6 de febrero de 2006 ESTADOS UNIDOS

Nuestra Señora está presente en cada rostro y en cada gesto de amabilidad

Cada año viajan a Lourdes peregrinos de todo el mundo, para tener oportunidad de bañarse en las aguas curativas que están cerca de la gruta donde se apareció la Virgen hace casi 150 años.
Quince personas de la Escuela Superior Arzobispo Molloy de Briarwood NY, se ofrecieron como voluntarios para acudir a Lourdes durante diez días. No iban en busca de curación o de algún milagro para ellos, aunque la experiencia los transformó. Iban a servir a los enfermos, dejando que Cristo manifestase su amor a través de ellos.

Participaron en ese viaje de fe once jóvenes: Jessica Pastore, Ashley Colletti, Jacqueline Dunham, Martha Ksepka, John Luniewski, Jeremy Llave, Scott Kuhner, Alyson Lee, Trisha Killian, Jamie Spataro y Lauren Calder. Todos ellos han seguido las actividades del Programa de Servicio del centro, que ofrece diversas opciones a los estudiantes. Ésta era la primera acción fuera de los Estados Unidos.

Al frente del grupo iba el Hno. Patrick Hogan, marista, consejero orientador del centro. Estaba apoyado por Denise Lee, madre de Alyson, y Chris Dougherty, también orientador. El Padre Robert Hogan, jesuita, misionero de Filipinas, hacía de capellán.
El viaje se organizó a través del Programa Norteamericano de Voluntarios de Lourdes. El grupo de Molly se alojó en la Residencia del Ave María, que está junto al río Gave.
Los peregrinos se bañaron en las aguas milagrosas y asistieron a la bendición de los enfermos. Por las tardes rezaban el rosario y participaban en la procesión de las velas.

Su trabajo consistía en lavar los platos, hacer las camas, controlar y dirigir a las multitudes que solían ser miles, atender a los enfermos que iban en silla de ruedas, ayudando personalmente a hombres, mujeres y niños a entrar y salir de las Piscinas, como llaman a los estanques de las aguas.
?Cuando servía a los enfermos en el comedor, o les ayudaba en el baño, o rezábamos el rosario juntos o cantábamos en diferentes lenguas, sentía que la Bienaventurada Madre está presente en cada rostro y en cada gesto de amabilidad?, dice Denise Lee. ?Hay personas que acuden a Lourdes para tener la oportunidad de curarse de algún mal físico o emocional en las aguas. Para otros, se trata de una conversión de fe. Sea la razón que sea, uno no puede evitar sentirse llevado por el aura de Lourdes y elevado espiritualmente.?

Me gustó ver aquella diversidad de peregrinos. Jóvenes, adultos, ancianos, negros, blancos, cobrizos, franceses, italianos, americanos, australianos, enfermos, sanos, inválidos, llorando, rezando, silenciosos, jugando, humildes, sacando fotos, mirando los relojes, cansados, hambrientos, euforizados, tranquilos, confusos, molestos, mudos? -añade Ashley Colletti.
?Todos estábamos en diferente lugar físicamente, mentalmente, espiritualmente, pero por algún motivo todos respondíamos a la llamada de Lourdes. Estoy verdaderamente conmovida por la fe de tanta gente… En las Piscinas, por ejemplo, muchos de los peregrinos no saben en qué va a parar aquello, pero confían en los que estamos allí para ayudarlos. Se quitan sus batas delante de nosotros, quedándose con sólo una camisola azul y una sábana blanca transparente. Se echan en nuestros brazos y soportan el agua helada porque confían en que Nuestra Señora les bendecirá por su fe y les aliviará de sus dolencias. Por eso yo beso el suelo antes de cada turno de piscina, y no me preocupo en absoluto de si voy a coger alguna enfermedad. Creo que Ella me protegerá y que Dios me dará lo que necesito para sostener la vida que Él me da. Yo le pido que todos los días derrame su Espíritu en mi corazón para que a través de mí se cumpla su voluntad, y se haga visible su luz y amor?.

?Mi viaje a Lourdes fue una experiencia sumamente gratificante – dice Alyson Lee. Nunca había acudido a un viaje de carácter religioso y no tenía idea de lo que allí había. Anteriormente no había tenido un contacto especial con la figura de nuestra Madre María, y después de esto mi visión sobre la oración ha dado un vuelco, a mejor. He aprendido que siempre que ofreces una ayuda, hay algo que cambia. Al ayudar a los demás me he ayudado a mí misma, haciéndome más humilde y apreciando mejor los dones de que yo disfruto.?

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