8 de febrero de 2020 BRASIL

Vivir en una comunidad mixta e internacional, cuya misión es acoger a peregrinos maristas de los cinco continentes

Heloisa Afonso de Almeida Sousa, de la Provincia Brasil Centro-Norte, ha formado parte de la comunidad de Notre-Dame de l’Hermitage en Francia desde abril de 2016 hasta diciembre de 2019. Ahora, de regreso a su provincia, nos cuenta su experiencia.


En julio de 1993 estuve por primera vez en el Hermitage y los lugares Maristas. En aquella ocasión quedé maravillada con la grandeza y la simplicidad del trabajo de Marcelino Champagnat. En otras tres ocasiones, volví a la «Ruta Champagnat», pero con más conocimiento sobre el Patrimonio Espiritual Marista y experiencia en la formación de Hermanos y laicos en mi Provincia, en las otras dos Provincias de Brasil y en América Latina.

Desde 1997 hasta 2001 – como Coordinadora de Pastoral de la antigua Provincia de Río de Janeiro, fui corresponsable de CEFORMAR, un curso de formación marista para laicos y laicas con la participación de Hermanos, en el que también estuvieron presentes maristas de las provincias de México Central y América Central. Por un período de un mes, 9 grupos que se reunieron en Belo Horizonte, en un internado, con un programa interactivo, reflexivo, orante, lúdico y fraterno. Una gran experiencia de formación conjunta y vida compartida.

En los últimos 14 años, trabajé como responsable de la dirección del Centro de Estudios Maristas, una institución dedicada al Patrimonio Marista, lo que me permitió colaborar como facilitadora en encuentros y cursos de formación marista y formar parte de las Comisiones del Patrimonio en UMBRASIL y en mi Provincia Brasil Centro-Norte.

En el 2012 fui nombrado por el Superior General como miembro de la Comisión Internacional del Patrimonio del Instituto Marista. Fui la primera laica que participó en el trabajo de la Comisión, lo que significó un tiempo de aprendizaje, de intenso trabajo en la producción de los Cuadernos Maristas y de los volúmenes de la Historia del Instituto, publicados recientemente. Durante dos mandatos, pude contribuir directamente al mantenimiento de la riqueza patrimonial y espiritual marista en todo el Instituto.

La invitación para participar, como voluntaria, en la renovada Comunidad de l’Hermitage significó para mí ¡una agradable sorpresa en mi vida! En abril de 2016, tras dos años de reflexión, entrevistas, conversaciones con los Hermanos y mi familia, llegué a Saint-Chamond, a la Casa de Marcelino y de la Buena Madre, la casa de todos los maristas, laicas, laicos y hermanos. El contrato fue firmado hasta diciembre de 2017, y luego fue renovado hasta diciembre de 2019.

Ahora, de regreso a mi país, le agradezco a Dios por la experiencia inolvidable que viví en la «Maison d’accueil Notre-Dame de l’Hermitage», en una comunidad mixta e internacional, en una misión que acoge a peregrinos maristas de los cinco continentes. Agradezco también el recibimiento y acogida de los Hermanos Provinciales del Hermitage, el H. Maurice Berquet y el H. Pere Ferré, e igualmente, la aprobación de los Superiores Generales: el H. Emili Turú y el H. Ernesto Sánchez.

Vivir con “compañeros maravillosos” en Comunidad significa compartir cada día las propias riquezas y pobrezas y aquellas de las personas con quienes vivimos. Tuve la oportunidad de compartirla vida, los trabajos, los momentos de oración y ocio con personas de seis países diferentes. Momentos agradables de organización de vida comunitaria, acogida de peregrinos de diferentes países del mundo, planificación semanal de las actividades de la Casa. ¡Una experiencia muy concreta y viva de internacionalidad e interculturalidad!

¿Monotonía? ¡Jamás! Todo lo contrario, ¡vida dinámica, tanto en los eventos planeados como en los innumerables acontecimientos imprevistos y de acogida de grupos y personas! ¡Todo eso me hizo bien!

El tiempo que estuve allí, fui recibida por dos Hermanos superiores de la Comunidad, ¡que tenían una admirable riqueza humana y espiritual! Los Hermanos Xavi Barceló y Maurice Berquet fueron mis amigos, mis consejeros, mis «animadores» en la vida marista con todas las implicaciones que esto conlleva. Agradezco muy sinceramente el recibimiento, el apoyo fraternal, los paseos comunitarios, la firmeza y la delicadeza con la que dirigían y dirigen la Comunidad ¡La vida de cada Hermano, ha sido y es para mí, una presencia de Dios que me llama y me reta a crecer en la vida como persona, como una seguidora del Dios de la Vida! Doy gracias a Dios por el testimonio de la vida consagrada marista, por el sentido de fraternidad, de servicio gratuito, de amor a las personas: ¡todos «compañeros maravillosos»!

La misión de recibir a los peregrinos y acompañarlos en los lugares maristas es un momento lleno de intercambios de experiencias, donde se comparte la vida marista, se conoce los acontecimientos de todas las provincias. Me sorprendía la cantidad de exalumnos y exalumnas, maestros y familias que llegaban espontáneamente, para tener un momento de oración y retroalimentación de su vida junto con San Marcelino Champagnat.

El contacto con los voluntarios – hombres y mujeres que apoyan a la comunidad a través de un servicio semanal en la casa, ya sea para contestar el teléfono o dar mantenimiento a los jardines y el huerto -, fue una gran oportunidad para conocer los corazones de las personas que nos rodea, un contacto con la cultura y el corazón del pueblo francés. ¡he aprendido y compartido mucho con estas personas tan dedicadas y amorosas! Todos ellos marcaron mi vida profundamente.

La oportunidad de vivir con los Hermanos Maristas, laicas y laicos de la región, así como del mundo marista, ha reafirmado mi propósito de estar al servicio de la Misión Marista, sin importar dónde esté.

Laicos y laicas maristas que sienten en sus corazones el deseo de vivir una experiencia comunitaria al servicio del carisma marista y de crecimiento en la espiritualidad de San Marcelino Champagnat y de sus seguidores, en este terreno sagrado de historia del Instituto, no lo duden: ¡póngase en contacto con los hermanos! ¡Vivir en la comunidad de l’Hermitage es un regalo que nadie puede desestimar! ¡Es un regalo de Dios y de la Buena Madre que ilumina toda nuestra vida! Para mí fueron tres años y ocho meses de enriquecimiento espiritual, de alegrías, desafíos y dificultades, ¡pero de mucha vida! ¡Vale la pena arriesgarse!

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Heloisa Afonso de Almeida Sousa – Brasil Centro-Norte

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