23 de mayo de 2005 AUSTRALIA

Tras los pasos de Marcelino

El día 2 abril de 2005, un grupo de veinticinco peregrinos se embarcó en el primero de sus innumerables vuelos para comenzar la Peregrinación Champagnat 2005, la tercera peregrinación bienal organizada para los directores de colegio, personal y amigos de la Provincia marista de Melbourne. Acompañaban al grupo cuatro Hermanos Maristas y los cuatro recién nombrados directores de los colegios maristas de la Provincia.
Después de una breve parada en Singapur y Londres, los peregrinos aterrizaron en París y tomaron el TGV hasta Lyon y luego, el autobús al Hermitage. Allí, los Hermanos Gabriel Michel y Alain Delorme compartieron con el grupo su gran y apasionado amor por Marcelino Champagnat. Cinco días después, los peregrinos viajaron a París para seguir los pasos de Marcelino, al igual que tuvo que hacer el Fundador para obtener la autorización para su recién creada organización y, al mismo tiempo, para imbuirse de la rica espiritualidad mariana de los alrededores.
El día 11 abril, lunes, vio a los peregrinos de camino a Roma en ese especial momento de la historia en el que los cardenales se reunían para elegir al nuevo Papa. Los Hermanos Sean Sammon (Superior General) y Jude Pieterse (ex Provincial de la Provincia de África Austral) hablaron largo y tendido con el grupo sobre las líneas de futuro para la Congregación y las recientes experiencias del África marista.
Cada Peregrinación Champagnat trata de vivir las riquezas de un país en vías de desarrollo; son experiencias que sumergen a los peregrinos, aunque sea de forma breve, en las vidas de los pobres. Esta vez, el grupo viajó a Belo Horizonte y a Río de Janeiro en Brasil y a Santiago de Chile. Allí abundaron de nuevo la hospitalidad y el calor maristas, y los peregrinos fueron testigos de la yuxtaposición que existe entre las grandes favelas y las barriadas y zonas residenciales de lujo; visitaron también centros y escuelas maristas llenas de vida que están orientadas específicamente a los más pobres.
Cuando el grupo de cansados peregrinos volaba a Melbourne el día 23 abril, estaba claro que esta experiencia había enriquecido enormemente sus vidas, habían experimentado la extraordinaria hospitalidad marista y les había proporcionado un afecto más profundo por todo lo marista.

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