27 de mayo de 2005 VATICANO

Sentirse orgullosos para ser más dignos

29 de mayo de 1955; han transcurrido 50 años del histórico acontecimiento de la Beatificación. Una fecha significativa, aunque haya sido superada, en cierto sentido, por el inolvidable 18 de abril de 1999, cuando Juan Pablo II declaró a Marcelino santo para toda la Iglesia católica.
Nos gusta hojear el álbum de familia (el Boletín del Instituto, tomo XXI) para recordar algunos de los sentimientos que tenían los Hermanos que vivieron ese inolvidable acontecimiento.
?La beatificación no es una condecoración que se concede a una persona de modo similar a como acostumbran hacer los gobiernos de este mundo. La Iglesia se coloca en una perspectiva diversa de la del mundo. La beatificación es un mensaje, una llamada y una invitación. Y si nos sentimos orgullosos es únicamente para ser más dignos de nuestro Padre Fundador. Tampoco celebramos una beatificación para hacer trabajar a los fabricantes de estatuas o a quienes confeccionan los objetos sagrados. Una beatificación tiene sobre todo una finalidad moral: quiere hacernos la propuesta de un modelo que imitar. Tal cosa es todavía mayor verdad para la familia religiosa que ha nacido de ese Beato. Hemos nacido del corazón del Beato Champagnat, por eso tenemos que asemejarnos a él y esforzarnos por ser lo más parecidos posibles al modelo.
Un Fundador en los altares implica religiosos entusiastas, dinámicos y en óptima forma. La Providencia nos ha concedido una tal gracia para animarnos. Ciertamente no para que nos durmamos en los laureles. Sería una verdadera lástima que nos replegásemos sobre nosotros mismos para celebrar y gustar tal gracia, viviéndola en nuestro pequeño recinto comunitario.
Que surjan de nuestro corazón, con fuerza y convicción, numerosos Magníficat para dar gracias a Dios. Pero, sobre todo, pidámosle vivir, en las actividades que desarrollamos normalmente, ese Magníficat cotidiano que consiste en hacer todo lo posible para pertenecer completamente a Jesús y caminar hacia él haciéndonos acompañar por María, como nos ha enseñado el Padre Champagnat?.

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