28 de abril de 2006 FRANCIA

San Pedro Chanel

Infancia y juventud
Pedro María Chanel nació en una familia humilde y numerosa en la aldea de la Potière, cerca de la ciudad de Cuet, Francia, el 12 de julio de 1803. Dicha familia estaba formada por los padres y sus ocho hijos.
Desde ni√Īo colaboraba en los peque√Īos trabajos de la casa, una granja familiar, alimentando a las gallinas con cebada y avena y como sencillo pastorcito cuidando a sus tres vacas, cuatro corderos y dos cabras. Iba siempre acompa√Īado de su fiel perro, un s√≥lido bast√≥n en la mano y el bolso con su frugal comida del mediod√≠a.

Siendo adolescente comenzó a estudiar el latín para prepararse bien y llegar un día a ser sacerdote hacia donde se sentía atraído. Ya desde joven edificaba a todos con su piedad y modestia.

Tras cinco a√Īos en el seminario menor y tres en el seminario mayor, fue ordenado sacerdote el 15 de julio de 1827. Pronto se uni√≥ a un grupo de sacerdotes amigos quienes se hab√≠an consagrado a la Virgen Nuestra Se√Īora de Fourvi√®re, en Lyon, y m√°s tarde formaron la Sociedad de Maria? llamada tambi√©n de los Padres Maristas.

Estos, recibieron la aprobación de la Sociedad por parte de la Santa Sede, y con el previo acuerdo del P. Colin, Superior General, aceptaron el encargo de ser misioneros en Oceanía.

Para cumplir con esta recomendación del Papa, el 24 de diciembre de 1836 partió desde Francia el primer grupo marista compuesto por Mons. Pompallier, consagrado obispo, y nombrado vicario apostólico de Oceanía occidental, con cuatro sacerdotes y tres hermanos, como valientes aventureros del Evangelio hacia su destino al que llegaron después de 11 meses de travesía. Mons. Pompallier era el jefe de la misión y al finalizar el itinerario se distribuyeron por Nueva Zelanda y otras islas del Pacífico.

Entre ellos estaba el Padre Chanel quien con el hermano marista Marie Nizier fueron destinados a la isla de Futuna para trabajar en ella tratando de evangelizar y convertir a los nativos al cristianismo, misi√≥n que les llevar√≠a casi 4 a√Īos.

No obstante lo breve de esta narración, conviene detallar los preparativos y el viaje azaroso y sacrificado de esos primeros misioneros maristas rumbo a la Polinesia, sector occidental de Oceanía.

La aventura marista

La aprobación de la Sociedad de María, largamente esperada y obtenida a pesar de las dificultades y después de numerosas gestiones, suscitó un entusiasmo fácil de entender. Los preparativos relacionados con el envío de los misioneros, constituyó una preocupación importante para los responsables de la Sociedad; era necesario, lo antes posible, responder a la confianza de las autoridades romanas.

Fue primordial elegir y designar el grupo de Sacerdotes y de hermanos misioneros, prever el mobiliario, los recursos financieros indispensables y reunir el material necesario… sin contar los m√ļltiples tr√°mites que hubo que realizar con las autoridades civiles.

Este primer grupo estaba formado por Mons. Pompallier, como ya hemos dicho, los Padres Chanel, Bataillon, Servant y Bret y los hermanos Marie Nizier, Miguel y José Javier.

En el Hermitage, el P. Champagnat manifestaba mucha alegr√≠a y al mismo tiempo cierta pena por no poder √©l mismo partir hacia Ocean√≠a. Pero tenia la satisfacci√≥n de haber preparado a dos de sus hijos espirituales para tan lejana misi√≥n como eran los hermanos Marie Nizier y Miguel. Ser√≠an acompa√Īados por el hermano Jos√© Javier Luzy que proced√≠a de Belley donde estaba al servido de los Padres maristas. Durante un tiempo este hermano estuvo prepar√°ndose tambi√©n en el Hermitage para completar la tan delicada y responsable delegaci√≥n misionera.

Misionero de alma

El Padre Chanel llegó a Lyon el 5 de octubre de 1836 con el fin de organizar la partida del grupo misionero elegido.

Desde aqu√≠ realiz√° una visita al Hermitage y habl√≥ a todos los hermanos durante el retiro espiritual. Luego parti√≥ a Lyon con los dos j√≥venes maristas que le acompa√Īaban: el hermano Marie Nizier y el hermano Miguel, aloj√°ndose en la residencia religiosa Providencia del Camino nuevo?.

