7 de julio de 2008 MADAGASCAR

Testimonio del hermano Tiana, marista de Madagascar

Mi primera aventura entre los Bara, llamada ?santatra? o ?comienzo?, empezó en 1966, con jóvenes de las clases superiores del colegio San Pedro Chanel de Ihosy.
A petición del padre Giovanni Colombi y después de habérnoslo pensado, fuimos a Bevaho, pueblo de la meseta de Horombe, para pasar una semana. Fue un periodo muy duro ya que nadie se interesaba por nosotros, exceptuando a los niños que querían aprender algunos cantos.

Nos mirábamos de lejos. Los campesinos se mostraban muy desconfiados y se hacían preguntas sobre los ?inquilinos? de su pueblo. Creo que el padre Colombi pensaba que los Bara aceptarían todo lo que él decía, pero a pesar de su presentación y sus esfuerzos, sucedió lo contrario.

Después de una semana pasada bajo la lluvia y el frío, y con las pulgas que no nos dejaban dormir, decidimos marcharnos, pero surgió una lucecita de esperanza. Los campesinos nos ofrecieron entonces una cabaña pequeña y nos invitaron a quedarnos un poquito más. Y a partir de ese momento empezaron a preguntarnos porqué vivíamos en la cabaña, con el frío que hacía. Fue entonces cuando empezó el diálogo.

Nos dijeron: ?El padre Colombi nos invita a rezar, pero eso no nos interesa; es un asunto de blancos, no lo necesitamos para nada. Lo que queremos es que nuestros hijos puedan ir a la escuela; después, ya veremos?. A partir de este momento empieza para mí un periodo de espera y de acercamiento a la gente, para empezar a conocernos: presencia continua, estar con ellos, escuchando lo que sucede; ver si hay signos espirituales en sus costumbres

Cuánta paciencia?

Aprendí muchas cosas sobre esta virtud. Los Bara me zarandearon, me hicieron vivir, me hicieron dudar y también me pusieron a prueba? para que aprendiera a tener paciencia. Me siento feliz por ello; ahora sé que Dios es la fuente de toda paciencia, ya que Él se muestra paciente con nuestro ritmo de vida, con nuestro modo de obrar, y, sobre todo, no se cansa de esperarnos.

A partir de esta constatación, intenté tomármelo con calma para mirar, escuchar, recibir, participar? Lo que me ayudó más fue compartir la vida con ellos: comida, alegría, sufrimiento, ritmo de las estaciones y diversas prácticas tradicionales. De hecho, creen en la naturaleza como don de Dios. También creen en los ?razana? (antepasados cercanos a Dios), que conocen perfectamente lo que sucede a sus hijos y nietos, y que pueden interceder por los vivos.

La paciencia lleva implícita la noción de tiempo. No hay que tener prisa, nunca, sobre todo en el dialogo, en la oración, en la intercesión, donde cada cual expresa lo que hay en el fondo de sí mismo, tanto si se trata de peticiones al Dios Creador, como de agradecimiento o de expresar el gemido del sufrimiento personal.
Hay que aceptar permanecer a la escucha de todo lo que viven: enfermedad, muerte, animales enfermos, alegría de tener un hijo, alegría de ganar dinero. Este tiempo de compartir me ayuda a decir en el fondo de mí mismo mi pequeñez delante de todo lo que sucede; doy gracias a Dios por el tiempo pasado con ellos.

Estar con la gente

¡Qué gozo compartirlo todo con ellos! Una palabra clave par mí es siempre ?estar ahí? tanto en los momentos de alegría como en los de sufrimiento, de la misma manera que Dios está siempre presente, incluso cuando no lo sentimos. Varias veces, frente al sufrimiento, estuve tentado de rebelarme y preguntar a Dios si estaba allí: fallecimiento de un niño, mujeres que mueren dando a luz, enfermedades, calamidades naturales. Frente a estas cosas, debo ser fuerte, pero a veces me vengo abajo; es la vida. Este ?estar con la gente? me ayudó mucho, luego, a comprender y hacer un paralelo con JESÚS, fuente de toda vida, a partir de sus prácticas religiosas, como los sacrificios, por ejemplo.

De hecho, mi acercamiento a esa gente fue gradual, empezando por el amor hacia ellos. A partir de ahí, me enseñaron a ser paciente como Jesús, Creo que ellos también tienen mucha paciencia conmigo y aceptan que asista y participe en los acontecimientos de su vida, como las comidas que son fuente y símbolo de unidad y de una sola vida.

Este amor me empuja a morir a lo que soy y a lo que siento, así como a mis prejuicios, para renacer y crecer con ellos. Hacer estas diversas experiencias y estar con ellos ha hecho realmente posible que les revelara la existencia de Jesucristo, esta persona formidable.

Pero todo ello sólo resultó posible unos años más tarde, ya que hizo falta crear la confianza mutua.

