5 de mayo de 2006 ARGELIA

Un testimonio auténtico de amor a Cristo

Todo en él parece que tiende a la limpieza de corazón y la sencillez.
Nace el 15 de julio de 1930 en los Pirineos Orientales, Francia. A los 12 años comienza su itinerario hacia la vida marista. A los 22 años pronuncia los votos perpetuos como hermanito de María. De 1958 al 1966 ejerce como vice-maestro de novicios.

Llega en Argelia el 6 de agosto de 1969. En este país su vida conoce tres etapas:
* De 1969 a 1976, como director de la escuela Saint Bonaventure, en Argel.
* De 1976 a 1988, como profesor de matemáticas en Sour-El-Gouzlane.
* A partir de 1988 trabaja en Argel, como responsable de la biblioteca diocesana, frecuentada por más de mil jóvenes del barrio popular de la Casbah.
Muere asesinado en su oficina, el 8 de mayo de 1994, al comenzar la tarde, junto a la hermana Paul-Hélène de las Pequeñas Hermanas de la Asunción.

En su funeral, el jueves 12 de mayo, en la fiesta de la Ascensión, el Cardenal Duval declara: Nuestro querido hermano Henri Vergès ha sido un testimonio auténtico de amor a Cristo, de abnegación total por la Iglesia y de fidelidad al pueblo de Argelia.

Henri resume así su experiencia vivida en la casa del Islam: Es mi compromiso marista que me ha permitido, a pesar de mis límites, insertarme con armonía en el ambiente musulmán, y mi vida en este ambiente, a su vez, me ha permitido realizarme profundamente como cristiano y como marista. ¡Alabado sea Dios!

En 1986, escribe:
Dejar que la Paz de Cristo me invada cada vez más en lo más íntimo de mi ser. Paciencia, dulzura para conmigo mismo; paciencia y dulzura para con todos. En particular con los jóvenes que el Señor me confía. Virgen María, haz de mi un instrumento de paz para el mundo.
Paciencia, perseverancia calmada y tranquila. Como el sembrador que confía su grano de trigo a la tierra y lo abandona al tiempo de Dios para que se cumpla su obra. Actitud esencial para un educador más aun cuando desconozco el ritmo de desarrollo de cada uno de estos jóvenes. Dios, simplemente me ha enviado a sembrar el grano en este campo elegido por Él: sembrar, pues, en paz y dejar a Él el cuidado del crecimiento. Sin extrañarnos de la presencia de la cruz, como en la vida del mismo Jesús.

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