12 de abril de 2005 VATICANO

Totus tuus ego sum

Naturalmente, al referirme a los orígenes de mi vocación sacerdotal, no puedo olvidar la trayectoria mariana. La veneración a la Madre de Dios en su forma tradicional me viene de la familia y de la parroquia de Wadowice… Había sobre la colina un monasterio carmelita… y esto tenía su reflejo en la difundida devoción al escapulario de la Virgen del Carmen… Cuando me encontraba en Cracovia, entré en el grupo del Rosario vivo, en la parroquia salesiana. Allí se veneraba de modo especial a María Auxiliadora… Estaba ya convencido de que Maria nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre… Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis María Grignion de Montfort… Efectivamente, María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo. Esto explica el origen del Totus Tuus. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice: Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, Maria. (Don y Misterio)

Velad porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor, estas palabras me recuerdan la última llamada, que vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrenal me prepare a este momento. No sé cuando llegará, pero como todo, también deposito este momento en las manos de la Madre de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a todos aquello con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación. En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi nación y a toda la humanidad. A todos doy las gracias. A todos pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad. (Testamento espiritual)

Como maristas, no podemos olvidar ciertamente las palabras que nos dirigió en la Plaza de San Pedro en aquel inolvidable 18 abril de 1999: ?Me alegra acogeros a vosotros, peregrinos que habéis venido para la canonización de Marcelino Champagnat… Que la Virgen María sea para todos nosotros nuestro Recurso Ordinario, como solía decir con confianza el Padre Champagnat. Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús. Que nuestra espiritualidad mariana se inspire en ese lema del nuevo santo.

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