14 de junio de 2006 MéXICO

Pentecostés misionero

En la Provincia México Central se está haciendo cada vez más común el que los jóvenes de preparatoria de entre 15 y 18 años, y algunos de la Universidad, dediquen la semana santa a compartir la fe y la vida en pequeñas poblaciones a las que van de misiones.
Este año para celebrar que Dios nos da su Espíritu que está entre los pobres y que ellos nos evangelizan, nos reunimos en una velada juvenil a la que llamamos Pentecostés Misionero. Nuestro objetivo fue celebrar la venida del Espíritu Santo, compartir los frutos de nuestra Misión de semana santa y convivir con otros misioneros.?

La jornada duró 24 horas y en todo ese tiempo tuvimos la oportunidad de convivir con un centenar de misioneros de varios colegios, jugar, reflexionar, orar y buscar cuál será su voluntad de Dios para cada uno de nosotros en la propia vida.

El Colegio México Bachillerato, nuestro anfitrión, nos ofreció como parte de la reflexión la ópera rock de Jesucristo Superestrella, presentada por los mismos alumnos, que nos recordó la pasión, muerte y resurrección de Cristo y nos puso a tono con el tema de la jornada.

Por la tarde se presentaron mensajes del evangelio a través de danza contemporánea y algunas danzas litúrgicas. Además tuvimos un rally muy interesante llamado A la conquista de los siete dones en donde la actividad estaba relacionada con el don buscado.

Una parte importante de nuestra jornada fue la Eucaristía, en la cual todos los asistentes, divididos en siete equipos, -los siete dones del Espíritu-, preparamos nuestra participación en la celebración, de tal manera que hicimos una danza de entrada, con incienso; una dinámica del perdón en la que todos nos atábamos a una cuerda para semejar nuestro pecado personal y social y luego el sacerdote presidente el P. Enrique, nos rociaba con agua bendita y nos desataba; se hizo una danza para entronizar la Biblia, y se dramatizó el evangelio. Para las peticiones se realizó un ritual indígena Maya, La bendición de los cuatro rincones del mundo, para pedir por todos los pueblos del mundo. Hubo presentación de las ofrendas que fueron símbolos de nuestras misiones y luego una danza de paz muy emotiva.

Hubo un tiempo muy enriquecedor en el que cada grupo de misioneros pudo compartir los frutos de su misión, lo que aprendieron, los valores que vieron en la gente, lo que les ayudó a madurar en su propia persona, y sobre todo la vivencia de fe del pueblo sencillo y pobre que confía plenamente en Dios.

Nos queda un dulce sabor de boca, al descubrir que Dios ha estado presente en nuestras misiones y al evaluarlas descubrimos que ha hecho grandes maravillas y estamos alegres.

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