Después de despedirse de la Virgen, Ntra. Sra. de Fourvière, los misioneros salieron hacia París en una diligencia?, vehículo especial que se usaba por entonces para los viajes largos. Pero ellos viajaron en la segunda clase. En París se encontraron con el grupo de Mons. Pompallier que había llegado unos días antes. Todos se alojaron en el seminario de Misiones extranjeras?, beneficiándose de su generosa hospitalidad.

De París viajaron a El Havre, puerto desde donde embarcarían. Allí debieron permanecer casi dos meses.

El Padre Chanel escribió en su diario: El 27 de octubre llegamos a El Havre, nos alojamos en casa de la Sra. Dodard en Ingouville. Quedamos cómodamente instalados, con calefacción y bien alimentados sin que tuviéramos que pagar ni un centavo?. Afuera, llovía y nevaba.

Esta se√Īora, escribe el hermano Marie Nizier, es muy buena y se considera honrada de recibir a los misioneros. Hace 16 a√Īos que los recibe.?

La Sra. Dodard, octogenaria, cay√≥ enferma mientras los Maristas se encontraban alojados en su casa y la asistieron en su √ļltima enfermedad. Mons. Pompallier le administr√≥ los √ļltimos sacramentos y muri√≥ algunos d√≠as despu√©s de la partida de los misioneros.

El embarque estaba previsto para el15 de noviembre, pero se retras√≥ porque no hab√≠an llegado a√ļn todas las mercader√≠as y el tiempo tampoco era favorable.

Por fin, el 24 de diciembre, víspera de Navidad, pudieron embarcar en el navío llamado Delphine.
No era muy grande, pero estaba bien arreglado, limpio y bonito?.

¬ŅC√≥mo nos imaginamos dicho barco? ¬ŅCon qu√© comodidades contar√≠a para un viaje tan largo? Verdaderamente nuestros misioneros, debieron ser valientes y decididos. S√≥lo la gloria de Dios y la salvaci√≥n de las almas los alentaban. ¬°Unos h√©roes!

EI comienzo del viaje tuvo varias peripecias al pretender salir del muelle. La embarcaci√≥n no se mov√≠a… Tal vez alguna aver√≠a en el nav√≠o en el momento de zarpar?…
Lo sabr√≠an d√≠as despu√©s. Partieron con nerviosismo y preocupaci√≥n, y ya en alta mar, aparecieron muy pronto los mareos; el miedo a chocar con un barco peligrosamente cercano, las maniobras que debieron realizar, el tumulto causado por el viento, los gritos y las √≥rdenes dadas, hicieron creer al P. Chanel que un pasajero hab√≠a ca√≠do al mar y s√ļbitamente subi√≥ al puente para darle la absoluci√≥n.

Pronto supieron lo ocurrido al desamarrar: los soportes del timón se habían roto. Tenían una sola solución: navegar lentamente para llegar a un puerto y allí efectuar la reparación. Se dirigieron a la isla de Tenerife y el 8 de enero entraron a la rada de Santa Cruz.

Escala forzada

La reparación del timón fue larga; 50 días para poner la pieza en buenas condiciones y en aceptable funcionamiento.

A su vez los efectos de la navegaci√≥n tambi√©n se hicieron sentir… el P. Servant y el hermano Jos√© Javier se encontraban seriamente enfermos y el P. Chanel, con disenter√≠a. Por estos motivos debieron permanecer en tierra un mes y medio y alquilar una habitaci√≥n en la ciudad esperando la recuperaci√≥n f√≠sica y el arreglo de la embarcaci√≥n.

De Santa Cruz de Tenerife a Valparaíso

El 28 de febrero de 1837 el navío partió rumbo al mar. Los dos enfermos todavía convalecientes se fueron restableciendo progresivamente. Pero el P. Bret compatriota y amigo del P. Chanel, contrajo una seria enfermedad, y murió un mes más tarde en medio del océano.

En esta larga traves√≠a, sin escalas, a trav√©s del Atl√°ntico, sirvi√≥ para que el P. Chanel pudiera ejercer de alg√ļn modo su apostolado entre los marineros y otros pasajeros. Las charlas con los Hermanos, y la preparaci√≥n a la comuni√≥n pascual, fueron la obra de todo el equipo misionero.

Tanto tiempo de navegación hizo que los viajeros llegaran a tener una resistencia notable para soportar los embates, las tormentas y los fuertes sacudones del barco especialmente aI pasar por el Cabo de Hornos sin sufrir el mareo característico del mar.

