueltas por la calle principal en busca de una tienda abierta. Todas dan hacia la costa y han quedado dañadas por el agua y los temblores. Menos mal que funciona la panadería.

La gente lo está pasando mal tras sufrir el terremoto y el tsunami, con la pérdida de vidas y de hogares. Veo a muchas personas desvalidas, y yo también me incluyo, que no saben qué dirección tomar.

Sigo viendo la destrucción en torno a mí y no puedo contener la emoción. Todavía llevo dentro el impacto del terremoto, y me asustan los pequeños temblores que se están produciendo todavía. Veo a la gente serena y yo también trato de calmarme. Pero no me resulta fácil.

Pasé los dos primeros días de la tragedia en las colinas, como todos, y quería ayudar a los demás, pero me veía perdida. Traté de colaborar en pequeñas tareas en el puesto de socorro, limpiando los instrumentos, sosteniendo las antorchas por la noche mientras trabajaban los médicos, o sencillamente conversando con los heridos. Tristemente, parecía que allí no había nadie que quisiera ponerse al frente de las cosas, así que me sentía desamparada.

Ahora voy a dormir a la residencia episcopal donde contamos con agua corriente desde el lunes pasado. Pero cualquier ruido me asusta. Anoche salté de la cama con el corazón acelerado porque me parecía oír de nuevo el estruendo de las aguas en la raya del mar. Al final resultó que era un camión que venía por el camino de cascajo. Pero yo estaba aterrorizada. Supongo que tengo el sistema nervioso muy alterado.

Desde luego pasará mucho tiempo antes de que la población pueda superar la experiencia vivida, pero tengo que decir que veo mucha serenidad alrededor, a pesar de los recientes acontecimientos.

Shaz
4 de junio de 2007

VOLVER

Sydney 2008...

SIGUIENTE

Primera reunión en Roma...