11 de enero de 2021 SUDáN

H. Christian Mbam: 8 años en Sudán del Sur

El H. Christian Mban, de Nigeria, estuvo en Sudán del Sur desde enero de 2013 hasta el 11 de enero de 2020. Formó parte del Proyecto intercongregacional “Solidarity with South Sudan” (SSS). El primer año de su misión fue parte de la comunidad de Malakak y los otros 7 años formó parte de la comunidad de Riimenze. A continuación él comparte su experiencia con la familia marista.


¿Qué te motivó a unirte al proyecto Solidaridad con Sudán del Sur?

La necesidad de estar presentes en un país sumido durante mucho tiempo en la crisis, donde la miseria y la y la necesidad eran el sello distintivo del país, esto fue lo que me motivó a aceptar la misión cuando el Superior General, Emili Turú, sugirió esta opción a mi Provincial. Lo que me animó aún más fue el hecho de que la mayoría de la gente no quería a ir a Sudán del Sur debido a las consecuencias de la inseguridad general debido a la crisis.

Describe brevemente algunos momentos significativos de tu vida comunitaria intercongregacional.

Cuando me trasladaron de la comunidad de formación de maestros, de Malakal, a la parte norte de este país joven, a una comunidad agrícola de Riimenze, me pregunté qué había motivado mi traslado. ¿Era que no me necesitaban o no cumplía con los requisitos del lugar o la necesidad en el otro lugar era mayor? Sin embargo, acepté el traslado confiando en el juicio y la buena voluntad de la administración de Solidaridad. Solo pude descubrir la necesidad cuando me instalé en la nueva comunidad.

Empecé a trabajar dentro de un contexto donde reinaba la inseguridad – muchas personas que portaban armas y grupos que eran hostiles entre ellos – en los poblados y los bosques. Estos portadores de armas saqueaban las propiedades de los pobladores ya desfavorecidos, violaban a las mujeres, secuestraban a muchos niños y niñas de la escuela y finalmente obligaban a los pobladores de aldeas enteras a refugiarse en campamentos. Incluso los amenazaban con conducirlos hasta el pueblo más cercano, Yambio, para comprar comida para las personas desplazadas, porque los vándalos podían detener y robar, a su antojo y capricho, a cualquiera que llevara dinero u otros objetos de valor. El gobierno era incapaz de controlar la situación. De hecho, en un momento dado, el obispo nos ordenó salir por un tiempo de la zona.

¿Qué significó para ti compartir su vida y misión con miembros de la comunidad de diferentes culturas y congregaciones?

Agradezco a Dios, que tuve cierta preparación para la vida intercultural antes de unirme a estas comunidades. Había trabajado en Ghana con latinoamericanos, europeos y otros africanos de otras culturas. También había trabajado en Liberia con hermanos liberianos y europeos. En uno de los cursos que realicé, los participantes vivían en estrecho contacto entre ellos, hombres y mujeres, de diferentes congregaciones (incluso laicos) de los cinco continentes del mundo. Así que ya estaba preparado para cualquier shock inicial. Sin embargo, la vida allí tenía sus propios desafíos. Si bien mis experiencias anteriores habían sido en entornos comunitarios de formación, aquí estábamos llamados a desarrollar y dar forma a una nueva misión. Como cada persona humana es única, nunca puedes tener las mismas situaciones en ningún lado. En mis siete años de vida en la comunidad de Riimenze, he tenido que dar la bienvenida a varios miembros nuevos o despedirme de algunos. Cada vez tuvimos que hacer ajustes, espaciales o existenciales para acomodar a todos y dar a todos las mejores condiciones de vida y trabajo. Teníamos que se lo suficientemente abiertos para hablar y escucharnos unos a otros. Teníamos que ser fieles a nuestras reuniones comunitarias mensuales y compartir la fe semanalmente. También contamos con las visitas de los Coordinadores de la Comunidad Solidaria y las del Director Ejecutivo de Solidaridad.

¿Qué palabras clave representa mejor tu experiencia?

Describo mi experiencia como satisfactoria, apasionante, desafiante, agradable, misionera y valorado por la gente.

¿Cuál es el momento más significativo de tu experiencia en Sudán del Sur?