Mucha alegría experimentaron todos, cuando el28 de junio de 1837 entraron en el puerto de Valparaíso (Chile), exactamente 4 meses después de la salida de Santa Cruz de Tenerife.

Los Padres del Sagrado Coraz√≥n, Congregaci6n religiosa misionera y tambi√©n compa√Īeros de viaje, llegaron a su destino. Los Maristas se alojaron en la casa que los nombrados religiosos ya pose√≠an en Valpara√≠so.

EI barco Delphine no seguiría más su navegaci6n. Quedaría allí como puerto final. Por lo tanto había que descargar todo el equipaje, los efectos personales y las cajas con el material destinado a la misi6n y depositarias en un lugar seguro hasta la salida para Oceanía.

Los Padres antes aludidos, ofrecieron su hospitalidad a los misioneros maristas durante todo el tiempo que fue necesario para preparar la √ļltima etapa de su viaje: recibir informaciones de otros misioneros, de viajeros, comerciantes, etc., conocedores de aquella regi√≥n del mundo y encontrar el barco que pudiera llevar a los misioneros a bordo, luego de haber contratado el lugar preciso donde deb√≠an desembarcar.

Hacia la Polinesia…

Despu√©s de recibir diferentes informes de otros viajeros llegados de Ocean√≠a, la incertidumbre reinaba en el grupo sobre la direcci√≥n que deb√≠an tomar. No encontrando ning√ļn nav√≠o que fuera a Nueva Zelanda, se embarcaron en el buque Europa hacia Tahit√≠.

Salieron de Valparaíso el 10 de agosto de 1837 y después de un mes de navegación, tocaron las islas Gambier para buscar provisiones e informarse sobre el posible lugar donde establecer la futura misión.

Fueron muy bien recibidos por el Vicario apostólico, los misioneros y los nuevos cristianos de aquellas islas ya evangelizadas desde hacia un tiempo.

Llegados a Tahit√≠, debieron dejar el barco y decidir c√≥mo seguir el viaje. A bordo de una goleta?, embarcaci√≥n fina y peque√Īa, continuaron su complicada traves√≠a con el continuo peligro de chocar contra las rocas muy numerosas en ese lugar, las lluvias torrenciales y la oscuridad reinante durante la noche, que vinieron a complicar una situaci√≥n por dem√°s preocupante.

Pasaron por el archipiélago de Tonga y no pudieron quedarse allí porque el rey no se lo permitió. Por ello siguieron a la isla de Wallis y allí sí, quedaron el P. Bataillon y el hermano Juan Javier Luzy para fundar la primera misión marista en tierras de Oceania.

D√≠as m√°s tarde llegaron a la isla Futuna donde quedaron el P. Chanel y como colaborador el hermano Marie Nizier, despu√©s de haber obtenido el permiso de uno de los reyes de la isla llamado Niuliki. La recepci√≥n de los habitantes de Futuna fue favorable y algunos pocos se alegraron con la llegada de los misioneros. Primero fue curiosidad, rodearon despu√©s la embarcaci√≥n, subieron a ella y luego los acompa√Īaron sin ninguna hostilidad.

La autorizaci√≥n para establecerse en la isla fue acordada despu√©s de un larga discusi√≥n con Mons. Pompallier, ya que el primer ministro, Maligi, influenciado por algunos habitantes de Wallis, contrarios a la religi√≥n, se opon√≠a fuertemente. Fue necesaria y convincente la intervenci√≥n de un pariente del rey apreciado por su bravura y autoridad: Dejemos a los blancos habitar en la isla, les dijo, e/los nos pueden traer riquezas?. Despu√©s de esto lleg√≥ la calma y los misioneros fueron invitados a cenar con el rey y su familia esa noche. Monse√Īor obsequi√≥ al rey serie de regalos quien los recibi√≥ con agrado y los hizo repartir entre su gente.

Al día siguiente, 12 de noviembre de 1837, fue el fijado para desembarcar con su pobre equipaje y algunas cajas con míseras provisiones y elementos para la misión.

Ese mismo d√≠a sobrevino la separaci√≥n: Mons. Pompallier, el P. Servant y el hermano Miguel se embarcaron para Nueva Zelanda. El P. Chanel qued√≥ definitivamente en la isla Futuna y ya no los volver√≠a a ver m√°s. Su compa√Īero inseparable ser√° el hermano Marie Nizier. Los dos tendr√°n como campo de misi√≥n las islas de Futuna y de Alofi.