Entre dudas y acción de gracias

Antes que nada, doy gracias a Dios por todo lo que he podido vivir hasta el momento, sabiendo que ha habido alegrías y sufrimientos, pero puedo afirmar que todo es gracia. Si hay algo seguro para mí, es que Dios me llama a través de los Bara.

Llamado por Dios

¿Qué hago yo de esta llamada? ¿Cómo soy fiel a ella? La respuesta a esas preguntas es a menudo un reto; me pide que vaya hasta el fondo de mí mismo, de mi conciencia de hombre. Volver hasta el fondo de si mismo es, muchas veces, difícil; molesta hacerlo? Pero me parece que, ahora, debo enfrentarme con la realidad. Sé que ver no basta, debo comprender cómo reacciono (acción). Y esta acción me empuja, o mejor me zarandea, en varias direcciones, y eso no me deja tranquilo; en una palabra, mi conciencia no está en paz. Y cuando la propia conciencia no está en paz, hay que tomar los medios para que la paz, que es un don de Dios, esté en uno mismo.

? entre los Bara

Ya llevo varios años en Ihosy, y he podido vivir muchas cosas. Puedo decir que he avanzado en varios campos: humano, espiritual y también intelectual. Pero surgen preguntas: ¿Por dónde avanzo? ¿No estaré buscando la gloria personal? ¿Busco realmente la voluntad de Dios? Y podría añadir otras, sabiendo que es difícil encontrar respuesta a todas esas preguntas. Pero una cosa es cierta: todo ello es un don que he recibido de Dios. ¿Qué hago yo de esos dones? Siento que Él continúa llamándome a través de esas realidades: los Bara, las aldeas de la meseta de Horombe, y muchas cosa más.

Mision dificil

¡A veces experimento la tentación de abandonarlo todo! Pero si tomara esta decisión, ya no tendría la conciencia tranquila, no viviría de acuerdo con mi fe en Cristo, que intento meditar cada día. Entonces estoy convencido -a pesar de los sufrimientos y pruebas que estoy viviendo- de que debo decir SI a las llamadas de ese pueblo excluido, por más limitaciones que yo tenga.

Creo que es Dios quien encuentra la solución, no yo, que no soy mas que uno de sus instrumentos. Sí, los Bara me han ayudado a avanzar, me han interpelado siempre con su presencia y su palabra; pero sobre todo con su vida cotidiana sacuden mi ?tranquilidad?; les estoy profundamente agradecido. Creo firmemente que bajar los brazos o abandonarles y marcharse a otra parte par no ver más las realidades, no arreglaría nada. Sería una cobardía y miedo a afrontar los verdaderos retos; equivaldría a no atreverse a vivir la propia fe con esperanza.

?Estoy molestando?

Siento que estoy molestando a muchas personas a través de mis contactos y de la vida que comparto con los Bara. Y muchas veces, cuando se molesta, uno se pregunta a sí mismo por qué. La respuesta no debe salir de mí sino de la persona que se siente molesta. Pero también sé que si molesto, es a causa de mis actos; sé que es a causa de los Bara, esos nómadas altivos que no son como todo el mundo y que molestan, esos pobres a quienes me acerco cada día.

Soy consciente de que me estoy arriesgando, ya que formo a la gente para que conozca sus derechos; denuncio la injusticia practicada por los gendarmes que se aprovechan de su poder para sacar cuanto más dinero, mejor. El año pasado unos gendarmes atracaron cobardemente los pueblos y se aprovecharon de la gente; intervine enérgicamente ante las autoridades. Después de una investigación, esos gendarmes reconocieron los hechos y vinieron a verme para pedirme perdón y negociar posibles reparaciones. Desde entonces los gendarmes no volvieron a pasar por los pueblos. Pero uno de ellos me avisó: ?ten cuidado cuando vayas a las montañas?? Todo eso me inquieta, pero continúo con serenidad y tomo precauciones. Sé que no tengo vocación de mártir, pero si es la voluntad de Dios, la acepto, no tengo miedo. Son hechos, pero creo que esos hechos son fruto de una larga paciencia y también son obra de Dios, que nos llama sin cesar a todos, a los Bara y a nosotros.

Deo gratias

Al compartir el camino que he podido hacer con los Bara, doy gracias a Dios de todo corazón por todo lo que hemos podido vivir juntos y lo que queda todavía por vivir, aunque algunos intenten ponerme trabas. Pero estoy convencido de que si esta misión ha durado hasta el día de hoy, es porque es voluntad del Señor. Continuar con esta misión es vital. Permanecer en ese medio es un reto y también una llamada que Dios nos hace a vivir con esa gente para mejorar su situación, educar y formar a sus hijos. Estoy muy agradecido también con algunos de mis hermanos y amigos que me ayudan y alientan a continuar. Agradecido especialmente con mis hermanos y hermanas Bara que han recorrido un largo camino y que nos interpelan con su sentido de la acogida, del compartir y sobre todo con su paciencia. Me han enseñado a ser paciente en todo lo que hago, en todo lo que vivo. Sólo dos palabras: Deo gratias!

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Hermano Tiana, conocido como Moha

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