El escenario más conmovedor fue el día en que la parroquia me organizó una despedida. Los jóvenes se habían organizado en grupos y habían realizado sus artes escénicas. Incluso incluyeron la recaudación de fondos como parte de las actividades de la función. De pronto, vino también a mostrar su agradecimiento una mujer que imagino tendría noventa años o más, doblada dos veces, que vivía lejos en los bosques. Esta mujer había estado encerrada en su casa durante más de cinco años. No podía creer lo que veía. Tuve que «sacar fuerzas» para resistirme y no compartir mi gran emoción. Esa es la expresión del grado de gratitud de la gente por aquello que representamos para ellos en el pueblo de Riimenze y en otros lugares.

¿Cuál ha sido aprendizaje más importante?

La “fertilización cruzada” que es una característica de Solidaridad con Sudán del Sur es un gran enriquecimiento de los miembros y una mejora de las actividades de la organización. Cada miembro aporta algo de sí mismo, en cuanto a cualidades personales, carisma congregacional, herencia cultural y valores espirituales a la vida en comunidad y al apostolado. Este es un factor en las historias exitosas de Solidaridad con Sudán del Sur. Además, dan estabilidad y credibilidad a la organización. SSS disfruta de mucha confianza y respeto con la iglesia local. La interculturalidad, intercongregacionalidad e internacionalidad de SSS es un paradigma que el Papa Francisco recomienda como una nueva cara de la iglesia en nuestro tiempo.

¿Cómo te ayudó esta experiencia a crecer en tu vocación marista?

Al regresar a mi provincia natal, Nigeria, estoy muy convencido de que ya no soy la misma persona, aquella que era hace ocho años, cuando me uní a SSS. He llegado a apreciar más la sincera relación fraternal marista, que es el resultado de nuestro espíritu de familia. Creo que también mi forma de vida comunitaria, enriquecida por mi contacto con otros religiosos, debe adoptar un nuevo enfoque sin dejar de ser marista. Solidaridad no tenía Superiores de comunidad sino coordinadores. Si bien tienen el propósito de fomentar la unidad y armonía en la comunidad y las obras, los coordinadores no tienen la autoridad gobernante de un Superior. Esto brinda una nueva cara de liderazgo entre los religiosos.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos que experimentaste durante este tiempo?

El principal desafío que enfrenté durante mi misión en Sudán del Sur fue la barrera del idioma. El país ha pasado del patrón árabe al inglés. Los ancianos hablan árabe, que ya no se usa en el estado de Ecuatoria Occidental, mientras que los jóvenes debido a la falta de maestros comprometidos y como consecuencia del síndrome de deserción escolar, no hablan ni inglés ni árabe. Por lo tanto, a veces las comunicaciones se tienen que realizar a través de traductores.

Riimenze está formada por una población rural y agraria todavía aferrada a las tradiciones y culturales. Algunas de las culturas siguen siendo inaceptables para mí. Las prácticas relacionadas con la viudez me parecen opresivas. No pude integrar esta práctica con lo que conocía antes de venir a Sudán del Sur.

El segundo fue cómo revitalizar la práctica de la fe de la gente. La reevangelización debe continuar con la urgencia del evangelio probada por el tiempo. Esto dice mucho sobre la necesidad de más misioneros en Sudán del Sur.

¿Qué te gustaría decirles a quienes quisieran unirse a Solidaridad con Sudán del Sur?

Solidaridad con Sudán del Sur es una reunión de personas que deben entregarse abnegadamente. Un nuevo participante debe aceptar formar parte dentro de una organización que ya estaba allí antes de su llegada. El entorno de vida de los miembros de SSS requiere religiosos que hayan superado la crisis de identidad y estén preparados para asumir un nuevo nombre, a saber, la solidaridad con Sudán del Sur, sin dejar de ser miembro de la propia familia religiosa. Una persona debe ser lo suficientemente madura para vivir y trabajar con una supervisión muy reducida, y en la práctica ser responsable ante sí misma de su vida espiritual. Solidaridad fomenta la innovación de la propia pastoral siempre que esté sujeta a la aprobación de los líderes.

Para concluir, quiero felicitar a la Provincia de Nigeria y a la Administración General en Roma por su constante interés en la misión. Las dos entidades administrativas se han comprometido a apoyar con personal y contribuciones financieras para la vida y obra de la iniciativa. Puedo asegurar que sus esfuerzos no han sido en vano y Dios ciertamente no será menos generoso. A mis cohermanos, sobre todo de África, los animo a pensar en dedicar una parte de su vida a esta misión que encaja mucho con nuestra descripción «Misión a la Montaña».

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