Primero debieron construirse una casa para vivir o algo que se le pareciera; más bien una choza con hojas de cocoteros entrelazadas y algunos troncos de árboles. Fue todo tan precario que a los dos meses no sabían cómo resguardarse de la lluvia y proteger sus pobres pertenencias.

Aparte, el P. Chanel experimentó muy pronto la necesidad de una alimentación más abundante y sana para poder soportar el clima, los trabajos agotadores y carecer del mínimo descanso aun durante las noches.

Desde el 8 de noviembre día de su llegada no se había podido celebrar ninguna misa en la isla. Por la especial devoción que tenía el P. Chanel hacia la Santísima Virgen, ésta, sin duda, le inspiró la idea de elegir el 8 de diciembre fiesta de la Inmaculada Concepción para celebrar la primera misa en Futuna.

Comenzaron muy pronto sus contactos con la gente para aprender su idioma y costumbres y ense√Īar a los naturales a trabajar la tierra, plantar √°rboles ya criar algunos animalitos dom√©sticos. Tambi√©n poco a poco les fue evangelizando a fin de convertidos al cristianismo a medida que se encontraban preparados.

EI rey Niuliki Ies apoy√≥ desde los comienzos. M√°s tarde, por influencias extra√Īas, se puso en su contra. Si bien en un principio hubo notables conversiones, luego comenzaron las dificultades de toda √≠ndole para el P. Chanel y el hermano Marie Nizier. Aparecieron los rechazos ?a los blancos y a su nueva religi√≥n por parte de algunos naturales. Pero sin desanimarse, nuestro santo misionero √ļnico ap√≥stol de Futuna, se empe√Ī√≥ cada vez con m√°s energ√≠a en su predicaci√≥n y por ello se agudiz√≥ la lucha. Recorri√≥ la isla en todas direcciones y sin descanso, afrontando todo, constantemente, con amable paciencia y valor.

Martirio del Padre Pedro Chanel

.Más de una vez, vio en peligro su cabeza, pues lo perseguían sus enemigos declarados. Y esto ocurrió de verdad el 28 de abril de 1841. De las amenazas pasaron a los hechos.

Un jefe nativo que se opon√≠a ferozmente a su trabajo misionero, se present√≥ una ma√Īana con varios c√≥mplices en la casa del P. Chanel para darle muerte. Uno de los hombres con un hacha le asest√≥ dos golpes en al cabeza: la sangre comenz√≥ a brotarle abundantemente. Otro le golpe√≥ varias veces con un grueso bast√≥n; y el jefe que rondaba en torno de la casa como una bestia feroz en torno a su presa, salt√≥ por una ventana de la habitaci√≥n y lanz√°ndose con su machete sobre el P. Chanel se lo clav√≥ en la cabeza. As√≠ muri√≥ el hombre de gran coraz√≥n como le llamaron los hombres de Futuna. No obstante, el cristianismo sigui√≥ propag√°ndose en la isla con otros misioneros.

Su martirio fue reconocido por la Iglesia declar√°ndole santo, pues en 1954 se realiz√≥ la Canonizaci√≥n de San Pedro Chanel en Roma, y se dispuso celebrar su fiesta cada a√Īo el d√≠a 28 de abril.

Lo que llama la atenci√≥n, ahora, es constatar en qu√© grado San Pedro Chanel se ha convertido en algo muy familiar para los habitantes de Futuna. Es uno de ellos. La Sociedad de Mar√≠a, que mand√≥ transportar a Lyon los restos de San Pedro Chanel en 1842, los devolvi√≥ a los isle√Īos de Futuna en 1977, a petici√≥n de √©stos. Sus restos, como preciosas reliquias descansan hoy en el lugar de su martirio, dentro de una gran bas√≠lica construida en 1986.

?La figura de San Pedro Chaneles de grandísima actualidad para todas las comunidades cristianas, por ser la de un misionero, la de un mártir y la de un sacerdote animado de espíritu mariano (Mensaje de Juan Pablo II).

Hno. Manuel Herrero, F.M.S.

Fuentes: Elaboración y síntesis inspirada en las siguientes obras:
Fr√®re Marie Nizier del hermano Jos√© Ronzon, fms: Le sillon misionnaire?, Peri√≥dico trimestral, No 251, a√Īo 1991 y otras publicaciones maristas.

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