30 de abril de 2007 FILIPINAS

Nuestra misión hoy

Del 1 al 8 de abril se reunieron 43 hermanos en la casa de retiro de los jesuitas de Malaybalay City. Nuestro primer encuentro fue durante la liturgia del Domingo de Ramos a las 6 de la tarde, tras del cual nos fuimos a cenar. Luego, al anochecer, nos congregamos en asamblea en la sala de conferencias para acordar el programa del retiro. Se aprovechó igualmente ese momento para presentar al director de los ejercicios.

El P. Edgar Javier es miembro de la Sociedad del Verbo Divino (SVD). En calidad de misionólogo enseña en el Instituto de Vida Consagrada de Quezon City. Es uno de los conferenciantes habituales en el programa de Misión Ad Gentes de Davao City y también imparte lecciones en el MAPAC.

Por medio de historias divertidas vividas en su larga experiencia de misionero en el Pacífico, el P. Edgard nos acompañó en la reflexión sobre el tema Diálogo: nuestra misión hoy. Su conocimiento de las religiones del mundo nos sirvió de gran apoyo a la hora de situar la fe cristiana en una perspectiva más iluminadora.

Las liturgias fueron preparadas por comunidades, para lo cual ya se había pasado aviso con un mes de antelación. Esto abarcaba la oración matinal, el momento mariano y la misa vespertina, añadiéndose luego la celebración de la Última Cena, el lavatorio de los pies, la adoración al Santísimo, el Vía-Crucis, la liturgia del Viernes Santo y la veneración de la Cruz, el rito de reconciliación y la Vigilia Pascual que marcó el cenit de nuestro encuentro.

Tuvimos la última sesión con Edgard el sábado de soledad por la mañana. Por la tarde nos reunimos en asamblea para tratar asuntos interesantes como el informe económico, últimas noticias del Consejo provincial y una exposición del H. Crispin sobre la legislación en el terreno de los niños. A continuación hubo espacio libre para que los hermanos hicieran preguntas o pidieran clarificación sobre temas varios.

El H Manny programó sus entrevistas con los hermanos a lo largo de estos días de retiro, sobre todo con vistas a confeccionar las listas de destinos de la siguiente temporada. Nunca falta alguna sorpresa final en ese terreno.

El colofón festivo del encuentro fue la cena que siguió a la Vigilia pascual. Los excelentes manjares y su acompañamiento dieron lugar a una confraternización que se prolongó durante una larga sobremesa entre bromas, alegría, derroche de buen humor y canciones.

No sé si había huevos de Pascua escondidos por alguna parte, pero ninguno quiso perderse el buen ambiente que teníamos para ir a buscarlos. Como todo tiene su fin, el domingo de Resurrección después del desayuno comenzó la dispersión. Es una pena que muchos ya no nos veamos hasta dentro de un año. Pero la vida debe continuar, hermanos.

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